En un escenario cargado de tensiones políticas, la senadora Aída Quilcué, quien integra la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda, utilizó un evento de campaña realizado en la Plaza de Bolívar de Bogotá para lanzar fuertes críticas contra sectores de la oposición. La congresista indígena centró su intervención en responder a los señalamientos que, según sus palabras, han sido emitidos por la senadora Paloma Valencia, representante del partido Centro Democrático, en relación con la situación de orden público que atraviesa el departamento del Cauca.
El detonante de este cruce de declaraciones fue el reciente y lamentable asesinato del líder indígena Luis Enrique Tunubalá, ocurrido el pasado 21 de mayo. Tunubalá era reconocido como uno de los dirigentes más influyentes del movimiento indígena caucano, y su muerte ha reabierto un debate profundo sobre la seguridad en una región históricamente golpeada por la presencia de grupos armados ilegales y la inestabilidad social.
Durante su discurso el viernes 22 de mayo, Quilcué fue enfática al expresar su rechazo absoluto a cualquier manifestación de violencia. La senadora manifestó su pesar por la pérdida del dirigente indígena, subrayando que en el contexto colombiano no existe muerte alguna que pueda considerarse justificable. Según la legisladora, ninguna lucha social o política debería desencadenarse a través de actos violentos, posicionándose así en una postura de condena frente al crimen.
No obstante, el tono de la intervención cambió cuando la senadora Quilcué decidió dirigir un mensaje directo a Paloma Valencia. La fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda acusó a la dirigente del Centro Democrático de instrumentalizar la tragedia del pueblo indígena para obtener beneficios políticos. Según Quilcué, Valencia ha aprovechado el asesinato de Tunubalá para lanzar acusaciones personales, afirmando que la senadora indígena habría apoyado la violencia en su región.
"Quiero mandarle un mensaje a Paloma Valencia, que ha aprovechado esta tragedia de nuestro pueblo para decir que Aída Quilcué ha apoyado esta violencia", sentenció la congresista ante la multitud congregada en la Plaza de Bolívar. Esta declaración puso de manifiesto la profunda polarización que persiste en el debate sobre la seguridad y la gobernabilidad en el suroccidente del país.
La respuesta de Quilcué no se limitó a la negación de los cargos. En un momento de alta intensidad discursiva, la senadora lanzó una contraofensiva verbal contra la trayectoria política de la oposición. Aseguró tajantemente que no es una "despojadora de tierras" ni alguien que haya excluido al pueblo. En un pasaje que fue recibido con aplausos por los asistentes al evento, Quilcué contrastó su perfil con el de aquellos que, a su juicio, han sumido al país en la miseria, la exclusión y el olvido.
La senadora fue aún más allá al calificar la gestión de sectores opuestos como responsables de un "odio estructural" que ha afectado a las comunidades más vulnerables de Colombia. Con estas palabras, Quilcué buscó desmarcarse de las acusaciones de Valencia, posicionándose como una defensora de los derechos indígenas y una opositora a las políticas que considera excluyentes.
El asesinato de Luis Enrique Tunubalá ha servido como catalizador para reavivar el debate nacional sobre la crisis de seguridad en el Cauca. La región continúa siendo una de las zonas más afectadas por la conflictividad armada, donde la protección de los líderes sociales y ambientales se ha vuelto una prioridad urgente. La muerte de un dirigente de la talla de Tunubalá no solo representa una pérdida para su comunidad, sino que evidencia la fragilidad de la seguridad en los territorios.
Ante este panorama, Aída Quilcué insistió en que la única vía viable para superar la crisis es la construcción de puentes a través del diálogo y la implementación de la paz en los territorios. La senadora se comprometió a ser "incansable" en la búsqueda de soluciones conjuntas con las comunidades para asegurar que la paz también se construya desde las regiones.
Para cerrar su intervención, la legisladora vinculó estas aspiraciones con el proyecto político que representa. Afirmó que el objetivo de su plataforma es superar las divisiones históricas que han fragmentado a la nación colombiana. Hizo un llamado explícito a enfrentar la violencia sin recurrir a estigmatizaciones, señalando que el "proyecto político del cambio" tiene como propósito fundamental la construcción de una Colombia diferente.





