La familia Kim, tras una década de planificación meticulosa iniciada por su difunto padre, logró una audaz deserción de Corea del Norte en mayo de 2023, enfrentando peligros extremos y pérdidas desgarradoras en su búsqueda de libertad. La historia, confirmada por funcionarios surcoreanos y relatada a CNN por Kim Il-hyeok, revela los riesgos y la determinación necesarios para escapar del régimen de Kim Jong Un.
El 6 de mayo de 2023, bajo el amparo de una tormenta primaveral de tres días que azotaba el mar Amarillo, Kim Il-hyeok y su hermano Kim Yi-hyeok, junto con siete miembros de su familia, incluyendo a los dos hijos de Yi-hyeok, de 4 y 6 años, y la esposa embarazada de Il-hyeok, de cinco meses, pusieron en marcha un plan concebido hace más de diez años. El plan, originado por el patriarca de la familia, buscaba la libertad en Corea del Sur, llevando consigo las cenizas del padre como un símbolo de su compromiso.
La deserción fue un acto de valentía extrema, considerando la omnipresente vigilancia y las severas consecuencias de ser descubierto. Las patrullas marítimas norcoreanas, descritas como centinelas implacables del régimen, patrullan constantemente el mar Amarillo, dedicadas a interceptar a los desertores. Los Kim tuvieron que evadir estas patrullas y cruzar la Línea Límite del Norte (NLL), una frontera marítima tensa y disputada entre las dos Coreas.
Para lograrlo, los hermanos Kim dedicaron años a prepararse. El padre, anticipando la necesidad de escapar, envió a su hijo menor a trabajar en la costa para aprender el oficio de la pesca y establecer relaciones con funcionarios locales, incluso recurriendo a sobornos para ganar su confianza. Durante cuatro a cinco años, el hermano menor perfeccionó sus habilidades y construyó una red de contactos que les permitiría simular actividades de pesca y buscar brechas en la vigilancia de las patrullas.
Kim Il-hyeok describió un proceso de simulacros exhaustivos, calculando la velocidad de respuesta de las patrullas en diferentes condiciones climáticas y horarios. Descubrieron que las patrullas eran más rápidas durante el día y más lentas por la noche, especialmente en días de mal tiempo o con advertencias marítimas. Utilizaron esta información para planificar su escape, aprovechando la tormenta como cobertura.
A lo largo de los años, los Kim fueron interrogados en varias ocasiones por las autoridades norcoreanas. Siempre contaron la misma historia: habían sobornado a los guardias para poder pescar cerca de la NLL, argumentando que la pesca era abundante en esa zona. Los guardias, aparentemente convencidos por sus coartadas, corroboraron sus historias, permitiéndoles acercarse a la frontera marítima sin levantar sospechas.
A pesar de su relativa acomodación en Corea del Norte –poseían un televisor grande y un segundo, más pequeño, introducido de contrabando desde China– la familia anhelaba la libertad y las oportunidades que ofrecía Corea del Sur. Podían captar canales de televisión surcoreanos con una antena improvisada, vislumbrando un mundo de electricidad constante, comida abundante, libre circulación y agua caliente. Esta visión alimentó su deseo de escapar.
La muerte del padre antes de que el plan se concretara dejó a los hermanos Kim con una herencia que les proporcionó los recursos necesarios para llevarlo a cabo. Durante la pandemia, Kim Il-hyeok se dedicó al comercio de verduras y productos agrícolas, aprovechando la escasez y la desesperación para acumular ahorros.
En mayo de 2023, con la esposa de Il-hyeok en su segundo trimestre de embarazo, el tiempo se agotaba. La tormenta en el mar Amarillo les brindó la oportunidad que estaban esperando. Sobornaron a los vigilantes nocturnos, alegando que iban a pescar, y se prepararon para recoger a las mujeres de la familia en secreto a lo largo de la costa.
La tarea más peligrosa fue cruzar un campo minado para llegar al punto de encuentro. Las mujeres, incluyendo la esposa embarazada de Il-hyeok, su madre, su cuñada y la suegra de Yi-hyeok, memorizaron una ruta segura y la cruzaron con éxito.
Una vez que todas las mujeres y los niños estuvieron a bordo, los nueve miembros de la familia, junto con las cenizas del patriarca, se dirigieron hacia Corea del Sur. Navegaron lentamente, minimizando el ruido del motor para evitar ser detectados por el radar. Los dos niños permanecieron ocultos en sacos de arpillera, guardando silencio mientras se alejaban de Corea del Norte.
Después de unas dos horas, llegaron a territorio surcoreano y fueron interceptados por un buque de la Armada surcoreana. Al identificarse como desertores, fueron recibidos con alivio y seguridad.
Cuatro meses después, la pareja dio la bienvenida a su hija, Yeri. La familia se reunió un año después para celebrar el primer cumpleaños de Yeri en Seúl. Sin embargo, la alegría fue atenuada por la trágica muerte de Kim Yi-hyeok en un accidente de buceo con equipo dos meses después de la ceremonia.
Su muerte dejó a su familia devastada, pero Kim Il-hyeok se aferra a la esperanza y al legado de su hermano. Ahora se dedica a aprender el oficio de chef, a operar una carretilla elevadora y a compartir su historia con el mundo, con la esperanza de crear conciencia sobre la situación en Corea del Norte y honrar la memoria de su padre y su hermano. En marzo, dio la bienvenida a su segunda hija, Ye-eun, reafirmando su compromiso con el futuro y la libertad.
“Me considero uno de los afortunados”, dijo Kim Il-hyeok, un testimonio de la resiliencia del espíritu humano y la búsqueda incesante de la libertad.




