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Guerra Fría 2.0: Chile en la Mira de China y EE.UU.

El proyecto de construcción de un cable submarino chino de telecomunicaciones que uniría al país austral directamente con Hong Kong generó fuertes cruces.

Guerra Fría 2.0: Chile en la Mira de China y EE.UU.

La asunción de José Antonio Kast a la presidencia de Chile ha estado marcada por una abrupta ruptura de relaciones con su predecesor, Gabriel Boric, y la cancelación de reuniones entre ambos equipos. El detonante: un polémico proyecto de cable submarino de telecomunicaciones financiado por China que busca conectar Chile directamente con Hong Kong. Este incidente, lejos de ser un simple desacuerdo técnico, expone las crecientes tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China, y la incómoda posición en la que se encuentra Chile, atrapado entre dos potencias mundiales.

El proyecto, denominado “Chile-China Express”, no es nuevo. Fue propuesto inicialmente durante el gobierno de Sebastián Piñera y, sorprendentemente, recibió la luz verde a través de un decreto en la administración de Boric, firmado por su entonces ministro de Transportes, Juan Muñoz. El documento, al que tuvo acceso el diario “El Mercurio”, detallaba una concesión de al menos 30 años para la construcción de un cable de fibra óptica de más de 19.000 kilómetros, uniendo Concón, en la región de Valparaíso, con Hong Kong.

Sin embargo, apenas 48 horas después de la firma del decreto, Boric decidió frenar el proyecto, alegando “amenazas explícitas” por parte de Estados Unidos. Según el exmandatario, Washington revocó la visa al ministro Muñoz y a otros dos funcionarios públicos en represalia por la aprobación del cable. Kast, por su parte, criticó la “falta de transparencia” del gobierno saliente en torno al acuerdo.

Boric defendió su decisión argumentando que el tema era “tan sensible, tan delicado” que requería una conversación con el presidente electo, pero que no podía estar “subordinado a las amenazas de un determinado país”. La situación escaló rápidamente, culminando con la declaración del embajador de Estados Unidos en Chile, Brandon Judd, quien prácticamente sentenció el fin del proyecto. “El Gobierno todavía tiene que revisar los permisos, pero yo creo que ya está terminado”, afirmó Judd en una rueda de prensa improvisada en marzo.

La preocupación de Estados Unidos, según Judd, radica en la seguridad de la información. “Si Chile fuera el dueño del cable, podría ser. Pero hasta ahora los únicos que serían dueños serían empresas chinas”, explicó el embajador, argumentando que Chile no podría garantizar la confidencialidad de los datos transmitidos a través de la infraestructura propiedad de China. Judd también aseguró que la permanencia de Chile en el programa de exención de visa (visa waiver) no estaba en duda, aunque la sombra de la presión estadounidense era evidente.

Expertos señalan que la dinámica de construcción y operación de proyectos de esta envergadura es compleja, y que no siempre el constructor es el operador final. Sin embargo, el cable submarino chino parece haber quedado relegado a un segundo plano. El verdadero problema, advierten analistas, es lo que está por venir.

Gilberto Aranda, analista internacional, señala que Chile se encuentra en una posición incómoda, equilibrando su relación comercial con China, su principal socio comercial y comprador de cobre, con la búsqueda de alianzas con Estados Unidos, especialmente bajo la administración Trump, donde Kast comparte varios puntos de vista políticos. La construcción de un muro en la frontera norte con Perú y Bolivia, impulsada por Kast, es un ejemplo de esta convergencia ideológica.

“Tengo la impresión de que el proyecto Cable Submarino Chino ya ha sido dejado de lado, pero la pregunta es: ¿qué viene después?”, señala Aranda. La respuesta, según el analista, podría estar relacionada con los “minerales críticos” como el cobre y el litio, recursos estratégicos para las industrias de transición energética y electromovilidad.

En este contexto, la reciente declaración conjunta entre Chile y Estados Unidos sobre minerales críticos adquiere una relevancia especial. El documento establece que el “apoyo mutuo en el suministro de minerales críticos resulta fundamental para la seguridad nacional y las industrias comerciales de ambos países”, y compromete a ambas partes a realizar consultas técnicas en los próximos 15 días.

“Esto nos dice que lo que le interesa (a Estados Unidos) es la infraestructura crítica, pero en la última estrategia de seguridad nacional también se habla de la importancia de los mercados, además de la población, espacios estratégicos, entre otros”, explica Aranda. “Si pensamos en todo eso, el siguiente punto podría ser una demanda o exigencia en torno a lo que es el cobre o el litio, donde Chile no solo tiene exportaciones hacia China, sino que hay acuerdos para explotar el litio con otras potencias”.

La creciente demanda de minerales críticos no es el único factor en juego. Tras los devastadores incendios forestales en la región del Biobío, China también ha manifestado interés en las tierras quemadas, ricas en “tierras raras”, elementos químicos esenciales para la fabricación de tecnologías de vanguardia. Durante una visita a la comuna de Tomé, el embajador de China en Chile, Niu Qingbao, ofreció ayuda para la reconstrucción y propuso el establecimiento de un hermanamiento entre Tomé y una ciudad china, así como la promoción de la cooperación con empresas chinas.

Chile, actualmente, es el primer productor mundial de cobre y renio, y ocupa un lugar destacado en la producción de litio y molibdeno. Las expectativas de crecimiento son especialmente altas en el sector del litio, con estimaciones de un aumento del 25% en la demanda mundial para 2026.

“Chile tiene un modelo de crecimiento basado en la apertura exterior y el libre comercio. El tema Chile-China y Chile-Estados Unidos nos obliga, por parte de Estados Unidos, a ir tomando posiciones a un alineamiento mucho más cerrado y eso por supuesto que coloca a Chile en una posición incómoda”, explica el académico de la Universidad de Chile, Martin Reich. “Hay recetas para salir de eso. Yo creo en el multi alineamiento y que se supere ese binomio de potencias, pero está complejo”.

La afinidad entre el presidente Kast y el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, también es un factor a considerar. Landau expresó su “afinidad especial” con Kast, destacando su “integridad” y su “palabra”, y anticipó una “edad dorada” en las relaciones entre Estados Unidos y Chile.

Para Aranda, la situación es clara: “Definitivamente Estados Unidos está intentando recuperar el control territorial de mercados e infraestructura crítica en Latinoamérica”. La cancelación del cable submarino chino es solo el primer capítulo de una estrategia más amplia que busca asegurar el acceso a recursos estratégicos y consolidar la influencia estadounidense en la región. El futuro de las relaciones entre Chile, China y Estados Unidos, y el destino de los minerales críticos chilenos, están en juego.

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