Argentina formalizó su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS) este martes, un año después del anuncio inicial del presidente Javier Milei. La decisión, oficializada a través del Boletín Oficial, marca un punto de inflexión en la política sanitaria del país, buscando una mayor autonomía en la definición de estrategias y políticas de salud pública, sin la influencia, según el gobierno, de agendas ideológicas o decisiones carentes de sustento científico.
La denuncia formal de la participación argentina en la OMS se remonta al 17 de marzo de 2025, pero la relación con el organismo se disolvió efectivamente este martes, poniendo fin a una adhesión que comenzó en 1946 y se formalizó a nivel nacional en 1948 con la Ley N° 13.211. El gobierno nacional justificó la medida argumentando profundas diferencias con las políticas implementadas por la OMS durante la pandemia de COVID-19, acusándola de promover “cuarentenas eternas sin sustento científico” y de haber “fallado en su mayor prueba de fuego” en la gestión de la crisis sanitaria global.
Las críticas del Poder Ejecutivo se extienden a la supuesta “influencia política” que permea las decisiones de la OMS, la “inflexibilidad para cambiar su enfoque”, la falta de reconocimiento de errores y la tendencia a asumir competencias que exceden su mandato, afectando la soberanía de los países miembros. En su lugar, el gobierno propone una reevaluación del rol de los organismos supranacionales, cuestionando su eficacia y su capacidad para cumplir con los objetivos para los que fueron creados.
El ministro de Salud, Mario Lugones, defendió la decisión, enfatizando la prioridad de “priorizar la salud de los argentinos y la capacidad del país de definir sus propias políticas sanitarias”. Lugones retomó los cuestionamientos hacia la OMS, asegurando que durante años el organismo “avanzó con una agenda marcada por sesgos ideológicos, alejándose de la evidencia y promoviendo políticas que tuvieron consecuencias profundas”. En particular, señaló las cuarentenas prolongadas como un ejemplo de un enfoque que priorizó la política sobre la ciencia.
Ante las preocupaciones sobre el impacto financiero de la salida de la OMS, Lugones aseguró que Argentina no recibe financiamiento del organismo y que la medida no afectará la calidad del sistema sanitario. Subrayó que esta nueva vía permitirá implementar políticas propias y administrar los recursos de manera más eficiente, adaptándolos a la realidad del país. “Las decisiones en la Argentina las tomamos los argentinos”, concluyó el ministro.
Paralelamente a la ruptura con la OMS, Argentina ha reforzado su colaboración con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), buscando consolidar su posición como proveedor regional de insumos sanitarios y fortalecer su entramado científico y tecnológico. La colaboración con la OPS se centra en la compra conjunta de medicamentos de alto costo y en el acceso a vacunas para millones de habitantes de América Latina.
El Fondo Rotatorio de la OPS, con más de cuarenta años de funcionamiento, ha garantizado el acceso a vacunas a precios competitivos para más de 170 millones de personas en la región. La reciente extensión de este mecanismo incluye productos farmacéuticos de alto costo, como tratamientos oncológicos y medicamentos para enfermedades crónicas.
En una reciente reunión entre el director de la OPS, Jarbas Barbosa, y el ministro Lugones, se pactaron nuevos cupos de exportación, ampliando la cartera de compras conjuntas de vacunas a segmentos estratégicos de medicamentos. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) anunció una simplificación de los trámites regulatorios dentro del bloque regional, permitiendo que las autorizaciones sean automáticamente válidas para compras conjuntas en la región.
Barbosa anticipó un incremento significativo del volumen de exportación de Argentina, impulsado por la producción de vacunas PCV 20 y contra la influenza, fruto de acuerdos entre Sinergium y Seqirus. Se estima que las exportaciones superarán los USD 250 millones por año, generando empleos de alta calidad y fortaleciendo el desarrollo productivo del país.
La integración con la OPS, junto con la facilitación regulatoria y el aumento previsto de exportaciones, configuran un escenario en el que Argentina aspira a consolidar su papel como proveedor regional de insumos sanitarios y a fortalecer su capacidad científica y tecnológica. La decisión de abandonar la OMS, por lo tanto, se presenta como parte de una estrategia más amplia para redefinir el rol de Argentina en el escenario internacional de la salud, priorizando la autonomía, la soberanía y la colaboración regional.
Sin embargo, la medida no está exenta de críticas. Sectores de la comunidad científica y organizaciones de la sociedad civil han expresado su preocupación por el posible aislamiento del país y la pérdida de acceso a información y recursos valiosos que proporciona la OMS. Argumentan que la colaboración internacional es fundamental para enfrentar desafíos sanitarios globales, como la aparición de nuevas enfermedades y la resistencia a los antibióticos.
El futuro de la política sanitaria argentina, tras la ruptura con la OMS, dependerá de la capacidad del gobierno para implementar políticas efectivas, fortalecer el sistema de salud nacional y mantener una colaboración activa con otros organismos internacionales y países de la región. La apuesta por la autonomía y la soberanía sanitaria se enfrenta ahora al desafío de demostrar su viabilidad y sus beneficios para la salud de los argentinos.





