La erupción de un volcán de lodo en San Juan de Urabá, Antioquia, ha dejado a decenas de familias incomunicadas y a comunidades enteras en riesgo, más de 48 horas después del evento natural. La explosión, visible en gran parte del Urabá antioqueño, provocó interrupciones en servicios esenciales, la evacuación de viviendas y el aislamiento de las corregimientos de Siete Vueltas y San Juancito, debido a las profundas grietas y acumulaciones de lodo que bloquean las vías de acceso.
El fenómeno, que se manifestó durante la noche con llamaradas que iluminaron el cielo, ha generado escenas de terror entre los residentes. Alberto Duque, vecino de la zona, relató a Blu Radio su experiencia: “A mí no me quemó, afortunadamente, porque estaba dentro de la casa. Cuando yo me di cuenta, ya el bombazo había pasado, pero donde estoy afuera, seguro que me llevo mi quemón, porque eso pegó duro allá. Eso se escuchó un rugido maluco, entonces, yo no presté atención. Cuando bajó una camioneta, me dijo, paisa, paisa, venga, que lo llevamos, que es el volcán que está haciendo erosión”. Su testimonio refleja el impacto repentino y la fuerza de la erupción, que tomó por sorpresa a la comunidad.
Otro testigo describió el momento como un evento aterrador, destacando la intensidad de la llamarada y la extensión del lodo: “Se aclaró mucho el cielo, parecían grandes crepúsculos iluminando toda la zona, pero como uno no sabía qué era lo que estaba sucediendo. Fue muy impresionante, un zumbido, como un temblor de tierra primero, y explotó. Prácticamente, estaba muy arrastrado. Esto acá estaba aislado. Con la erupción de este volcán, aquí quedó todo sellado”. La sensación de aislamiento y la incertidumbre sobre la magnitud del desastre son evidentes en sus palabras.
Las autoridades han confirmado que las rutas hacia Siete Vueltas y San Juancito están completamente bloqueadas por grandes fisuras en el terreno y extensos depósitos de lodo, lo que dificulta el acceso de los equipos de rescate y la entrega de ayuda humanitaria. Julio González, comandante del Cuerpo de Bomberos, informó sobre los daños directos en la infraestructura hídrica, incluyendo el tanque que abastece a sectores como San Juancito y calle Larga. “Con gran cantidad de lodo en la vía y grandes llamas. También hubo afectaciones en el tanque de almacenamiento que surte San Juancito y calle Larga, avertamiento en la vía”, declaró González.
La situación es particularmente preocupante debido al riesgo inminente de agotamiento del suministro de agua potable. Las autoridades han solicitado atención urgente de entidades gubernamentales para evitar que la comunidad quede sin acceso a este recurso vital. Además, la zona afectada permanece sin servicio de energía eléctrica, ya que el fuego persiste debido a la alta concentración de gases, y solo se extinguirá de manera natural una vez que estos se incineren por completo. La falta de electricidad complica aún más la situación, dificultando las labores de rescate y la comunicación.
El Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Antioquia (Dagran) ha reportado tres viviendas afectadas y la evacuación preventiva de habitantes en la zona de influencia. Corpourabá, por su parte, ha señalado que la actividad del volcán disminuirá gradualmente a medida que los gases se incineren por completo. Sin embargo, la incertidumbre persiste y las autoridades instan a la comunidad a mantenerse informada a través de canales oficiales.
El flujo de lodo ha cubierto aproximadamente tres hectáreas de terreno, lo que ha provocado la suspensión de la planta de tratamiento de agua potable y la evacuación de viviendas cercanas. La magnitud del desastre ha superado las expectativas iniciales, y las autoridades se enfrentan a un desafío logístico considerable para atender a las comunidades afectadas.
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) ha explicado que este tipo de erupciones se diferencian de las volcánicas magmáticas, ya que la actividad está relacionada con la liberación de lodos y gases, principalmente metano. El SGC ha informado que existen más de 100 volcanes de lodo en el país, distribuidos en departamentos como Atlántico, Córdoba, Sucre, Bolívar y Antioquia. Sin embargo, la entidad ha destacado la dificultad de implementar un sistema de monitoreo para cada uno debido a su número y dispersión geográfica.
La falta de un sistema de monitoreo efectivo para los volcanes de lodo plantea un desafío importante para la gestión del riesgo en Colombia. La prevención y la mitigación de los efectos de estas erupciones requieren una inversión significativa en investigación y tecnología, así como una mayor coordinación entre las diferentes entidades gubernamentales.
Las autoridades locales y nacionales están trabajando en conjunto para evaluar los daños, brindar asistencia a las comunidades afectadas y restablecer los servicios básicos. Se han establecido puntos de atención para los desplazados y se están distribuyendo alimentos, agua y otros elementos esenciales. Sin embargo, la situación sigue siendo crítica y se requiere una respuesta rápida y coordinada para evitar una mayor escalada de la crisis.
La erupción del volcán de lodo en San Juan de Urabá es un recordatorio de la vulnerabilidad de las comunidades que viven cerca de estos fenómenos naturales. La prevención, la preparación y la respuesta efectiva son fundamentales para reducir el impacto de estos desastres y proteger la vida y el bienestar de la población. La comunidad espera con ansias la restauración de los servicios básicos y el restablecimiento de la normalidad, pero la incertidumbre sobre el futuro persiste mientras el volcán continúa su actividad.






