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El Metro de Medellín: Un Santuario Nacido de la Violencia

El metro empezó a construirse cuando Medellín parecía destruirse. Entre el inicio de las obras en 1985 y su inauguración, en 1995, la ciudad vivió una...

El Metro de Medellín: Un Santuario Nacido de la Violencia

El Metro de Medellín, inaugurado en 1995, surgió como un faro de esperanza en medio de una de las épocas más violentas de la historia de la ciudad. Entre 1985 y 1995, Medellín era sinónimo de terror, con atentados, bombas, secuestros y masacres que sembraban el miedo en la población. Sin embargo, este proyecto de modernización y cohesión social no solo transformó el paisaje urbano, sino que también buscó conectar sectores aislados y ofrecer un respiro a una sociedad devastada por la guerra. El libro "Medellín: memorias de una guerra urbana", del Centro Nacional de Memoria Histórica, describe este período como una "suma y superposición de varias violencias", provenientes de guerrillas, paramilitares, narcotraficantes y la violencia común.

El Metro no fue simplemente un sistema de transporte; representó una apuesta por el futuro, una columna vertebral para una sociedad que intentaba reconstruirse. A pesar de las dificultades, como la suspensión de las obras por un litigio, el proyecto generó una profunda transformación en la ciudad y en la vida de sus habitantes. Carlos Mario Jiménez, profesional de Gestión Social del Metro de Medellín, explica que desde la planeación se prestó especial atención a la relación con la gente, buscando su apropiación del sistema. De ahí surgió la "Cultura Metro", un conjunto de acciones para invitar a la ciudadanía a cuidar lo que era de todos.

Para fomentar este vínculo, se creó un comité externo liderado por la artista y gestora cultural Dora Ramírez, con el objetivo de convertir el Metro en una inmensa galería de arte. En un contexto de violencia y riesgo constante de atentados, Ramírez propuso encomendar las estaciones y todo el sistema a la Virgen María. Esta decisión, más allá de lo religioso, buscaba generar un vínculo afectivo entre la ciudadanía y el Metro a través de obras de arte que transmitieran un mensaje de esperanza y protección.

Se seleccionaron 22 obras de arte mariano, incluyendo creaciones de artistas reconocidos como Fernando Botero, José Ignacio Vélez, Débora Arango y Óscar Jaramillo. Estas obras, tanto originales como reproducciones, se instalaron en diversas estaciones, buscando acoger a los ciudadanos independientemente de su fervor religioso. La lista incluye representaciones de la Virgen de la Asunción, Nuestra Señora de la Candelaria, Nuestra Señora de la Dolorosa, Nuestra Señora de Colombia, la Virgen de la Montaña, la del Perpetuo Socorro y muchas otras.

El proyecto se gestó en 1995, justo antes de la inauguración del sistema, y las primeras obras se instalaron en 1996. La "Cultura Metro" se ha mantenido hasta la actualidad, siendo clave para el éxito del sistema. Los usuarios se han apropiado del Metro, cuidándolo y utilizándolo de manera responsable, lo que ha generado un ahorro significativo en el mantenimiento de los trenes.

La reciente modernización de 42 trenes, los primeros que entraron en funcionamiento en 1995, es un ejemplo de este cuidado. Gracias a la responsabilidad de los usuarios, estos trenes pudieron ser intervenidos y volver a entrar en funcionamiento, alargando su vida útil unos 25 años más, lo que representa un ahorro de aproximadamente 420.000 millones de pesos para el Metro. En otras ciudades, estos trenes probablemente habrían sido retirados de servicio.

Pero la "Cultura Metro" va más allá del cuidado físico del sistema. El Metro también se ha convertido en un espacio cultural, con un proyecto de galería de arte público que busca emular los museos a cielo abierto de otras ciudades del mundo. Se realizan actividades de divulgación pedagógica, como podcasts, videos y publicaciones en redes sociales, y se está trabajando en la publicación de un libro para mantener un diálogo constante entre las obras de arte y el presente.

Diariamente, alrededor de un millón doscientas mil personas utilizan el Metro de Medellín, una cifra mucho mayor que la de visitantes de un museo. El Metro busca ser un punto intermedio, un espacio no solo de transporte, sino también de articulación social, donde se generen conversaciones y se fortalezca el tejido urbano.

Para lograrlo, se han implementado diversas estrategias, como el Museo Metro, que alberga 63 obras, incluyendo las 22 de arte mariano, exposiciones itinerantes en algunas estaciones y los "trenes de la cultura", vagones temáticos que rinden homenaje a figuras importantes de la ciudad, como la maestra Teresita Gómez, o celebran eventos culturales, como la Bienal de Arte de Antioquia. Actualmente, circula un tren con la campaña "Sinfonía por tu salud mental", en alianza con Filarmed y el Área Metropolitana, buscando promover el bienestar emocional de los viajeros.

"Las temáticas siempre están muy ligadas a las preguntas que nos estamos haciendo sobre el presente", explica Carlos. "Por ejemplo, en el tren de Sinfonía por tu salud mental hay una preocupación inmensa, no solamente por la ciudad sino por este tema en el mundo. Lo que queremos es generar reflexiones y espacios de diálogo sobre este tema".

En una ciudad profundamente creyente, como Medellín, la figura de la Virgen María tiene un significado especial. Incluso los más despiadados buscan su protección. En los años de violencia, Marta Lucía Vélez y su esposo Luis Berrio, artesanos especializados en baldosines, recibieron numerosos encargos de imágenes de la Virgen.

Marta, inspirada por la Virgen de la Granada de Sandro Botticelli, creó su propia versión, representando a una Virgen sencilla, como una campesina, rodeada de montañas, platanillos y anturios. Esta imagen, que simbolizaba la maternidad, fue descubierta por Dora Ramírez en el taller de los Vélez.

Ramírez, al reconocer el potencial de la obra, la seleccionó para ser parte del proyecto de arte mariano en el Metro, argumentando que la Virgen era la figura más amada y respetada en el país. "Ella quería elegir algo que la gente respetara, y decía que hasta el sicario le reza a la virgen antes de cometer sus fechorías", recuerda Marta.

Marta amplió su obra y trabajó en ella durante nueve meses, como si fuera un hijo. Cada elemento del cuadro tiene un significado simbólico: las montañas, que representan la conexión con el cielo; las nubes, que simbolizan la fertilidad; las granadas, que evocan la abundancia; las heliconias, que representan la diversidad; y las hojas de anturio, que simbolizan corazones.

La Virgen de la Montaña, una obra universal enmarcada en el contexto local, representa a una madre sencilla, cercana a la gente que transita por el Metro. Marta, al crear la obra, tenía una intención especial: que la imagen tocara el alma de quienes la vieran, que los protegiera y les generara paz y amor.

Aunque es imposible medir el impacto de la obra en la vida de las personas, no hay duda de que la idea de incorporar imágenes de la Virgen en las estaciones del Metro fue un acierto. El Metro de Medellín, nacido de la violencia, se ha convertido en un símbolo de esperanza, un espacio de encuentro y un reflejo de la identidad cultural de la ciudad.

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