Pakistán lanzó una nueva serie de bombardeos contra ciudades afganas, incluyendo Kabul, Paktika y Kandahar, en medio de una escalada de ataques transfronterizos. Esta acción, confirmada por funcionarios gubernamentales, se produjo tras el anuncio de una importante ofensiva por parte del Talibán afgano contra puestos militares fronterizos pakistaníes. Aunque ambos países acordaron un cese al fuego en octubre, tras enfrentamientos mortales, la situación se ha deteriorado rápidamente en los últimos días, con ambas partes alegando haber infligido bajas significativas al enemigo. El Primer Ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, ha declarado la capacidad de su país para "aplastar cualquier ambición agresiva", mientras que el Ministro de Defensa, Khawaja M Asif, ha calificado la situación como una "guerra abierta" contra el gobierno afgano. El Talibán, por su parte, justifica su operación como respuesta a bombardeos anteriores que, según afirman, causaron la muerte de al menos 18 personas.
Las raíces de esta renovada hostilidad son profundas y complejas, arraigadas en una historia de desconfianza y acusaciones mutuas. Antes de la retirada de Estados Unidos en 2021, el gobierno afgano acusaba a Islamabad de facilitar los ataques del Talibán, alegando que estos eran planeados en suelo pakistaní. Pakistán negaba consistentemente estas acusaciones. Sin embargo, Islamabad jugó un papel crucial en la negociación del Acuerdo de Doha, que allanó el camino para la salida de EE.UU. y el regreso al poder del Talibán, siendo uno de los pocos países en reconocer oficialmente al gobierno talibán durante su primer período en el poder (1996-2001). A pesar de este historial, las tensiones persisten, demostrando que la relación entre ambos países sigue siendo extremadamente frágil.
En términos militares, Pakistán posee una clara ventaja, siendo una potencia militar importante con un arsenal considerable de tanques, aeronaves y tecnología de defensa avanzada. El gobierno talibán, aunque cuenta con el equipamiento militar abandonado por las fuerzas afganas y extranjeras, y posiblemente adquirido a través del mercado negro, carece de la capacidad aérea para lanzar bombardeos en profundidad dentro de Pakistán. No obstante, la experiencia del Talibán en la guerra de guerrillas, adquirida durante más de 20 años de conflicto contra Estados Unidos y la OTAN, no debe subestimarse.
Pakistán acusa al Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), un grupo militante con vínculos con el Talibán afgano, de estar detrás de una serie de ataques en su territorio, incluyendo un reciente atentado suicida contra una mezquita chiita en Islamabad que causó la muerte de más de 30 personas. Si bien el Estado Islámico (IS) reivindicó el ataque, Pakistán insiste en que el TTP fue el responsable, alegando que opera con el apoyo del gobierno talibán desde Afganistán. Exdiplomáticos pakistaníes señalan que, a diferencia de gobiernos anteriores, el Talibán tiene una conexión histórica con el TTP, lo que hace poco realista la expectativa de que Islamabad pueda eliminar o expulsar al grupo de Afganistán.
La situación se complica aún más por el reciente acercamiento entre Afganistán e India, el rival histórico de Pakistán. En octubre pasado, el Ministro de Asuntos Exteriores afgano, Amir Khan Muttaqui, visitó Nueva Delhi para restablecer los lazos diplomáticos. Esta iniciativa ha sido interpretada por observadores como una "derrota simbólica" para Pakistán, que acusa a Afganistán de "luchar una guerra subsidiaria para Delhi". India niega cualquier apoyo a elementos antipakistaníes en Afganistán, pero el deshielo entre ambos países preocupa a Islamabad.
La comunidad internacional ha expresado su preocupación por las hostilidades, instando al diálogo y la diplomacia para resolver las diferencias. China ha manifestado su "profunda preocupación" y ha pedido a las partes que busquen una solución a través del diálogo y la negociación. Irán se ha ofrecido a mediar en las conversaciones, instando a ambas partes a adoptar una política de buen vecindario y diálogo. Qatar y Turquía también han estado involucrados en esfuerzos de mediación, con conversaciones celebradas en Doha y Estambul.
La frontera entre Pakistán y Afganistán, de 2.600 km de longitud, es un factor clave en la tensión. La Línea Durand, trazada arbitrariamente por los británicos en 1893, es una línea fronteriza disputada por Afganistán y millones de pastunes étnicos que viven a ambos lados de la frontera. El flujo constante de personas a través de la frontera, a pesar de las tensiones gubernamentales, subraya la urgencia de normalizar las relaciones entre los dos países, ya que las comunidades tribales están unidas por lazos familiares y sociales.
Los recientes ataques se producen tras meses de hostilidades, incluyendo una confrontación grave en octubre que resultó en un frágil alto el fuego negociado por Turquía y Qatar. Pakistán acusa al gobierno talibán de apoyar a "terroristas antipakistaníes" responsables de atentados en su territorio, mientras que el Talibán niega estas acusaciones y acusa a Pakistán de ataques no provocados que han causado la muerte de civiles.
Aunque los talibanes están superados en armamento por Pakistán, que además cuenta con armas nucleares, es poco probable que inicien una guerra convencional. Sin embargo, su amplia experiencia en la guerra de guerrillas representa una amenaza significativa. Lo que hace que los últimos ataques pakistaníes sean particularmente preocupantes es que se han dirigido contra instalaciones gubernamentales talibanes, en lugar de objetivos terroristas, lo que sugiere una escalada en la confrontación. La retórica del Talibán, que promete "ataques implacables" contra Pakistán, indica una determinación de responder a la agresión, creando una situación extremadamente precaria que podría desembocar en un conflicto real. El jefe militar talibán, Qari Muhammad Fasihuddin, ha advertido que Pakistán puede esperar una "respuesta aún más decisiva" en el futuro. Los ataques contra lugares como Abbottabad y Swabi demuestran la capacidad del Talibán para penetrar más profundamente en Pakistán de lo que se pensaba.





