El Mar Negro se ha transformado en una zona de alta peligrosidad para la navegación civil debido a una intensificación de los ataques rusos contra buques mercantes. En las últimas semanas, Moscú ha desplegado una campaña de drones que ha afectado a decenas de embarcaciones, resultando en una cifra de víctimas fatales superior a la registrada durante la guerra de Irán. Según datos proporcionados por los gobiernos de Rumania y Bulgaria, así como por servicios de seguimiento marítimo, al menos 30 marineros han muerto o permanecen desaparecidos en esta reciente oleada de agresiones.
El objetivo estratégico de Rusia es bloquear el comercio a través de los puertos ucranianos, los cuales son la vía principal para la exportación de cereales del país. Sin embargo, la operatividad de estos ataques ha trascendido las zonas de conflicto directo, produciéndose impactos cerca o incluso dentro de las aguas territoriales de Rumania y Bulgaria, ambos estados miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esta escalada ocurre tras meses de contraataques ucranianos contra buques que operan en puertos rusos del Mar Negro y el Mar de Azov.
Desde el punto de vista táctico, fuentes de seguridad y marítimas señalan que Rusia ha implementado una estrategia combinada de drones aéreos y marítimos. Se ha reportado el uso de drones propulsados por reactores de reciente desarrollo, los cuales destacan por ser más veloces y difíciles de interceptar, además de poseer capacidades para impactar objetivos en movimiento. Un ejemplo crítico fue el caso del buque portacontenedores Contship Jet, que fue impactado por tres drones la semana pasada mientras se aproximaba a un puerto rumano, a solo 25 kilómetros de la costa búlgara. El hundimiento del navío fue captado por un avión de vigilancia francés, que filmó un dron de superficie dirigiéndose hacia el buque.
La tragedia humana ha sido severa. A principios de octubre, el Alfa Watan, un buque de propiedad turca que navegaba desde Egipto hacia el puerto rumano de Sulina, fue hundido por ataques de drones navales y aéreos, dejando diez tripulantes muertos (nueve sirios y un egipcio). Pocos días después, el HS Dignity sufrió un ataque frente a la costa búlgara que resultó en la muerte de 11 tripulantes, la mayoría sirios. El activista Mohammad Hajjouz describió que la tripulación, al no poder botar los botes salvavidas, saltó a aguas extremadamente frías y agitadas, lo que dificultó el rescate. Asimismo, el 15 de octubre, otros cuatro buques fueron atacados, incluyendo los buques cisterna Wine Trader y Yara J cerca del canal de Sulina. En el Wine Trader, seis ciudadanos benineses y un ruso perdieron la vida tras el impacto de tres drones.
Esta situación ha tenido un impacto económico devastador. Ucrania, que suministra el 15% del maíz y el 10% del trigo mundial, vio reducidas sus exportaciones de trigo en septiembre a 1,09 millones de toneladas, casi la mitad de lo exportado el año anterior. Ante el bloqueo de Odesa, los ucranianos intentaron desviar el flujo hacia puertos menores en el río Danubio, limitando con Rumania, pero los drones rusos también alcanzaron esos puntos. En consecuencia, el Comité Conjunto de Guerra de Londres amplió las zonas de "alto riesgo" en el Mar Negro, lo que ha disparado las primas de los seguros marítimos.
La respuesta internacional ha sido heterogénea. Mientras el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó que la alianza ha reforzado su postura en el flanco oriental, Bulgaria ha solicitado formalmente a la OTAN el despliegue de aviones de combate y sistemas antidrones. Por su parte, Rumania ya despliega patrullas de cazas F-16, habiendo derribado dos drones rusos de última generación a finales de octubre, y ha anunciado la aceleración de sus capacidades de vigilancia contra minas y drones.
Desde Estados Unidos, el secretario de Estado Marco Rubio ha señalado que ambos bandos han sido responsables de ataques a buques, mencionando que compañías estadounidenses han reportado pérdidas de carga, como petróleo, en embarcaciones alcanzadas por Ucrania, aunque sugirió que esto no habría sido intencionado. Finalmente, analistas de la firma Ambrey advierten que las aguas rumanas y búlgaras ya no pueden considerarse seguras por defecto, mientras que expertos como Dimitar Bechev sugieren que la OTAN y los estados ribereños deben coordinar defensas más robustas para garantizar la libertad de navegación en una vía vital para la seguridad alimentaria global.





