El presidente Javier Milei se encuentra en un momento decisivo de su agenda exterior, apostando fuertemente por el éxito de los republicanos alineados con Donald Trump en las cruciales elecciones de medio término en Estados Unidos. Con una delegación compuesta por el vicejefe de gabinete, Ignacio Devitt, y el subsecretario de Asuntos Institucionales, Eduardo “Lule” Menem, ya presentes en Washington, el Gobierno argentino ha dejado clara su preferencia política en territorio norteamericano.
Esta estrategia de alineamiento se caracteriza por la ausencia de vínculos con los sectores rivales de sus aliados. En el caso de Estados Unidos, la administración de Milei no ha invertido esfuerzos en generar relaciones con los demócratas. Por el contrario, el mandatario llegó a acusar a este sector, meses atrás, de colaborar en una “campaña antiargentina” con el objetivo primordial de desgastar su gestión. El único contacto registrado con un dirigente demócrata de peso fue un almuerzo lejano con el expresidente Bill Clinton, gestionado por el empresario Gerardo Werthein poco antes de que Milei asumiera su cargo.
Desde la mesa política del Gobierno reconocen que las posibilidades de que Trump obtenga un resultado favorable en los comicios de medio término son limitadas, admitiendo que, a priori, ganarían los demócratas. Sin embargo, fuentes cercanas al presidente sostienen que el apoyo de Trump hacia Milei se mantendrá independientemente del resultado, ya que el líder republicano lo necesita, especialmente tras el escenario electoral en Brasil. Asimismo, argumentan que la interpretación de los márgenes de victoria será clave y que Trump profundizará sus políticas sin importar el desenlace.
Esta misma lógica de "jugador único" se replica en la relación con Israel. El vínculo del presidente argentino se ha centrado exclusivamente en el primer ministro Benjamín Netanyahu. El Gobierno no ha establecido contacto con la oposición israelí, destacando el caso de Gadi Eisenkot, principal rival de Netanyahu, de quien la Casa Rosada ni siquiera posee el número de teléfono. A pesar de que Eisenkot podría formar una coalición de gobierno tras las recientes elecciones, el entorno de Milei insiste en que el vínculo con Israel es "indestructible" y que las relaciones son con los países, más allá de las amistades personales.
En España, el escenario se repite. Milei iniciará un nuevo viaje al país europeo, donde habrá elecciones a finales de mes. El mandatario ya ha manifestado su apoyo a los candidatos de Vox, encabezados por Santiago Abascal, y a los del Partido Popular. No existe contacto alguno con el gobierno socialista de Pedro Sánchez, con quien Milei mantiene frecuentes reyertas mediáticas. Incluso en la próxima Cumbre Iberoamericana de Madrid, el presidente argentino evitará cruzarse con Sánchez, siguiendo el consejo de la dirigente del PP, Isabel Díaz Ayuso. La ausencia anunciada de Lula da Silva en dicho encuentro evitará, además, un encuentro tenso entre ambos mandatarios.
La relación con Brasil representa el punto de mayor fricción. El vínculo con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva se ha deteriorado profundamente, comenzando por el no reconocimiento del triunfo de Lula y agravándose tras el apoyo de Milei a la huida de Flávio Bolsonaro vía Puerto Iguazú. Mientras que en Brasilia consideran que la apuesta de Milei por Bolsonaro fracasó, calificando al senador como un “cadáver político”, desde el kirchnerismo advierten que esta tensión traerá consecuencias económicas graves. Se menciona la posible implosión del Mercosur y un giro de Brasil hacia China para reducir el intercambio comercial con Argentina para el año 2027, sugiriendo que Lula podría coordinar acciones con Sergio Massa.
Ante las críticas por esta falta de diversificación diplomática, el entorno presidencial defiende que el mandatario es fiel a sus convicciones. El propio Milei ha resumido su postura afirmando que “moriré con las botas puestas”, frase que originalmente utilizaba para referirse a su plan económico, pero que ahora encaja en su gestión exterior. Finalmente, desde el Gobierno aseguran que, si en algún momento fuera necesario, los vínculos con los demócratas en Estados Unidos o con la oposición en Israel podrían reconstruirse rápidamente, aunque por ahora apuestan por una relación de larga duración con sus aliados actuales.






