La localidad de Mixquic, en México, se ha convertido en el escenario central de una de las tradiciones más profundas del país: la recepción de las llamadas almas viajeras. Esta celebración, centrada en el vínculo entre los vivos y quienes ya no están, se desarrolla siguiendo un calendario preciso que organiza la memoria y el honor hacia los fallecidos, extendiéndose en sus actividades hasta el lunes 2 de noviembre.
El proceso de conmemoración en México no ocurre en un solo momento, sino que se prolonga a lo largo de varios días, estableciendo una distinción clara en el propósito de cada jornada. De acuerdo con la estructura de esta festividad, el primer día dedicado a este fin es el 1 de noviembre. Esta fecha se reserva específicamente para honrar la memoria de los niños fallecidos, dedicando el espacio y el sentimiento a las almas más jóvenes que han partido.
Posteriormente, la celebración continúa y se desplaza hacia el 2 de noviembre. Este lunes se convierte en el día destinado a honrar a los adultos fallecidos. De esta manera, la tradición asegura que cada grupo de personas, independientemente de la edad que tuvieran al momento de su muerte, reciba el reconocimiento y la honra correspondiente en un momento específico del calendario festivo.
La dimensión humana de esta celebración ha sido documentada por la corresponsal en México, Marine Lebegue. Durante su estancia en Mixquic, la periodista tuvo la oportunidad de acompañar a dos mujeres mexicanas, quienes participaron activamente en los ritos de esta noche dedicada a recibir a las almas viajeras. El acompañamiento de estas dos ciudadanas permitió observar de cerca cómo se vive la experiencia de la pérdida y el recuerdo en el entorno local.
Uno de los testimonios más destacados y significativos recogidos durante este seguimiento es la declaración de una de las participantes, quien afirmó con claridad: "Yo tengo 73 muertos". Esta frase no solo representa una cifra, sino que encapsula la magnitud del proceso de honrar a los antepasados y la cantidad de almas que regresan a Mixquic durante estas fechas. El hecho de mencionar un número tan preciso subraya la importancia de la memoria individual y colectiva dentro de la celebración.
La noche en Mixquic se define así como el momento en que se reciben a estas almas viajeras, creando un puente temporal entre el presente y el pasado. La presencia de la corresponsal Marine Lebegue, junto a las dos mujeres mexicanas, pone de relieve la continuidad de una práctica que prioriza el acto de honrar a los fallecidos, ya sean niños el día 1 o adultos el día 2 de noviembre.
La estructura de la celebración permite que el duelo y la memoria se transformen en un evento comunitario y organizado. El hecho de que la festividad se prolongue hasta el lunes 2 de noviembre indica que el ciclo de honras es exhaustivo, permitiendo que cada persona tenga su espacio de reconocimiento. La experiencia vivida en Mixquic, bajo la mirada de la corresponsal, refleja cómo la identidad mexicana se entrelaza con la recepción de sus difuntos.
En conclusión, la noche en Mixquic se manifiesta como un encuentro donde el número de fallecidos, como los 73 mencionados en el relato, cobra un sentido de presencia. A través del trabajo de Marine Lebegue y el testimonio de las mujeres que la acompañaron, se evidencia que el Día de los Muertos en México es una secuencia coordinada de honores que comienza con los niños y culmina con los adultos, asegurando que ninguna alma viajera sea olvidada en su camino de regreso.





