El programa "PH, podemos hablar" fue el escenario de un episodio cargado de tensión el pasado sábado, cuando Telefe emitió un fuerte cruce entre la periodista Josefina “la China” Ansa y el influencer Santiago Maratea. El incidente, que ya había trascendido previamente, fue tan intenso que obligó al conductor Andy Kusnetzoff a realizar una pausa en la grabación para intentar calmar los ánimos. Durante casi media hora, lo que comenzó como una dinámica de preguntas derivó en reproches públicos, disculpas y un clima incómodo que afectó también a los demás invitados, los actores Rafael Ferro y Mercedes Funes, y el músico Benjamín Amadeo.
El conflicto se originó en el segmento denominado “Frente a frente”, donde los invitados se realizan preguntas cruzadas. La China Ansa propuso a Maratea un ejercicio de cambio de roles, preguntándole qué le recriminaría a Santiago Maratea si él fuera una de las personas que donó para sus fundaciones o refugios. Ante la respuesta del influencer, quien afirmó que no se le ocurría nada porque siempre se cumplieron los objetivos, la periodista insistió en buscar alguna sugerencia o reclamo. Maratea, molesto por el uso de la palabra “recriminar”, respondió simplemente con un “gracias” y cuestionó si su respuesta era descabellada dado que los objetivos se habían alcanzado.
La situación escaló cuando Ansa mencionó un caso puntual: el refugio de perros, señalando que esa historia había quedado como inconclusa. Esta observación provocó una reacción inmediata de Maratea, quien cuestionó la labor periodística de Ansa, preguntándole si había averiguado realmente sobre el tema. Cuando la periodista aclaró que solo estaba preguntando y que se había informado a través de los medios, el influencer lanzó una dura crítica hacia el gremio, afirmando que informarse a través de los mismos medios es casi un “oxímoron” debido a las mentiras de los periodistas.
El intercambio subió de tono mientras Maratea sostenía que Ansa no sabía casi nada del tema y la corregía al mencionar que no se trataba de una fundación. Ante la intervención de Kusnetzoff, quien intentó poner paños fríos, Maratea acusó a la periodista de no ser inocente y de haber buscado una respuesta específica al insistir con un tema donde, según él, se decía que había accionado mal. Para ilustrar la incomodidad de la premisa, el influencer comparó la situación con que alguien le preguntara por qué el marido de la periodista era misógino, argumentando que se estaba dando por cierta una premisa rechazada.
La discusión alcanzó su punto máximo cuando Maratea acusó a Ansa de intentar hacerle “gaslighting” y le reprochó haberlo acusado indirectamente de robo al traer a colación la colecta del refugio. Visiblemente angustiada, la periodista expresó que seguía su trabajo y que su familia lo amaba, llegando a decir “me quiero morir con lo que me está pasando”. Ante este escenario, Kusnetzoff decidió frenar la grabación y pidió un minuto para charlar en privado.
Tras una pausa de 20 minutos, que fue señalada en pantalla con una placa, el programa regresó al aire, aunque la tensión persistía. Kusnetzoff admitió que la charla se había vuelto agresiva y que habían intentado acordar cómo continuar sin éxito. El conductor propuso un cierre “terapéutico” y sin guion para evitar más agresiones, pero Maratea rechazó la idea de una reconciliación superficial, calificándola de “pelotudez” y afirmando que no estaban en un jardín de infantes, sino que eran adultos. Maratea aprovechó el espacio para defender sus colectas, asegurando que nunca robó dinero y que el refugio mencionado ya está construido.
Finalmente, Kusnetzoff defendió la posibilidad de cometer errores en el periodismo, reconociendo que él mismo ha hecho preguntas brillantes y otras muy malas. El conductor cerró el segmento priorizando el bienestar de los invitados. Más tarde, en una reflexión final, Kusnetzoff cuestionó su propio desempeño y admitió que odia la “televisión careta”, negándose a fingir que no había pasado nada. El programa concluyó con un brindis propuesto por el conductor en honor a la comunicación y la capacidad de sentarse a charlar, independientemente de los desacuerdos.





