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"Niño Godzilla" y crisis geopolíticas: La "tormenta perfecta" que amenaza la alimentación en América Latina

31 de octubre (IPS pafa Urgente.bo).- El fenómeno meteorológico El Niño, por su fuerza ya apodado “Niño Godzilla” o super El Niño, probablemente se intensifique hasta 2027 y se sume a otros choques que agraven la situación alimentaria de América Latina y el Caribe, advirtió el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud). El Niño es un fenómeno que se origina con intervalos de dos a siete años, con vientos cálidos que elevan la temperatura en el océano Pacífico ecuatorial, y se alteran durante meses los ciclos de sequías y lluvias en varias regiones del planeta. Los pronósticos “indican que este episodio podría ser uno de los más intensos registrados desde 1980, con efectos heterogéneos en América Latina y el Caribe”, reseña el más reciente de los “Gráficos para la reflexión”, del Pnud. Se esperan sequías extremas en América Central, el Caribe, el norte de Sudamérica y Brasil, y, por contraste, lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos de tierra en el Cono Sur. Para una región que es a la vez una importante productora de alimentos y está altamente expuesta a la variabilidad climática, las implicaciones son significativas, destaca el reporte. En el caso de Bolivia, la seqia se manifiesta en diferentes puntos, en pariular en los valles de Cochabamba. Ese es el caso del municipio de Pasorapa, donde la falta de agua es crítica y golpea a la seguriidad alimentaria de la población. Imágenes difundidas por Manfred Reyes Villa, de Cercado, evidencian dicha situación. "Me parte el corazón ver estas imágenes desoladoras de nuestros hermanos de Pasorapa. No podemos quedarnos de brazos cruzados y esperando, el pueblo está sufriendo y necesita nuestro apoyo. Estamos coordinando todas las acciones necesarias para llevar agua y alimento para los animalitos en apoyo a nuestra gente", publicó. sequia.cbba_.jpg Las sequías y las inundaciones pueden reducir las cosechas, afectar los medios de vida y la generación hidroeléctrica, lo que presiona tanto los sistemas alimentarios como los energéticos. Pero esta vez, El Niño, apodado Godzilla como el monstruo varias veces versionado en el cine desde 1954, no llega solo, según advierte en Pnud en su reporte que titula “Jinetes en la Tormenta”, porque simultáneamente se combina con otras crisis. El Niño Godzilla “es solo una parte de la historia”, pues “la inestabilidad geopolítica en el Medio Oriente ha afectado el comercio mundial y encarecido la energía y los insumos agrícolas”, señala el reporte. “Las interrupciones en el estrecho de Ormuz (que conduce del golfo Pérsico al océano Índico), una de las rutas más importantes del mundo para el comercio de petróleo, gas y fertilizantes, dispararon los precios de la energía y los fertilizantes a comienzos de este año”, recuerda el informe. En el punto más álgido de la crisis, en abril de 2026, los índices de precios de la energía y de los fertilizantes superaban en más de 60 % sus niveles de abril de 2025. En la agricultura, estos choques se transmiten por varios canales a la vez. Fertilizantes más caros elevan el costo de producir alimentos. Una energía más costosa encarece las operaciones agrícolas y el riego. Y combustibles a mayor precio aumentan el costo de transportar los alimentos de las fincas a los mercados. A eso se suma El Niño: las sequías, las inundaciones y el calor extremo pueden reducir las cosechas justo cuando los insumos para producir alimentos se encarecen. El efecto sobre los precios no es inmediato ni proporcional, pero la interacción entre estos choques muestra que los fenómenos climáticos rara vez ocurren de forma aislada: se refuerzan entre sí y se cruzan con otras crisis globales simultáneas. La dependencia de fertilizantes importados en América Latina y el Caribe añade otra capa de exposición, dice el Pnud. A medida que la región se consolidó como gran exportadora de alimentos, el uso de fertilizantes creció a la par de la actividad agrícola, pero la producción doméstica de fertilizantes siguió el ritmo de la demanda. Hoy la región importa alrededor de 90 % del nitrógeno y casi toda la potasa que utiliza. Esto deja a sus productores expuestos a las fluctuaciones de los precios internacionales y a los cambios en la oferta externa. Esta vulnerabilidad no es nueva: los mercados de fertilizantes también se vieron gravemente afectados tras el inicio de la guerra en Ucrania en 2022. “Lo que se está gestando, entonces, es una tormenta perfecta. Un fenómeno de El Niño de alta intensidad amenaza la producción agrícola. La inestabilidad geopolítica encarece la producción y el transporte de alimentos. Y la dependencia de fertilizantes importados amplifica la exposición de la región a ambos choques”, resume el Pnud. duro.jpg Advierte de que, sin tomar acción, estos choques geopolíticos y climáticos superpuestos podrían agravar la inseguridad alimentaria en la región, frenar el crecimiento económico y aumentar la pobreza. Aunque la región ha avanzado en la reducción del hambre, 23 % de su población (unos 150 millones de sus 668 millones de habitantes) enfrentó inseguridad alimentaria moderada o grave en 2025. Una menor producción agrícola, mayores costos de transporte y energía y los efectos rezagados del alza de los fertilizantes podrían encarecer los alimentos y otros bienes esenciales. Para los hogares con presupuestos ya ajustados, esto puede dificultarles cubrir sus necesidades básicas y mantener una nutrición adecuada. Para el Pnud, “si hay un aprendizaje que deja esta convergencia de choques, es que prepararse para El Niño va más allá de anticipar un fenómeno climático”. Requiere “entender cómo interactúan las presiones climáticas, geopolíticas y económicas, y cómo las vulnerabilidades existentes pueden convertir choques simultáneos en retrocesos duraderos para el desarrollo humano”. El reporte considera que “la buena noticia” es que los países no pueden evitar estos choques, pero sí pueden hacer mucho para limitar sus consecuencias, con lo que considera tres prioridades clave. La primera es anticipar los riesgos y actuar antes de que llegue la tormenta: los gobiernos pueden combinar los pronósticos climáticos con información sobre los precios de los alimentos, la producción agrícola y las vulnerabilidades de los hogares, para identificar dónde es más probable que coincidan los riesgos. Los mecanismos de financiamiento anticipado, los fondos de contingencia y las reservas de suministros esenciales pueden ayudar a actuar antes de que los shocks se traduzcan en mayores pérdidas humanas y económicas. Luego, se debe proteger a las personas antes de que los choques temporales se conviertan en retrocesos duraderos. Para los hogares vulnerables, un aumento repentino de los precios de los alimentos o la pérdida de ingresos puede tener consecuencias que van mucho más allá de la crisis inmediata. Los sistemas de protección social adaptativa, respaldados por registros sociales actualizados y mecanismos de pago flexibles, pueden brindar asistencia oportuna a quienes están más expuestos. Las transferencias monetarias focalizadas, los bonos de alimentos y el apoyo temporal a agricultores, pescadores y ganaderos pueden ayudar a las familias a mantener su consumo, proteger sus medios de vida y evitar estrategias de afrontamiento (como vender activos productivos), que los hacen más vulnerables. Finalmente, corregir debilidades estructurales: en la agricultura, un uso más eficiente de los fertilizantes, diversificar las fuentes de abastecimiento, ampliar la producción nacional cuando sea económicamente viable y promover alternativas sostenibles puede reducir la exposición a las disrupciones en los mercados globales.

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"Niño Godzilla" y crisis geopolíticas: La "tormenta perfecta" que amenaza la alimentación en América Latina

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) ha emitido una advertencia crítica sobre la intensificación del fenómeno meteorológico El Niño, apodado en esta ocasión como “Niño Godzilla” o super El Niño. Según el organismo, este episodio podría prolongarse y fortalecerse hasta el año 2027, convergiendo con otros choques globales que amenazan con agravar severamente la situación alimentaria en América Latina y el Caribe.

Este fenómeno, que ocurre en intervalos de dos a siete años, se caracteriza por el aumento de la temperatura en el océano Pacífico ecuatorial debido a vientos cálidos, lo que altera los ciclos de lluvias y sequías en diversas regiones del mundo. De acuerdo con el reporte más reciente del Pnud, titulado “Gráficos para la reflexión”, los pronósticos sugieren que este ciclo podría ser uno de los más intensos registrados desde 1980, presentando efectos heterogéneos según la zona geográfica.

El impacto climático se dividirá en dos frentes opuestos. Por un lado, se prevén sequías extremas en América Central, el Caribe, el norte de Sudamérica y Brasil. Por otro lado, el Cono Sur enfrentará lluvias intensas, inundaciones y deslizamientos de tierra. Para una región que se consolida como una productora fundamental de alimentos a nivel global, pero que mantiene una alta exposición a la variabilidad climática, estas implicaciones son profundas.

En Bolivia, los efectos de la sequía ya son evidentes en diversos puntos, particularmente en los valles de Cochabamba. Un caso crítico es el municipio de Pasorapa, donde la falta de agua ha golpeado severamente la seguridad alimentaria de la población. Ante esta situación, Manfred Reyes Villa, alcalde de Cercado, difundió imágenes desoladoras de la zona y manifestó su compromiso de no quedarse de brazos cruzados, coordinando acciones para suministrar agua y alimento para los animales en apoyo a los habitantes afectados.

El reporte del Pnud, bajo el título “Jinetes en la Tormenta”, enfatiza que “Niño Godzilla” no actúa de forma aislada. El organismo advierte sobre una “tormenta perfecta” donde el clima se combina con la inestabilidad geopolítica en el Medio Oriente. Esta situación ha afectado el comercio mundial y ha encarecido tanto la energía como los insumos agrícolas. Específicamente, las interrupciones en el estrecho de Ormuz, ruta vital para el petróleo, el gas y los fertilizantes, dispararon los precios a principios de este año.

El impacto económico fue notable en abril de 2026, cuando los índices de precios de la energía y los fertilizantes superaron en más del 60 % sus niveles de abril de 2025. Esta escalada de precios se transmite a la agricultura a través de tres canales: el encarecimiento de los fertilizantes eleva el costo de producción; la energía costosa encarece el riego y las operaciones agrícolas; y el precio de los combustibles incrementa el transporte de los alimentos desde las fincas hacia los mercados.

A esta presión económica se suma la vulnerabilidad estructural de la región. América Latina y el Caribe dependen significativamente de las importaciones de insumos; actualmente, la región importa cerca del 90 % del nitrógeno y casi la totalidad de la potasa que utiliza. Esta dependencia, ya evidenciada tras el inicio de la guerra en Ucrania en 2022, deja a los productores expuestos a las fluctuaciones de los precios internacionales y a la oferta externa.

Las consecuencias sociales podrían ser devastadoras. El Pnud advierte que, sin acciones inmediatas, estos choques superpuestos podrían frenar el crecimiento económico, aumentar la pobreza y agravar la inseguridad alimentaria. Para poner esto en contexto, en 2025, el 23 % de la población de la región (aproximadamente 150 millones de personas) ya enfrentaba inseguridad alimentaria moderada o grave.

Para mitigar estos riesgos, el Pnud propone tres prioridades clave. Primero, la anticipación de riesgos mediante la combinación de pronósticos climáticos con datos de precios de alimentos y vulnerabilidades sociales, apoyándose en fondos de contingencia. Segundo, la protección de los hogares vulnerables a través de sistemas de protección social adaptativa, transferencias monetarias focalizadas y bonos de alimentos para evitar que las familias vendan sus activos productivos. Finalmente, la corrección de debilidades estructurales, promoviendo un uso más eficiente de fertilizantes, la diversificación de fuentes de abastecimiento y el fomento de la producción nacional sostenible.

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