En un esfuerzo estratégico por diversificar sus alianzas globales mientras el conflicto en Ucrania se prolonga, el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha intensificado sus acercamientos con el continente africano. Durante la tercera Cumbre Rusia-África celebrada recientemente en Moscú, el mandatario ruso se posicionó como un socio más idóneo para las naciones africanas que las potencias occidentales, a las cuales acusó frontalmente de mantener una mentalidad colonial, explotar los recursos naturales del continente y utilizar la deuda externa como una herramienta para frenar el desarrollo local.
Putin argumentó que el modelo de cooperación propuesto por Rusia se diferencia del occidental al basarse en vínculos más estrechos en materia de comercio y tecnología, permitiendo que ambas partes prosperen mutuamente. Según el presidente ruso, la actividad empresarial de su país no se dedica a la "explotación depredadora y neocolonial", sino que se enfoca en generar ingresos fiscales y fomentar la creación de empleo en los países donde opera.
La relevancia diplomática del evento quedó reflejada en la asistencia de delegaciones de 48 de los 54 países de África. De acuerdo con Yury Ushakov, asesor del Kremlin, veintidós de estos países estuvieron representados por sus jefes de Estado, una cifra superior a los 17 presentes en la cumbre de 2023, aunque menor que los 43 registrados en la primera reunión de 2019. Esta visibilidad es fundamental para Moscú, ya que le permite mitigar el aislamiento internacional derivado de las sanciones impuestas por Occidente.
Desde la perspectiva del análisis político, Will Brown, especialista del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, sugiere que la narrativa visual de la cumbre puede ser más impactante que los acuerdos concretos. Brown señala que las imágenes de Putin junto a diversos líderes africanos son herramientas poderosas que las redes de influencia rusas pueden utilizar para moldear la percepción pública tanto en África como en el llamado Sur Global.
No obstante, los Gobiernos africanos no parecen estar alineándose estrictamente con un solo bloque. Tighisti Amare, directora del Programa para África de Chatham House, describe esta estrategia como una "no alineación diversificada". Bajo este enfoque, las naciones africanas evitan comprometerse exclusivamente con Moscú u Occidente, manteniendo vínculos con múltiples socios para diversificar sus riesgos y obtener mejores condiciones en sus acuerdos. Los motivos varían según el país: algunos buscan apoyo en seguridad, otros suministros agrícolas, inversiones energéticas o respaldo diplomático.
En el ámbito de la seguridad, Rusia ha logrado avances significativos en la región del Sahel, específicamente en Malí, Burkina Faso y Níger. En estos países, Gobiernos liderados por militares han recurrido al apoyo de Moscú tras romper relaciones con sus socios occidentales. Esta presencia militar se ha formalizado a través del Cuerpo Africano, una organización paramilitar que opera bajo el Ministerio de Defensa y la inteligencia militar rusa, asumiendo gran parte de las funciones que anteriormente desempeñaba el grupo Wagner tras el motín de 2023.
El Cuerpo Africano tiene presencia confirmada en Burkina Faso, la República Centroafricana, Guinea Ecuatorial, Libia, Malí y Níger, además de informes sobre instructores rusos en la República del Congo, Madagascar y Togo. Asimismo, Moscú aspira a establecer una presencia naval en el Mar Rojo mediante un proyecto de instalación en Sudán. A pesar de esto, los resultados operativos son mixtos; mientras que en Malí ayudaron a recuperar la ciudad de Kidal, la inseguridad general ha empeorado y las fuerzas rusas han sufrido pérdidas considerables.
En el plano económico, la influencia política de Rusia no se traduce proporcionalmente en volumen comercial. Moscú se ha fijado una nueva meta de comercio de más de 50.000 millones de dólares, superando el objetivo de 40.000 millones fijado en 2019. Sin embargo, estas cifras palidecen frente a los socios comerciales predominantes: China alcanzó aproximadamente 348.000 millones de dólares en intercambio con África en 2025, y la Unión Europea unos 395.000 millones.
A pesar de esta brecha, Rusia ha fortalecido lazos en la agricultura, exportando 13 millones de toneladas métricas de productos agrícolas y fertilizantes en los primeros nueve meses de 2026. En energía, destaca la construcción de la central nuclear de El Dabaa en Egipto por parte de Rosatom. Además, Putin ha impulsado la cooperación digital y la producción local de vacunas, aunque expertos advierten que esto requerirá inversiones y personal cualificado para materializarse.
Un ejemplo del potencial militar ruso es el acuerdo con Etiopía, donde el primer ministro Abiy Ahmed confirmó la recepción de cazas Su-35 y la futura adquisición de cuatro sistemas de defensa aérea S-400. Este movimiento demuestra que Rusia puede suministrar armamento avanzado a pesar de las sanciones, aunque el acuerdo podría generar tensiones con Egipto debido a los conflictos por el Nilo.
Finalmente, la cumbre no ha estado exenta de controversias. Amnistía Internacional ha documentado casos de ciudadanos africanos presuntamente reclutados mediante engaños y coacción para luchar en la guerra de Ucrania, calificando algunos casos como trata de personas. Rusia ha negado estas acusaciones, afirmando que cualquier extranjero que se una a sus fuerzas lo hace de manera voluntaria.
La reunión concluyó con una declaración conjunta, un acuerdo sobre inteligencia artificial civil y un plan de acción para el periodo 2027-2029, además de un marco de cooperación con la Comisión de la Unión Africana que, aunque abarca diversas áreas, no es jurídicamente vinculante.






