La preocupación por la posibilidad de nuevos cortes en el suministro de agua potable en Lima y Callao ha vuelto a emerger entre la población. Este temor está estrechamente vinculado a la posible llegada del fenómeno El Niño y al recuerdo de las severas restricciones que afectaron a la capital durante los huaicos ocurridos en el año 2017. Ante este panorama, la empresa Sedapal ha informado que ha implementado diversas medidas de refuerzo en sus plantas y sistemas de captación para mitigar el impacto de la alta turbiedad del río Rímac.
La entidad prestadora de servicios de agua aseguró que, tras las emergencias registradas en 2017, procedió a reforzar sus sistemas de captación, tratamiento y distribución. Durante aquella crisis, el ingreso de un huaico a la planta de Huachipa, sumado al arrastre masivo de lodo y diversos residuos por el cauce del río Rímac, afectó significativamente la producción de agua potable, obligando a la empresa a restringir el servicio en diversas zonas de la ciudad.
Polo Agüero, coordinador del Plan de Emergencia frente al fenómeno El Niño de Sedapal, explicó que la estrategia actual ha sido diseñada considerando el escenario más desfavorable. En declaraciones brindadas a Exitosa Noticias, el funcionario sostuvo que se han implementado todas las mejoras necesarias para garantizar que los procesos de captación, tratamiento y posterior distribución de agua no se vean comprometidos por los eventos climáticos.
El temor de los usuarios tiene un fundamento técnico basado en lo sucedido durante el fenómeno El Niño costero de 2017. En aquel periodo, la planta de Huachipa sufrió daños directos luego de que un huaico ingresara a sus instalaciones, dañando los sedimentadores y provocando la interrupción de la producción por varios días. Por otro lado, aunque la infraestructura de La Atarjea no sufrió daños estructurales directos, la extrema turbiedad del río Rímac limitó la capacidad de captación. El agua llegaba cargada de barro, basura y otros sólidos que elevaban los niveles de partículas por encima de lo que la planta podía procesar en ese momento.
Sobre este punto, Agüero detalló que los huaicos de aquel entonces alcanzaron picos de turbiedad de entre 200,000 y 300,000 NTU (Unidad Nefelométrica de Turbidez). Dado que la planta solo podía operar con niveles de hasta 10,000 NTU, la acumulación de lodo y sedimentos obligó a restringir la captación para evitar el colapso del sistema de tratamiento.
Para revertir esta vulnerabilidad, Sedapal informó que ha triplicado su capacidad de tratamiento, permitiendo ahora captar agua con niveles de turbiedad de hasta 30,000 NTU. El coordinador señaló que, debido a que los huaicos no mantienen una carga de sedimentos constante durante todo su recorrido, la planta puede aprovechar los intervalos en los que la turbiedad desciende para mantener el flujo de captación.
Otra mejora fundamental ha sido la modernización del sistema de compuertas de la bocatoma. Anteriormente, el proceso de apertura tomaba aproximadamente media hora. Actualmente, según indicó Agüero, este proceso se puede realizar en tan solo cinco minutos. Esta rapidez es crucial, ya que permite dejar pasar los sólidos arrastrados por la corriente del río y recuperar la captación de agua con una velocidad mucho mayor.
En cuanto a la protección física, la entidad ha asegurado las márgenes derecha e izquierda de la planta de Huachipa y ha culminado los trabajos de descolmatación en el cauce del río Rímac. Estas obras están orientadas a reducir el riesgo de que un nuevo huaico logre ingresar a la infraestructura crítica de la planta. Además, la empresa cuenta con los estanques reguladores 1 y 2, que almacenan más de 1.5 millones de metros cúbicos de agua, una reserva estratégica que ayudaría a sostener el servicio en caso de interrupciones puntuales en la captación.
El plan integral de Sedapal contempla más de 100 actividades diseñadas para enfrentar los impactos previstos. Para diversificar el abastecimiento, la empresa no depende únicamente de La Atarjea y Huachipa. Cuenta también con una planta en el río Chillón que produce dos metros cúbicos por segundo, además de operar más de 400 pozos en su jurisdicción, de los cuales cerca de 200 se encuentran en producción constante.
A esto se suma la planta desaladora Provisur, ubicada en Santa María del Mar, que posee una capacidad de 400 litros por segundo y atiende a cuatro balnearios del sur de Lima. Polo Agüero resaltó que la desalinización es una de las alternativas clave para ampliar la oferta hídrica en una ciudad con recursos limitados, mencionando que existen proyectos en ProInversión para instalar plantas de mayor capacidad que puedan atender a zonas más extensas de la capital.
Finalmente, Sedapal mantuvo la advertencia sobre la importancia del uso responsable del recurso. Se recordó que Lima depende del almacenamiento de agua en lagunas situadas en las zonas altas y de su posterior trasvase hacia la cuenca del Rímac, por lo que se recomendó a la ciudadanía mantener hábitos de ahorro de agua, independientemente de la emergencia climática.






