La contienda por el Senado en Alaska se ha convertido en el centro de una intensa disputa política luego de que saliera a la luz un informe que sugiere maniobras tácticas por parte de sectores aliados a la candidata demócrata Mary Peltola. Según la información revelada por el New York Times, se habría intentado confundir al electorado en la lucha contra el republicano Dan Sullivan, quien busca la reelección, mediante el reclutamiento de un segundo candidato que comparte el mismo nombre.
Esta situación ha sido aprovechada inmediatamente por el presidente Donald Trump, quien ha encontrado en este episodio una oportunidad para desviar la atención pública de temas críticos para su administración, como sus bajos índices de aprobación, el incremento en los precios de la gasolina y el conflicto bélico con Irán, en el marco de las elecciones intermedias. A través de su plataforma Truth Social, Trump calificó los hechos como "fraude electoral del más alto nivel", exigiendo que la candidata Peltola fuera retirada de la boleta y procesada legalmente.
Desde la perspectiva institucional de Alaska, los funcionarios electorales han sido claros al desmarcarse de cualquier intervención federal. Sam Curtis, portavoz de las autoridades electorales del estado, afirmó que la inclusión de candidatos en la boleta es una cuestión regida estrictamente por la ley estatal y no federal, subrayando que la administración Trump no tiene potestad en estas decisiones.
A pesar de que las tácticas descritas son vistas como reprobables, la evidencia disponible sugiere que no han sido ilegales. De hecho, la Corte Suprema estatal ya había rechazado en junio una solicitud para eliminar de la papeleta a Daniel J. Sullivan, un profesor jubilado, quien figura junto al senador Dan S. Sullivan. Además, la boleta electoral identifica claramente al senador republicano en ejercicio, lo que reduce la probabilidad de que los votantes de Alaska, conocidos por su experiencia en sistemas de votación complejos, resulten confundidos.
Sin embargo, el impacto político parece superar al legal. Donald Trump, quien ha sostenido narrativas sobre fraude electoral desde 2020, utiliza ahora este caso para reforzar la idea de que los demócratas actúan con corrupción. Por su parte, el senador Dan Sullivan ha aprovechado el espacio en Fox News para acusar a Peltola de trabajar con operadores políticos de Washington para engañar a sus electores, instándola a aclarar lo sucedido.
En el ámbito jurídico, la situación ha escalado. El Departamento de Justicia, siguiendo instrucciones del presidente, presentó una demanda para bloquear la certificación de los resultados en Alaska si el senador Sullivan perdiera. El secretario de Justicia, Todd Blanche, sostuvo que, aunque la acción podría no ser ilegal actualmente, "debería serlo", justificando así la intervención de las fuerzas del orden y la intensificación de la batalla legal.
El abogado electoral Ben Ginsberg ha calificado la estrategia de la campaña de Peltola como "torpe y vergonzosa" desde el punto de vista político, aunque reiteró que no existe ilegalidad, señalando que la creación de "candidatos fantasmas" es una práctica que probablemente ambos partidos han empleado en el pasado.
El contexto de esta disputa es particularmente tenso debido a que Peltola se posiciona favorablemente en las encuestas; un sondeo de New York Times/Siena la ubica con un 51% frente al 45% de Sullivan. Esta ventaja hace que los republicanos argumenten que los demócratas recurren a estas tácticas porque no pueden ganar una elección justa basada únicamente en sus propuestas políticas.
La controversia revive el clima de confrontación que ha marcado la democracia estadounidense en la última década. Mientras que los demócratas denuncian que la democracia está bajo asedio por Trump, los republicanos señalan la hipocresía de sus oponentes ante las maniobras en Alaska. El riesgo final es que, si los republicanos pierden sus mayorías en el Congreso, Trump podría utilizar el caso de Alaska para alegar un fraude generalizado y cuestionar la legitimidad de los resultados.
Si el escaño de Alaska resulta decisivo para el control del Senado, la posibilidad de impugnaciones judiciales y el caos en el Capitolio parecen escenarios plausibles, especialmente considerando que el presidente ha condicionado el reconocimiento de los resultados a que estos sean considerados "justos".






