La Asamblea General de las Naciones Unidas llevó a cabo la trigésimo cuarta votación sobre la resolución referida al bloqueo impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. El proceso electoral, que se desarrolló en la sede del organismo, estuvo marcado por un entorno de intensas presiones, tácticas de intimidación y chantajes ejercidos por la administración estadounidense sobre diversos Estados miembros de la organización internacional.
El resultado final de la votación reflejó un amplio respaldo a la causa cubana, obteniendo un total de 130 votos a favor, mientras que 17 Estados votaron en contra y 25 se mantuvieron en abstención. Esta cifra ratifica que la mayoría de la comunidad internacional continúa reconociendo la ilegitimidad y la ilegalidad de la política de cerco unilateral aplicada contra la isla.
El embajador Pedro Luis Pedroso Cuesta, integrante de la delegación cubana, manifestó sentirse profundamente orgulloso por el respaldo recibido. En declaraciones brindadas a Prensa Latina, el diplomático señaló que este resultado es una victoria para el pueblo cubano, para quien se trabaja, y que evidencia la resistencia de la nación frente a las adversidades. Pedroso Cuesta calificó la votación como una victoria clara y rotunda, subrayando que el apoyo internacional no solo condena el bloqueo, sino que reconoce cómo esta política afecta negativamente a otros Estados más allá de las consecuencias directas producidas en Cuba.
Asimismo, el embajador destacó que este respaldo se alcanzó a pesar de las campañas más aviesas y de las presiones más violentas desplegadas contra los países miembros para alterar su postura tradicional. En el mismo sentido, otros integrantes de la Misión de Cuba en la ONU, incluyendo familiares del colectivo, expresaron un sentimiento compartido de orgullo por su nacionalidad y valoraron los 130 votos como un pronunciamiento digno basado en la verdad.
Por su parte, el canciller y jefe de la delegación cubana, Bruno Rodríguez Parrilla, utilizó su intervención ante el plenario, la víspera de la votación, para denunciar la gravedad de las agresiones actuales. El ministro subrayó que la agresión incluye un bloqueo de combustible, el cual calificó como un bloqueo naval. Según Rodríguez Parrilla, esta medida constituye un acto de guerra, un castigo colectivo y un acto de genocidio, acciones que se encuentran proscritas por el Derecho Internacional.
El canciller detalló que las consecuencias de estas medidas recaen directamente sobre la población, limitando sus derechos humanos fundamentales y convirtiendo necesidades básicas en instrumentos de coerción política. Rodríguez Parrilla enfatizó que los efectos del bloqueo son tangibles en la vida cotidiana de los ciudadanos, llegando hasta la mesa de las familias cubanas, la cama de los enfermos, los quirófanos, los procesos de parto, la alimentación, las aulas escolares, así como afectando el suministro de electricidad, agua potable y la disponibilidad de medicamentos, además de encarecer los bienes indispensables para la vida.
Durante su discurso, el jefe de la delegación cubana recordó que, aunque la Asamblea General se ha pronunciado sobre este tema desde 1992, la votación actual ocurre en un escenario nuevo y extraordinario. Denunció que las presiones ejercidas sobre los Estados miembros, mediante exigencias coercitivas, inmorales e injustificadas, tenían como objetivo que estos cambiaran su posición histórica y soberana, la cual han mantenido de manera coherente durante décadas.
Finalmente, el texto destaca que el cerco unilateral, el cual ha sido recrudecido a niveles sin precedentes durante el segundo mandato de Donald Trump, no logró doblegar la voluntad de la mayoría de las naciones. Tras dos días de debates, la resolución fue aprobada, consolidando el reclamo justo de Cuba ante la comunidad internacional y reafirmando la posición de los Estados que se oponen a las medidas coercitivas unilaterales.


