Un nuevo estudio realizado por la NASA ha revelado que las actividades humanas están modificando la distribución del agua en al menos 40 regiones de todo el planeta. A través de observaciones satelitales recopiladas entre los años 2002 y 2025, un equipo de investigadores ha logrado identificar cambios significativos asociados a la irrigación, la construcción de presas, la explotación de acuíferos y la transformación de la vegetación natural.
El agua terrestre se desplaza de manera continua en un ciclo que involucra la atmósfera, los ríos, los lagos, los suelos y los reservorios subterráneos. Sin embargo, el estudio destaca que la intervención humana altera esta dinámica natural. Al extraer agua para fines agrícolas, edificar represas o modificar los paisajes naturales, se producen transformaciones en el almacenamiento hídrico que pueden persistir durante décadas, rompiendo el equilibrio del ciclo natural.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron los cambios en el almacenamiento total de agua continental, lo que incluye las aguas superficiales, las reservas subterráneas y la humedad del suelo. El mapa resultante, divulgado por la NASA el 20 de octubre de 2026, señala las áreas donde estas variaciones presentan relaciones estadísticamente significativas con la acción humana.
La investigación identificó que, en las 40 regiones afectadas, las pérdidas acumuladas de agua alcanzaron las 3.122 gigatoneladas, mientras que las ganancias sumaron 2.432 gigatoneladas. El hecho de que las pérdidas superen a los aumentos revela desequilibrios regionales importantes en la gestión y disponibilidad del recurso hídrico. Además, la nueva metodología empleada permitió obtener estimaciones de variación que son, en promedio, un 33% mayores que las obtenidas mediante análisis convencionales.
Los impactos fueron detectados en todos los continentes no polares, con la única excepción de Australia, donde el análisis no mostró asociaciones estadísticas equivalentes.
El sistema de detección se basa en las misiones GRACE y GRACE-FO, que utilizan pares de satélites orbitando la Tierra. El funcionamiento técnico consiste en medir la distancia entre las dos naves espaciales; cuando pasan sobre regiones con diferentes cantidades de masa, se producen pequeñas alteraciones en la gravedad que modifican dicha distancia, permitiendo así medir la redistribución del agua. Es importante precisar que esta técnica no fotografía directamente los acuíferos, sino que identifica variaciones de masa que, tras un procesamiento científico, permiten estimar los cambios en el almacenamiento hídrico. Gracias a la combinación de miles de observaciones, los mapas actuales poseen una resolución espacial entre cinco y diez veces más detallada que los análisis previos.
El estudio fue publicado en septiembre de 2026 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Fue conducido por los investigadores Mary Michael O’Neill, Matthew Rodell y Bryant Loomis, vinculados a la Universidad de Maryland y al Goddard Space Flight Center de la NASA. El equipo integró los datos gravitacionales con información sobre precipitaciones, sequías, irrigación, agricultura, deforestación y almacenamiento en reservorios. Mediante modelos estadísticos, evaluaron la contribución de cada factor para distinguir las asociaciones humanas de las variaciones climáticas, aunque aclararon que no todas las relaciones identificadas pueden interpretarse como una causalidad directa.
En cuanto a los casos específicos, la investigación señala que en California y el norte de la India existe una fuerte relación entre la explotación de aguas subterráneas para riego y las pérdidas prolongadas de agua. En sentido opuesto, algunas áreas agrícolas de Maranhão y de la África subsahariana registraron aumentos en sus reservas asociados a transformaciones en el uso de la tierra.
Asimismo, las grandes obras de infraestructura dejaron huellas claras. El reservatório de Boguchany, en Rusia, mostró un aumento expresivo en su almacenamiento. Por otro lado, en Turkmenistán, las infiltraciones provenientes del canal Karakum contribuyeron a modificar la distribución del agua en una zona desértica.
Este mapeo representa una herramienta fundamental para mejorar el seguimiento de los acuíferos, las grandes represas y las zonas agrícolas, especialmente en regiones donde no existen mediciones terrestres regulares. La identificación de alteraciones persistentes puede orientar la toma de decisiones sobre el abastecimiento, la irrigación y la protección de las reservas hídricas.
No obstante, los investigadores reconocen ciertas limitaciones técnicas: el aumento de la resolución espacial conlleva una reducción en parte del detalle temporal. Ante esto, el equipo planea combinar diferentes productos satelitales para monitorear cambios vinculados a políticas de gestión y sequías, subrayando que comprender el ciclo del agua requiere un análisis conjunto del clima y las intervenciones humanas.




