ÚLTIMA HORA

Cobertura 24 h · Redacción propia · domingo, 25 de octubre de 2026 · App oficial en Google Play

Menú

Washington reactiva la revocación de visas como herramienta contra la corrupción en América Latina

Hace veinte años, cuando servía en la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua, empezamos a utilizar con particular intensidad una herramienta de política exterior que, a primera vista, podía parecer menor: la cancelación de visas. Entre nosotros incluso surgió un verbo, “desvisar”, y no tardamos en hablar de los “los desvisados”. Había algo de humor […] La entrada Los “desvisados” están de vuelta se publicó primero en Confidencial.

Audionoticia

Escucha el reporte completo

Washington reactiva la revocación de visas como herramienta contra la corrupción en América Latina

La administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha retomado con fuerza la revocación de visas como un instrumento de política exterior para combatir la corrupción, el narcotráfico y aquellas conductas que, según la visión de Washington, afectan la estabilidad de los gobiernos e instituciones democráticas en América Latina. En una reciente aplicación de esta medida, han sido designados ciudadanos de Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú, marcando un retorno a una estrategia que busca imponer costos personales y reputacionales a figuras de poder en la región.

Steven Hendrix, abogado y ex alto funcionario del Gobierno de los Estados Unidos con amplia experiencia en América Latina y ex asesor principal para Sudamérica en la USAID, analiza esta tendencia basándose en su experiencia previa en la Embajada estadounidense en Nicaragua. Según Hendrix, hace dos décadas ya se utilizaba intensamente la cancelación de visas, al punto de acuñar el término "desvisar" para referirse a quienes perdían el acceso al territorio estadounidense. Aunque pueda parecer una decisión consular menor, para ciertos círculos políticos y económicos, perder la visa implica consecuencias que trascienden lo administrativo, afectando la reputación y los vínculos familiares.

El análisis destaca que las restricciones de visa no sustituyen una investigación penal ni constituyen una prueba definitiva de la comisión de un delito. Sin embargo, cuando estas medidas están respaldadas por información seria y se aplican de manera coherente, se convierten en un mecanismo eficaz para presionar a personas que, en sus propios países, suelen sentirse blindadas por su poder político, económico o institucional. La verdadera fuerza de esta herramienta radica en el impacto político y social, ya que para muchas élites latinoamericanas, el acceso a Estados Unidos es fundamental para mantener negocios, redes profesionales, estudios y un determinado estatus social.

Un caso particularmente relevante en la actualidad es el de Bolivia, donde la medida ha generado un impacto significativo debido al número de personas afectadas. Entre ellas destaca el fiscal general, Roger Mariaca, a quien Washington acusa de corrupción. Mariaca ha rechazado las acusaciones, mientras que las autoridades bolivianas han solicitado la información que sustenta dicha decisión. Hendrix considera que esta reacción es la adecuada, ya que evita aceptar la palabra de Estados Unidos como una sentencia definitiva, pero también evita descartar la acusación simplemente por provenir de un gobierno extranjero.

No obstante, el uso de esta herramienta conlleva riesgos y cuestionamientos sobre su imparcialidad. El análisis advierte que no se debe presumir automáticamente que los motivos declarados por Washington coincidan siempre con los reales. Existe la preocupación de que la política de visas sea utilizada de manera selectiva, beneficiando a aliados y castigando a adversarios políticos, lo que restaría credibilidad a la lucha contra la corrupción. Por ello, es fundamental evaluar quién impone las restricciones, bajo qué criterios y con qué evidencia.

Hendrix menciona que, en el pasado, se ha planteado que la política sería más eficaz si incluyera a familiares inmediatos de los funcionarios sancionados. El objetivo no sería atribuir culpabilidad a los parientes, sino aumentar la presión sobre el funcionario, quien podría presentar su propia sanción como una bandera política o victimizarse, pero cuya ecuación cambia cuando su familia depende del acceso a Estados Unidos para viajar o estudiar.

Es crucial diferenciar la revocación de visas de otras herramientas de política exterior. Negar o revocar una visa es una decisión migratoria soberana y no equivale a la congelación de activos, sanciones financieras, investigaciones criminales o solicitudes de extradición. Aunque una misma persona pueda ser objeto de varias de estas medidas, cada una posee fundamentos jurídicos y procedimientos distintos. La restricción de la visa suele ser la primera señal visible de que Washington posee información preocupante sobre un individuo.

Finalmente, el efecto de estas medidas suele trasladarse al ámbito interno de los países afectados, provocando debates legislativos, pedidos de investigación y cuestionamientos sobre la actuación de las autoridades nacionales. Desde la perspectiva de Estados Unidos, esta es una herramienta atractiva porque es económica, rápida de implementar y no requiere ejercer jurisdicción penal sobre actos cometidos en el extranjero, basándose simplemente en el control soberano de sus fronteras. La eficacia a largo plazo de esta política dependerá de la coherencia en su aplicación y de la capacidad de las instituciones latinoamericanas para investigar los hechos denunciados.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.