Cerca de 7 millones de ciudadanos israelíes están convocados a las urnas el próximo 27 de octubre para participar en unos comicios que definirán el rumbo político, económico y social del país. Estas elecciones representan el primer proceso electoral desde el ataque liderado por Hamás el 7 de octubre de 2023, el más mortífero en la historia de la nación, lo que convierte la jornada electoral en un referéndum directo sobre la gestión y la permanencia en el poder del primer ministro Benjamin Netanyahu.
Uno de los ejes centrales de la campaña es la rendición de cuentas por la brecha de seguridad que permitió la ofensiva de Hamás, la cual resultó en la muerte de más de 1.200 personas. Sectores amplios de la sociedad israelí exigen la creación de una comisión de investigación independiente para identificar a los responsables, una demanda que el gobierno actual ha rechazado sistemáticamente. En contraposición, Netanyahu ha propuesto la instauración de una instancia cuyos miembros sean designados por los partidos con representación parlamentaria.
Gadi Eisenkot, principal rival político de Netanyahu y ex alto mando militar, ha hecho un llamado a los electores para buscar un giro político y jubilar al veterano primer ministro. Eisenkot acusa a Netanyahu de ser el responsable de la agresión cometida por Hamás, señalando que el mandatario habría ignorado alertas previas emitidas por los servicios de seguridad de Egipto y los Emiratos Árabes Unidos. Por su parte, Netanyahu ha negado estas acusaciones, sosteniendo que los servicios de seguridad no lo despertaron la mañana en que se inició la ofensiva.
El escrutinio sobre el primer ministro también se extiende a sus relaciones pasadas con el gobierno de Catar, sede de la oficina política de Hamás y un apoyo financiero clave para el movimiento. Durante años, Israel permitió el envío de millones de dólares a Gaza, decisión que hoy es criticada por haber reforzado financieramente a Hamás.
En términos de seguridad, el país atraviesa una transformación profunda. Durante décadas, la doctrina israelí se basó en el tríptico de inteligencia, disuasión y guerras relámpago, un modelo que quedó desarticulado tras el 7 de octubre. Actualmente, el gobierno defiende una estrategia de prevención permanente que implica campañas militares a largo plazo y la ocupación de zonas en Gaza, Líbano y Siria, además de operaciones recurrentes en Cisjordania y ataques contra Irán y los combatientes hutíes en Yemen.
Sin embargo, la sostenibilidad de esta estrategia es cuestionada. La movilización repetida de decenas de miles de reservistas ha impactado gravemente en sus vidas familiares y profesionales, mientras el ejército advierte sobre la falta de efectivo militar. Ofer Shelah, del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), resume que Israel ha pasado de una lógica de disuasión y prosperidad entre guerras a una sociedad que vive permanentemente entre la espada y la pared. Esta situación ha deteriorado la imagen internacional de Israel debido a las consecuencias humanitarias, con 74.000 muertos contabilizados en Gaza por el Ministerio de Sanidad local y miles de víctimas en el Líbano.
Otro punto de fricción es la política de reclutamiento. Ante la necesidad de más soldados, el debate sobre la exención del servicio militar para los judíos ultraortodoxos ha cobrado fuerza. Este grupo representa más del 14% de la población y podría alcanzar el 25% a mediados de siglo, lo que incrementa su peso político. Mientras que los partidos ultraortodoxos cuentan con el respaldo del Likud de Netanyahu y sus aliados de extrema derecha, la oposición rechaza cualquier alianza con ellos y aboga por la inclusión de los estudiantes de escuelas talmúdicas en el servicio obligatorio. Eisenkot, quien perdió a un hijo en las operaciones de Gaza, ha criticado que Netanyahu defienda de manera descarada a quienes rechazan cumplir con su deber.
Estas tensiones se manifiestan también en el ámbito legislativo, con leyes recientes que permiten la separación de hombres y mujeres en algunas carreras universitarias y textos que enfatizan la importancia del estudio de la Torá. Para los sectores conservadores, esto refuerza el carácter judío de Israel, mientras que los detractores denuncian un control religioso creciente sobre la vida pública.
Finalmente, la economía es una preocupación transversal. A pesar de que el PIB se ha duplicado desde el año 2000, la tasa de desempleo es baja y la economía ha crecido durante la guerra, el costo de la vida es uno de los más altos del mundo. Los salarios medianos se sitúan por debajo del promedio de la OCDE, evidenciando una brecha social amplia causada por un mercado poco competitivo, barreras comerciales y la ausencia de una política de vivienda. Con el presupuesto de Defensa duplicado desde 2023 y el consecuente aumento de impuestos, todos los candidatos han incluido reformas para combatir el costo de la vida en sus programas electorales.





