Los integrantes del jurado del programa Fiebre de Canto han trasladado su capacidad de análisis y exigencia desde los escenarios musicales hacia las cocinas, participando en una edición especial de La Divina Comida: Desafío Duplas. Durante su aparición en el espacio, los reconocidos evaluadores demostraron que su química personal y profesional trasciende el ámbito de la música, poniendo a prueba sus habilidades gastronómicas frente a las cámaras.
En este encuentro, los jurados no solo compartieron momentos de convivencia, sino que también expusieron el paso a paso de un menú sofisticado, compuesto por una entrada refrescante, un plato principal contundente y un postre tropical. El despliegue culinario permitió a la audiencia conocer una faceta distinta de estas personalidades, quienes se enfocaron en la precisión de los ingredientes y la presentación de cada plato.
La experiencia gastronómica comenzó con la preparación de un Carpaccio de locos en espejo de palta. Para lograr la textura ideal de este plato, el proceso inició con el laminado de los locos, los cuales fueron cortados de manera vertical con el objetivo de obtener láminas más amplias y visualmente atractivas. En paralelo, se trabajó en la base del plato, procediendo a pelar y aplastar la palta mediante el uso de un tenedor hasta obtener una consistencia cremosa. A esta mezcla se le añadieron condimentos al gusto, mayonesa y unas gotas de jugo de limón, integrando todos los elementos hasta que la palta quedó lo más homogénea posible y libre de grumos.
Para el montaje final del carpaccio, se dispuso primero el espejo de palta en la base del plato. Sobre esta base, se colocaron las láminas de locos de forma ordenada. El toque final consistió en añadir gotas de limón, alcaparras y queso parmesano recién rallado, ajustando la cantidad según la preferencia del paladar.
Posteriormente, el menú avanzó hacia el plato fuerte: una Pasta con mariscos. La elaboración de este plato comenzó con la fase de preparación de los vegetales, lavando y picando en cubos pequeños el pimentón y la cebolla, además de lavar y rallar la zanahoria, dejando estos ingredientes reservados para el salteado. En un sartén a fuego medio-alto con aceite de oliva, se inició la cocción de la cebolla; una vez que esta cambió de color, se incorporaron el pimentón y la zanahoria. A esta base se le añadió pasta de ajo negro, sal y pimienta, manteniendo la cocción a fuego medio durante un periodo de entre 5 y 7 minutos.
La complejidad de sabores aumentó con la incorporación de los mariscos, los cuales se revolvieron durante 2 minutos, seguidos por la adición de camarones y vino blanco, permitiendo que la mezcla se cocinara por otros 3 a 4 minutos adicionales. Para finalizar la salsa, se agregaron tomates triturados y crema, retirando la preparación del fuego una vez que comenzó a hervir. La pasta se cocinó siguiendo estrictamente las instrucciones del envase. Para el emplatado, se sirvió la pasta en la base y se coronó con una porción de la salsa de mariscos, finalizando la presentación con queso parmesano recién rallado.
El cierre del menú estuvo a cargo de un Mousse de maracuyá. La técnica comenzó con la hidratación de gelatina en polvo en una pequeña cantidad de agua tibia, dejándola en reserva. Posteriormente, se utilizaron las funciones de una juguera para mezclar el resto de los ingredientes, incorporando finalmente la gelatina hidratada para asegurar la consistencia del postre. La mezcla se distribuyó en moldes individuales y se llevó a refrigerar por un tiempo mínimo de 6 horas. Para la presentación final, se decoró cada porción con un poco de pulpa de maracuyá sobre la superficie.
De esta manera, los jurados de Fiebre de Canto lograron demostrar que su talento es polifacético, cerrando una jornada donde la gastronomía y la complicidad fueron los ingredientes principales.





