El Departamento de Defensa de los Estados Unidos, conocido como el Pentágono, ha otorgado un permiso formal al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) para llevar a cabo pruebas con un rayo de calor de grado militar. El objetivo de esta medida es desarrollar tácticas operativas para su posible implementación en las misiones de control de la frontera sur del país. Esta decisión quedó plasmada en un memorando firmado el mes pasado por el secretario de Defensa, Pete Hegseth, según el documento obtenido por la cadena CNN.
La tecnología en cuestión se denomina oficialmente Sistema de Denegación Activa (ADS, por sus siglas en inglés). Se trata de un arma diseñada para ser no letal, la cual funciona mediante la emisión de un haz invisible de ondas electromagnéticas. Según las especificaciones proporcionadas por las fuerzas estadounidenses, este sistema es capaz de alcanzar objetivos a una distancia de casi un kilómetro.
El efecto del rayo de energía al entrar en contacto con la piel humana es inmediato: provoca una sensación de ardor intenso. Funcionarios del Pentágono han descrito esta experiencia comparándola con el calor extremo que se siente al abrir un horno caliente. Aunque los oficiales militares han señalado que el hormigueo resultante desaparece en un periodo de entre 10 y 15 minutos, el efecto principal es la generación de un impulso instintivo e irresistible de huir del área afectada.
La posibilidad de desplegar este sistema en la frontera estadounidense representaría una medida sin precedentes, incluso dentro del marco de la administración de Donald Trump, la cual ha mantenido una prioridad estricta en la seguridad fronteriza y el control migratorio. Si bien la solicitud original del DHS no detalló los lugares exactos ni la metodología de las pruebas, así como tampoco la forma en que se emplearía en el futuro, fuentes actuales y antiguas de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) han revelado que existen conversaciones internas desde hace años sobre el uso del ADS para dispersar multitudes en la frontera con México.
Además del ámbito fronterizo, un exfuncionario familiarizado con estas discusiones mencionó que se había considerado el despliegue de este sistema durante disturbios internos. Específicamente, se evaluó su uso al final del primer mandato del presidente Donald Trump, coincidiendo con las protestas sociales desencadenadas por el homicidio de George Floyd.
En cuanto a los términos legales y operativos, el memorando autoriza un “préstamo temporal” del sistema ADS por un periodo de siete meses, iniciando en septiembre. Un punto crítico del documento es la estipulación de que el sistema “no deberá ser operado por personal del Departamento de Guerra”. Esta cláusula parece estar diseñada para eximir al Pentágono de cualquier responsabilidad legal o administrativa sobre el despliegue final de la energía dirigida. El documento deja claro que el DHS es el único responsable del empleo, el uso y el desarrollo de todas las tácticas, técnicas y procedimientos relacionados con el sistema. Al concluir los siete meses, el DHS tendrá la opción de solicitar una extensión para continuar utilizando la tecnología en operaciones fronterizas si lo considera necesario.
Desde la CBP, un portavoz indicó en un comunicado que la agencia evalúa continuamente nuevas tecnologías que puedan fortalecer las capacidades de su misión y mejorar la eficacia operativa. Por su parte, el Pentágono ha declinado dar más detalles, remitiendo las consultas al DHS.
El historial del Sistema de Denegación Activa muestra que fue desplegado brevemente en Afganistán hace casi dos décadas, aunque finalmente se decidió no utilizarlo en operaciones de combate activas. Asimismo, se consideró su uso para el control de multitudes en instalaciones estadounidenses en el extranjero donde se mantenían detenidos terroristas, pero tampoco llegó a implementarse.
A pesar del interés actual, la implementación del ADS ha enfrentado diversos obstáculos. Las autoridades han debatido sobre la legalidad, las políticas de uso de la fuerza y la eficacia real del sistema. Un punto particularmente delicado es la cuestión de la soberanía, especialmente si el haz de calor fuera utilizado contra personas que aún se encuentran en territorio mexicano y no han cruzado la frontera.
No obstante, la preocupación primordial ha sido la seguridad física de los migrantes. Un exfuncionario de la CBP advirtió que, aunque el objetivo sea obligar a las personas a retroceder hacia el río, existe el riesgo de que estas, en su desesperación por huir del calor, terminen ahogándose. Además, se han cuestionado los costos, la capacitación requerida y si el esfuerzo justifica los resultados.
El sector de El Centro, que cubre aproximadamente 112 kilómetros de frontera, ya había evaluado el sistema hace años bajo la gestión de Rodney Scott, actual comisionado de la CBP. En aquel entonces, se debatía si el sistema podría disuadir los cruces ilegales o empujar a las personas fuera del agua, aunque existía la duda de si la incapacitación causada por la tecnología aumentaría el número de rescates necesarios.
Finalmente, el documento histórico refleja que en 2018, la entonces secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, rechazó la idea de usar el sistema contra inmigrantes. Según un exfuncionario del DHS, el motivo del rechazo fue que el uso de dicha arma implicaría tratar a los ciudadanos y migrantes como si fueran combatientes enemigos. Actualmente, algunos agentes de la Patrulla Fronteriza cuestionan la necesidad de esta herramienta, citando el aumento de personal y una disminución en el número de cruces.





