La curiosidad humana a menudo se desvía hacia interrogantes que, aunque parecen irrelevantes frente a las crisis globales, revelan aspectos fascinantes de nuestra organización geopolítica. Fue precisamente este impulso el que llevó a Nigel, un oyente de la BBC, a preguntarse qué porcentaje de la superficie de la Tierra no pertenece absolutamente a nadie. Para resolver esta incógnita, se recurrió a Mark Cooper Jones, geógrafo y miembro del dúo británico Map Men, quien advirtió que la respuesta depende enteramente de cómo se plantee la pregunta.
Si consideramos el planeta en su totalidad, el punto de partida lógico es el océano, ya que constituye la mayor parte de la superficie terrestre. Según el derecho marítimo internacional, cualquier zona que se encuentre a más de 200 millas náuticas (aproximadamente 370 kilómetros) de la costa de cualquier país se considera "alta mar". Este espacio está destinado al bien común de la humanidad, permitiendo que cualquier entidad realice investigaciones científicas o actividades de pesca.
Este concepto de mares libres tiene sus raíces en el siglo XVII, cuando el neerlandés Hugo Grocio escribió el tratado "Mare Liberum". El razonamiento de Grocio era sencillo: solo se puede poseer aquello que se agota con el uso, y dado que el mar es inmenso, es imposible que sea propiedad de alguien. De acuerdo con datos del Foro Económico Mundial, aproximadamente el 43% de la superficie de la Tierra cae bajo esta categoría de aguas internacionales.
Sin embargo, la situación cambia drásticamente cuando se analiza la tierra firme. Aquí entra en juego la doctrina de la "terra nullius", o tierra de nadie, que define a los territorios que no han sido reclamados ni ocupados por ningún Estado. Cooper Jones señala que este término fue utilizado de manera controvertida durante la era de la expansión colonial. En aquel entonces, potencias como Gran Bretaña, España o Austria etiquetaban como "terra nullius" regiones donde vivían personas, pero que no estaban organizadas como Estados-nación reconocibles, justificando así su apropiación.
En la actualidad, casi toda la superficie terrestre tiene un dueño, pero existen algunas excepciones notables. La más extensa se encuentra en la Antártida: la Tierra de Marie Byrd. Con más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados, es el territorio más grande del mundo que ningún país posee ni reclama formalmente. Fue bautizada hace un siglo por el explorador Richard Byrd en honor a su esposa, Marie.
A pesar de que el Tratado Antártico de 1959 congeló las reclamaciones territoriales para dedicar el continente a la paz y la ciencia, ni siquiera los países que presentaron reivindicaciones —como Argentina, Australia, Chile, Francia, Nueva Zelanda, Noruega y Reino Unido— ni potencias como Estados Unidos y Rusia han extendido sus pretensiones hacia la Tierra de Marie Byrd. La razón principal es su extrema lejanía y dificultad de acceso, aunque Cooper Jones advierte que esto podría cambiar si se descubren recursos valiosos o si el deshielo facilite el acceso.
Más allá de la Antártida, existen paradojas geopolíticas donde los países renuncian a la tierra para obtener un beneficio mayor. Un ejemplo es Bir Tawil, situado entre Egipto y Sudán. Debido a dos trazados fronterizos británicos distintos (uno recto de 1899 y uno curvo de 1902), existe una disputa por el triángulo de Hala'ib. Como ambos países desean Hala'ib, rechazan Bir Tawil; pues reclamar este último implicaría reconocer la frontera que les daría la razón al adversario sobre el territorio más valioso. Esto convirtió a Bir Tawil en una terra nullius de facto, lugar donde el estadounidense Jeremiah Heaton intentó fundar un país en 2014 para que su hija fuera princesa, aunque sin reconocimiento internacional.
Otro caso similar ocurre entre Croacia y Serbia en Gornja Siga. El cauce del río Danubio fue modificado por obras de ingeniería, creando una discrepancia entre los mapas antiguos y la realidad geográfica. Croacia sostiene que la frontera sigue el trazado antiguo, mientras que Serbia afirma que es el curso actual del río. Al igual que en Bir Tawil, aceptar la propiedad de Gornja Siga obligaría a uno de los Estados a renunciar a territorios más extensos.
En este vacío legal, el político checo Vít Jedlička fundó en 2015 la micronación de Liberland, un proyecto libertario. Aunque Jedlička vende ciudadanías digitales y afirma tener una población permanente, la policía croata impide el acceso físico al terreno y demuele cualquier campamento provisional.
En conclusión, aunque el 43% del planeta sea "de nadie" debido a los océanos, la tierra firme sin dueño es mínima. Sumando la Antártida y los casos paradójicos de Bir Tawil y Gornja Siga, la superficie terrestre sin soberanía representa menos de un tercio del 1% del total de la tierra.





