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Alarma en el rural gallego: manantiales caen al 5% de su caudal y miles de casas sufren cortes de agua

La sequía sigue pasando factura al abastecimiento de agua en el rural de Galicia pese a la llegada del otoño y ha llevado a la Xunta a declarar la situación de sequía prolongada en toda la demarcación Galicia-Costa.

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Alarma en el rural gallego: manantiales caen al 5% de su caudal y miles de casas sufren cortes de agua

La persistente falta de precipitaciones continúa impactando severamente el abastecimiento de agua en las zonas rurales de Galicia. A pesar de la llegada del otoño, la gravedad de la situación ha llevado a la Xunta de Galicia a declarar formalmente la situación de sequía prolongada en toda la demarcación Galicia-Costa. Esta escasez hídrica ha provocado una reducción drástica en el caudal de numerosos manantiales, el agotamiento total de algunas captaciones y la implementación de restricciones obligatorias en diversas comunidades vecinales.

Según los datos recopilados por Coxapo, la Asociación de Traídas de Auga de Galicia, aproximadamente una de cada diez traídas asociadas a la entidad está enfrentando dificultades que obligan a limitar el suministro. En la provincia de Pontevedra, se estima que hasta 9.000 viviendas se encuentran actualmente en esta situación crítica, viéndose obligadas a soportar cortes de suministro durante las horas nocturnas. La vulnerabilidad es especialmente alta en aquellos sistemas que dependen de fuentes superficiales, donde algunos manantiales apenas conservan el 5 % de su caudal habitual.

Rafael Carrera Díaz, fundador de Coxapo, ha advertido sobre la disparidad en la pérdida de caudal. Según explica, mientras que algunos manantiales producen actualmente el 35 % de su flujo normal, aquellos más superficiales han descendido hasta el 5 % o, en los casos más graves, se han secado por completo. A pesar de este escenario, la asociación señala que la mayoría de las comunidades vecinales aún logran garantizar el abastecimiento doméstico, aunque lo hacen operando con volúmenes de agua sensiblemente inferiores a los habituales y aplicando medidas extremas de ahorro.

Más allá de la crisis hídrica, Coxapo destaca la dimensión económica de estas redes de suministro rural. La entidad calcula que las comunidades movilizan más de 10,8 millones de euros a través de cuotas y derramas vecinales. Esta inversión privada es fundamental para sostener un modelo de suministro que, en la práctica, evita costes significativos de explotación y mantenimiento a las administraciones públicas.

El problema se manifiesta de manera desigual en el territorio gallego. Las zonas que generan mayor preocupación para la asociación incluyen O Morrazo, sectores específicos de Baiona, Gondomar y As Neves, así como las áreas de montaña de Ourense y diversos puntos de A Coruña. En estas regiones, la crisis se agrava debido a la combinación de tres factores críticos: el crecimiento de la población, el incremento del consumo y la dependencia de manantiales superficiales, los cuales son los primeros en resentirse cuando las lluvias faltan durante varios meses.

No obstante, Coxapo aclara que el agotamiento de una captación no se traduce automáticamente en que una comunidad se quede sin agua, ya que algunas cuentan con fuentes alternativas. De hecho, comparativamente, Pontevedra es la provincia donde se detectan proporcionalmente menos dificultades de suministro. Un ejemplo de ello es Tomiño, donde las traídas vecinales abastecen a casi todo el rural y solo un par de comunidades presentan problemas graves.

Las consecuencias para los vecinos ya son tangibles. Alrededor del 10 % de las comunidades asociadas a Coxapo han implementado medidas de ahorro, restricciones o cortes programados. En algunos casos, las dotaciones han caído hasta los 400 litros diarios por vivienda, un volumen que obliga a los residentes a controlar estrictamente el consumo y eliminar cualquier uso que no sea prioritario.

La asociación identifica que factores como el riego y el llenado de piscinas durante periodos de escasez agravan la crisis. Asimismo, las fugas en las redes de distribución juegan un papel negativo, ya que la sequedad prolongada puede provocar movimientos del terreno que resultan en roturas de tuberías.

Sin embargo, Rafael Carrera subraya que la falta de lluvia no es la única causa. Según el fundador de Coxapo, el 80 % de las comunidades con problemas carecen de contadores adecuados o no realizan un control efectivo de los consumos, lo que evidencia debilidades de gestión. "La sequía no es únicamente un problema de falta de agua, sino también de gestión", sostiene Carrera. En contraste, aquellas comunidades que han modernizado sus captaciones, instalado contadores y mejorado la detección de fugas están resistiendo mejor la escasez, logrando resolver más del 90 % de las incidencias abordadas gracias a sus sistemas de gestión de pérdidas.

Finalmente, la asociación advierte que las lluvias de otoño no supondrán una solución inmediata. Los acuíferos requieren tiempo para reponer sus reservas y los manantiales no recuperan su caudal automáticamente. Según la experiencia de Coxapo, tres meses de lluvias insuficientes reducen considerablemente la producción, y cuatro meses pueden llevar las captaciones a niveles históricamente bajos. Se estima que algunos manantiales pueden tardar entre uno y cuatro meses en recuperar sus caudales progresivamente. La principal preocupación actual no es solo el cierre del otoño, sino las condiciones en las que llegarán los manantiales a la próxima primavera y verano.

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