La región Lambayeque, situada en la costa norte del Perú y compuesta por las provincias de Chiclayo, Lambayeque y Ferreñafe, se encuentra en un estado de preparación y expectativa ante la llegada del papa León XIV. Para las autoridades locales y los residentes, la visita del sumo pontífice representa mucho más que un evento religioso; es una oportunidad estratégica para posicionar a la región como un destino turístico sostenible que pueda atraer visitantes mucho después de que concluyan las actividades litúrgicas.
La apuesta de la región es clara: lograr que el peregrino que asista a la misa campal o a los recorridos oficiales decida prolongar su estancia uno o más días. El objetivo es que los visitantes descubran la historia milenaria, las playas, el clima cálido y la renombrada gastronomía del norte peruano. Esta visión busca transformar la bendición del papa en una fuente de empleo y en un incremento de la ocupación hotelera que impulse el despegue turístico esperado durante años.
Sin embargo, este entusiasmo convive actualmente con horas de incertidumbre. El Vaticano informó recientemente sobre una afectación médica que sufrió el santo padre, quien fue sometido a una cirugía el pasado martes 13 de octubre en el Policlínico Gemelli de Roma. La intervención tuvo como fin extirpar un adenocarcinoma, un tumor canceroso localizado en el lóbulo inferior del pulmón derecho. Según los reportes trascendidos, la evolución de León XIV es favorable, lo que mantiene la esperanza de que no se cancele su primera visita oficial a países de América del Sur, que incluye a Uruguay, Argentina y Perú.
Para los habitantes de Chiclayo, la llegada del pontífice posee una carga emocional y simbólica particular. El papa León XIV, conocido anteriormente como Robert Francis Prevost, fue obispo de Chiclayo durante casi ocho años. Aunque su visita a los territorios que alguna vez lideró como "padre Roberto" durará solo 48 horas, el impacto turístico podría extenderse por décadas. David Cárdenas, subgerente de Turismo y Cultura de la Municipalidad de Chiclayo, ha comparado la importancia de este evento con el impacto mundial que tuvo en 1985 el descubrimiento arqueológico del Señor de Sipán, legado de la cultura Moche o Mochica.
La oferta turística que se presenta al mundo se resume en una fórmula de proximidad: cuatro mundos en 40 kilómetros. El itinerario propuesto comienza con la fe en la Catedral Santa María de Chiclayo. Posteriormente, el recorrido se traslada hacia el pasado arqueológico en el Museo Tumbas Reales de Sipán, en la ciudad de Lambayeque, donde se exhiben tesoros preincas como petos de concha Spondylus, narigueras de oro y joyas de bronce. Asimismo, se destacan las 26 pirámides de adobe del Museo de Sitio Túcume y el Santuario Histórico Bosque de Pómac en la provincia de Ferreñafe, el bosque seco con la mayor concentración de algarrobos por metro cuadrado del mundo, donde algunos ejemplares superan los cinco siglos de antigüedad.
El componente costero está representado por Pimentel, donde resalta el muelle más largo del Perú, con más de 780 metros de extensión. En sus aguas, los pescadores mantienen viva la tradición de los caballitos de totora, embarcaciones milenarias mochicas. Entre ellos destaca Mario Jesús Sánchez Galán, campeón de armado y velocidad en estas naves, quien ha dedicado tres décadas a la pesca en el Pacífico. A pesar de su maestría, Sánchez Galán enfrenta la realidad de que la fibra de totora es cada vez más escasa en Pimentel, debiendo buscarla en Huanchaco o Chimbote, y que sus tres hijos han optado por estudiar otras carreras, alejándose de la tradición ancestral.
Finalmente, la gastronomía se impone como un pilar fundamental de la visita. Los establecimientos locales, desde picanterías hasta carretillas, se preparan para ofrecer el arroz con pato a la chiclayana, el cebiche con zarandaja y tortita de choclo, y el seco de cabrito cocido en olla de barro. Como cierre, el King Kong de San Roque se mantiene como el postre emblemático, sumándose ahora la producción de souvenirs comestibles con la forma del papa León XIV, diseñados específicamente para esta visita apostólica.





