En el marco de la 30.ª edición del Precongreso ICBA 2026, celebrado en La Rural de Buenos Aires, especialistas argentinos e internacionales se reunieron para analizar las estrategias más efectivas en la prevención, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cardiovasculares, las cuales representan la principal causa de muerte a nivel global. Durante el encuentro, la doctora Ana Casanegra, especialista en medicina vascular e internista y profesora asociada de Mayo Clinic Rochester, analizó la estenosis de la arteria carótida y los hallazgos del estudio CREST 2.
La estenosis carotídea ocurre cuando se produce una obstrucción parcial del flujo sanguíneo en las arterias carótidas, ubicadas a ambos lados del cuello y encargadas del principal riego sanguíneo al cerebro. Esta condición es provocada por el crecimiento de placas de colesterol en las paredes de los vasos, lo que puede elevar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV). Según explicó la doctora Casanegra, aunque la presencia de estas placas aumenta el riesgo, no todas las personas afectadas sufrirán necesariamente un evento cerebrovascular.
Uno de los puntos centrales de la conversación fue el análisis del estudio CREST 2, una investigación diseñada para determinar la estrategia más adecuada para prevenir un ACV en pacientes que presentan estenosis carotídea pero que no han manifestado síntomas previos ni han tenido un ACV. Mientras que en pacientes sintomáticos la indicación suele ser la cirugía o la colocación de un stent, la conducta en personas asintomáticas no era clara hasta ahora. El estudio comparó el tratamiento médico intensivo solo, frente a este mismo tratamiento acompañado por un stent o una endarterectomía.
La doctora Casanegra detalló que el tratamiento médico intensivo evaluado incluyó un control riguroso de la presión arterial sistólica para mantenerla por debajo de 130 mmHg, el control del colesterol LDL para que sea inferior a 70 mg/dL, el abandono total del tabaquismo, el control de la diabetes y la administración de aspirina como agente antiplaquetario. Asimismo, se incorporaron cambios en el estilo de vida, brindando apoyo para la reducción de peso y la realización de actividad física.
Los resultados del estudio revelaron que el tratamiento médico moderno es sumamente eficaz, logrando que más del 94% o 95% de los pacientes asintomáticos se mantuvieran libres de eventos durante un periodo de cuatro años. En cuanto a las comparaciones, el uso de stents mostró una cantidad menor de ACV en comparación con el tratamiento médico solo durante ese periodo. Por otro lado, la diferencia entre la cirugía y el tratamiento médico no fue estadísticamente significativa, aunque la experta señaló que la cantidad de pacientes que explicó dicha diferencia fue reducida.
Ante estos datos, la especialista enfatizó que la elección del tratamiento ideal —ya sea médico, mediante stent o endarterectomía— debe ser individualizada, basándose en las características clínicas y anatómicas de cada paciente, así como en la experiencia del cirujano o intervencionista. La endarterectomía consiste en una operación mediante una incisión frontal en el cuello para extraer la placa y destapar la arteria. En casos donde la cirugía es peligrosa o el acceso es difícil, se recurre a la angioplastia carotídea con colocación de un stent, procedimiento que implica introducir una sonda con un globo desde la ingle hasta la zona de la obstrucción para expandir la arteria y colocar una malla metálica que la mantenga abierta.
La doctora Casanegra advirtió que la estenosis carotídea es en realidad parte de una enfermedad sistémica más amplia denominada aterosclerosis. Esta condición, caracterizada por el depósito de colesterol e inflamación en las paredes arteriales, puede afectar no solo las carótidas, sino también las arterias coronarias del corazón y las arterias de las piernas. Por ello, instó a que cualquier persona que haya sufrido un infarto o un ACV aborde sus factores de riesgo de manera integral.
Respecto a la prevención, la experta señaló que los factores más vinculados al colesterol elevado son la genética, los antecedentes familiares, la alimentación y el peso. Si bien el estrés puede aumentar la inflamación mediante la liberación de cortisol, aclaró que no es una causa directa del colesterol alto. La prevención fundamental debe incluir no fumar, mantener un peso saludable y realizar al menos 150 minutos de actividad física semanal.
Finalmente, la doctora subrayó la importancia de comenzar estos hábitos desde edades tempranas para evitar la pérdida de años preventivos. Sobre los chequeos, no recomendó realizar estudios de carótidas de forma rutinaria en toda la población debido a que los costos pueden superar los beneficios a largo plazo; en su lugar, sugirió centrarse en controles generales de presión arterial, diabetes y colesterol coordinados por el médico de cabecera.
El cierre del evento contó con la intervención de Santiago Ordoñez, cardiólogo del ICBA y director del Precongreso, quien recordó que las enfermedades cardiovasculares causan aproximadamente el 32% de las muertes globales, y que el 85% de estas se deben a infartos de miocardio y ACV. Por su parte, Alberto Alves de Lima, director médico del ICBA, destacó el compromiso de la institución con la educación y la innovación bajo el lema “Desarrollando la mejor red de medicina cardiovascular”.






