Una nueva y exhaustiva investigación ha puesto sobre la mesa la magnitud del impacto que los medios digitales tienen en la salud de los niños y adolescentes. Según un metaanálisis de 121 estudios internacionales publicado recientemente en la prestigiosa revista médica The Lancet, existe una correlación significativa entre el tiempo excesivo frente a las pantallas y el desarrollo de problemas graves de salud. Los datos revelan que aproximadamente el 20% de los casos de depresión y el 15% de los casos de obesidad entre los jóvenes están asociados con un uso desmedido de estos dispositivos.
Louise Holly, autora principal de la investigación y coordinadora de políticas e investigación del Laboratorio de Transformaciones Digitales para la Salud —un consorcio mundial con sede en Ginebra, Suiza—, sostiene que estos hallazgos ayudan a comprender que el uso de medios digitales en la infancia se ha transformado en un problema de salud pública. Debido a esto, Holly enfatiza que las autoridades sanitarias deberían supervisar y regular este fenómeno, subrayando que la responsabilidad de mitigar estos riesgos no debe recaer exclusivamente en los hombros de los padres.
Sin embargo, la investigación también aclara que los riesgos no se distribuyen de manera uniforme. Los jóvenes que presentan vulnerabilidades previas en su salud mental, aquellos que cuentan con menor apoyo fuera del entorno virtual y quienes poseen una baja alfabetización digital son los más propensos a sufrir daños. Es importante señalar que el estudio se basó frecuentemente en declaraciones de los propios niños sobre su consumo digital y, aunque se halló una asociación clara entre el uso de pantallas y los perjuicios a la salud, los investigadores indican que no se puede afirmar de manera definitiva que los medios digitales sean la causa única y directa.
A pesar de que la investigación sugiere que los efectos adversos superan a los beneficios en muchos casos, no se descarta que la tecnología pueda ser una herramienta positiva. Cuando el uso de los medios digitales es deliberado y cuenta con el apoyo y la supervisión de cuidadores, padres o tutores, puede fomentar la autonomía de los niños, permitirles explorar sus identidades, facilitar la búsqueda de información, brindar entretenimiento y ayudarles a establecer conexiones sociales.
Ante la dificultad de lograr que los menores reduzcan drásticamente su tiempo de conexión mediante simples advertencias, expertos sugieren cambiar el enfoque hacia un uso saludable. La Dra. Nicole Amoyal Pensak, psicóloga clínica y fundadora de Atlantic Coast Mind and Body, explica que los jóvenes se encuentran en un periodo crítico de vulnerabilidad y oportunidad debido al rápido desarrollo de su cerebro. Según Pensak, el cerebro juvenil es altamente plástico: las áreas que se utilizan se fortalecen, mientras que aquellas que se ignoran tienden a atrofiarse.
Para ayudar a los niños a gestionar este proceso, la Dra. Pensak propone una analogía basada en la conducción: los adultos deben enseñar a los menores a estar al volante de su propia mente, ayudándoles a "construir nuevas carreteras" neuronales y a deshacerse de aquellas que ya no les resultan útiles. Para ilustrar este concepto de "podar" hábitos cerebrales, la psicóloga utiliza un ejemplo sencillo en su consulta: ofrece ciruelas pasas a los niños; si no les gustan, aprenderán a evitarlas en el futuro. De la misma manera, los niños deben aprender a prestar atención a cómo se sienten, piensan y actúan mientras usan la tecnología. Por ejemplo, si una niña nota que compararse con otros en redes sociales afecta su autoestima, es el momento de realizar un reajuste y dejar de recorrer ese camino mental.
La recomendación final para los padres es actuar como "pastores" que guíen el camino, en lugar de limitarse a ser controladores del acceso a los dispositivos. Esto implica plantear preguntas reflexivas sobre el uso de las redes sociales y consumir contenido en conjunto. Se sugiere que los medios digitales no reemplacen las interacciones cara a cara, sino que las complementen, como al planificar reuniones sociales o conectar con personas de intereses afines de forma segura.
Asimismo, se incentiva el uso de la tecnología para el aprendizaje creativo, como tutoriales de tejido a ganchillo o actividades manuales, ya que realizar tareas activas con las manos puede reducir la ansiedad y la depresión. Incluso los videojuegos pueden ser beneficiosos cuando presentan desafíos que requieren esfuerzo para avanzar de nivel, lo que desarrolla la autoeficacia y la confianza del niño, fortaleciendo su cerebro de una manera saludable.






