Luces de la Torre Eiffel, cenas de gala y CEOs globales. El Gobierno argentino vivió su "Argentina Week" en Francia, un despliegue de pompa que buscaba atraer inversiones y consolidar alianzas políticas. Sin embargo, el cierre de la semana trajo un fuerte choque con la realidad: el riesgo país alcanzó los 655 puntos, el nivel más alto del año.
A pesar del clima de éxito y los 27.000 millones de dólares en anuncios de inversión, el objetivo político central quedó incompleto. El pacto con los trece gobernadores aliados no se cerró. En privado, el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el ministro Luis Caputo fueron enfáticos: necesitan un acuerdo definitivo este octubre para disipar dudas sobre el futuro político y evitar que las decisiones de inversión se detengan.
Pero la desconfianza persiste. Los mandatarios provinciales exigen claridad sobre la repartición de las listas para el Congreso y las elecciones locales antes de concretar cualquier convergencia. Mientras Karina Milei mantiene su línea de apoyo mutuo, los gobernadores no están dispuestos a entregar todo el control legislativo.
El brillo parisino tampoco ocultó las tensiones internas. Las declaraciones de Patricia Bullrich sobre sus aspiraciones personales y el tiempo de sus proyectos generaron ruido en el equipo oficialista, despertando dudas sobre una posible ruptura.
Al final, aunque el Gobierno calificó el evento como un éxito rotundo, en los despachos oficiales quedó la advertencia de que las fotos duran solo 24 horas y que el mercado sigue atento a los indicadores reales, más allá de la organización perfecta en Francia.
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