En la ciudad de Quito, un hombre de 41 años, identificado como ‘Juan’, vivió una experiencia que desafía las explicaciones convencionales tras someterse a un procedimiento médico urgente. Lo que comenzó como una solución necesaria para recuperar la visión de su ojo derecho, terminó convirtiéndose en una serie de vivencias nocturnas que lo dejaron aterrorizado durante varias semanas.
Hace aproximadamente cinco años, Juan recibió un trasplante de córnea en su ojo derecho. Si bien la cirugía fue exitosa desde el punto de vista clínico, el periodo de recuperación estuvo acompañado de un fenómeno perturbador. Tras la primera noche, que transcurrió con el dolor habitual derivado de la intervención quirúrgica, Juan comenzó a experimentar pesadillas recurrentes que se extendieron por un lapso de quince días.
Según el relato del paciente, sus sueños no eran imágenes difusas, sino que se presentaban con una claridad visual particular. Juan describe que veía las escenas como si estuviera observando un televisor que se encontraba roto por la mitad. En esa especie de pantalla fragmentada, aparecía repetidamente la Ruta Viva, una de las arterias viales más importantes que conecta la ciudad de Quito con los valles del oriente.
La secuencia de la pesadilla era siempre la misma: la imagen mostraba a un hombre circulando en motocicleta por dicha vía. El sueño culminaba invariablemente en el momento en que el motociclista sufría una caída violenta, instante preciso en el que Juan despertaba. Esta repetición constante durante dos semanas generó en el hombre una profunda inquietud y la necesidad de encontrar una explicación lógica a lo que estaba sucediendo.
En un principio, Juan no contaba con ninguna información sobre la identidad del donante de la córnea, ya que los protocolos médicos mantienen el anonimato. Sin embargo, con el paso de los días, comenzó a establecer una conexión entre las imágenes de sus sueños y un suceso real que conocía. Un amigo cercano, con quien solía compartir partidos de fútbol, tenía un hermano apodado ‘Gato’, quien había fallecido tiempo atrás en un siniestro de motocicleta ocurrido, precisamente, en la Ruta Viva.
Ante la impactante coincidencia, Juan decidió exponer su situación durante los controles médicos posteriores a la operación. Al principio, la doctora encargada de su seguimiento recibió sus comentarios con incredulidad. No obstante, ante la insistencia del paciente y la precisión de los detalles, la profesional le confirmó que, efectivamente, la persona que le había donado la córnea había fallecido en circunstancias idénticas a las que él describía en sus sueños. La médico se limitó a confirmar el hecho, explicando que, por política institucional, no se pueden proporcionar detalles adicionales sobre la identidad de los donantes de órganos.
Buscando una resolución a este estado de angustia, Juan acudió a un amigo que posee una formación dual como médico y shamán. Desde esta perspectiva, el especialista le explicó que en la naturaleza todo tiene un lugar asignado y que, en este caso, Juan poseía algo que no le pertenecía originalmente. La recomendación fue realizar un acto de agradecimiento hacia la persona que le había cedido parte de su cuerpo. El shamán le sugirió dedicar una oración al donante y pedirle formalmente que lo dejara tranquilo.
Tras seguir este consejo, Juan asegura que las pesadillas desaparecieron por completo. Aunque han transcurrido cinco años desde el incidente, la experiencia permanece grabada en su memoria como un evento difícil de explicar.
Por otro lado, la ciencia ofrece una perspectiva distinta. Andrés García, psicólogo y criminólogo, sostiene que no existe evidencia científica sólida que respalde la posibilidad de que un trasplante de córnea pueda transferir recuerdos, experiencias o sueños del donante al receptor. Según el especialista, las pesadillas recurrentes tras un procedimiento quirúrgico pueden ser el resultado de diversos mecanismos psicológicos, tales como el estrés, la ansiedad, el aprendizaje o asociaciones inconscientes.
García puntualiza que, incluso ante la coincidencia entre el contenido del sueño y la realidad del donante, esto no demuestra una transferencia de memoria. Desde la psicología, la explicación más sustentable sería una construcción asociativa del sueño o una simple coincidencia, descartando la transmisión de recuerdos a través del tejido ocular.





