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Súper El Niño frena la actividad en el Atlántico: primer septiembre sin huracanes en más de 30 años

El océano Atlántico no produjo ningún huracán durante el mes de septiembre por primera vez en más de 30 años, la hazaña de un súper El Niño que, según pronostican, será el más intenso jamás registrado.

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Súper El Niño frena la actividad en el Atlántico: primer septiembre sin huracanes en más de 30 años

El océano Atlántico ha registrado un fenómeno meteorológico inusual al cerrar el mes de septiembre sin la formación de un solo huracán. Esta situación ocurre por primera vez en más de tres décadas y es atribuida a la influencia de un súper El Niño que, según diversos pronósticos, se encamina a convertirse en el más intenso jamás registrado.

De acuerdo con los datos proporcionados por el Dr. Phil Klotzbach, experto en huracanes de la Universidad Estatal de Colorado, este evento es extremadamente raro. Desde que se iniciaron los registros oficiales en 1950, solo otros tres meses de septiembre habían transcurrido sin que se produjera un huracán en la cuenca del Atlántico: ocurrió en 1994, en 1972 y en 1962.

A pesar de la ausencia de huracanes, el Atlántico no se mantuvo en un estado de inactividad total. Durante el mes pasado se formaron tres tormentas tropicales. De estos sistemas, la tormenta tropical Fay fue la que estuvo más cerca de alcanzar la categoría de huracán; sus vientos quedaron a solo 6,4 km/h de lograr dicha intensidad. Debido a este margen tan estrecho, existe la posibilidad de que la tormenta Fay sea reclasificada una vez que el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos finalice su revisión.

El motor detrás de esta anomalía es el fenómeno del Niño, un patrón climático natural que eleva las temperaturas globales y provoca cambios atmosféricos capaces de alterar los patrones meteorológicos en diversas regiones del planeta. En esta ocasión, la intensidad de El Niño ha tenido un impacto directo y sofocante sobre la actividad tropical en el Atlántico.

Las estadísticas subrayan la anomalía de esta temporada. En promedio, una temporada normal produce siete huracanes, y para estas fechas ya deberían haberse registrado cinco. A modo de comparación, el año pasado se situó por debajo del promedio con un total de cinco huracanes, pero cuatro de ellos se habían formado antes de octubre, tres de los cuales ocurrieron precisamente en septiembre.

Septiembre es reconocido habitualmente como la época de mayor actividad, ya que es cuando las aguas cálidas que alimentan estas tormentas alcanzan su temperatura y extensión máxima, sumado a factores atmosféricos propicios. En condiciones normales, durante este mes se forman entre dos y tres huracanes.

Sin embargo, esta temporada ha sido frenada drásticamente. Ya se había superado el récord más fiable respecto a la espera más larga para la formación del primer huracán, y al iniciar octubre sin ninguno, se abre la posibilidad de un escenario aún más inusual: que toda la temporada en el Atlántico transcurra sin un solo huracán.

Aunque las temperaturas del agua han sido lo suficientemente cálidas para permitir el desarrollo de estos sistemas, la cizalladura del viento, impulsada por El Niño, ha actuado como la "kriptonita" de los sistemas tropicales. La cizalladura se define como los cambios en la velocidad y dirección del viento en diferentes niveles de la atmósfera, un fenómeno capaz de desintegrar desde sistemas tropicales incipientes hasta huracanes ya desarrollados.

Según el Dr. Klotzbach, la cizalladura ha alcanzado niveles récord desde el verano en la región principal de desarrollo del Atlántico, zona que se extiende desde África hasta el Caribe. Este sector es donde normalmente se originan la mayoría de las tormentas entre mediados de agosto y comienzos de octubre, pero este año ha permanecido prácticamente paralizado. Un ejemplo de ello fueron las tormentas tropicales Dolly y Gonzalo, los únicos sistemas formados en esta zona, los cuales fueron desintegrados por el muro de cizalladura; Dolly duró apenas un día y Gonzalo casi llegó a los dos.

En contraste, mientras el Atlántico se sofoca, las aguas extremadamente cálidas de El Niño han generado una hiperactividad en el Pacífico oriental y central. En estas cuencas se han registrado 20 tormentas con nombre, incluyendo tres huracanes de categoría 5. Entre ellos destaca el huracán Polo, que alcanzó vientos de 290 km/h frente a la costa de México, situándose como el tercer huracán más fuerte registrado en el Pacífico oriental. Asimismo, el archipiélago de Hawái ha enfrentado la incidencia de los sistemas Lala, Lowell y Nolo, que provocaron fuertes lluvias y vientos intensos.

En cuanto a los precedentes históricos, solo existen dos años sin huracanes en el Atlántico: 1907 y 1914. No obstante, estos registros cuentan con un asterisco debido a que ocurrieron antes de la era de los satélites y aviones de rastreo, por lo que algunos sistemas pudieron pasar inadvertidos. Desde 1950, no se ha registrado ninguna temporada totalmente vacía de huracanes; las más bajas fueron 1982 y 2013, con solo dos cada una.

Aunque restan dos meses de temporada y en octubre suele formarse un huracán en promedio (y ocasionalmente uno en noviembre), las probabilidades de que la temporada termine sin huracanes aumentan con cada día que pasa. El Caribe, actualmente bajo la influencia de la cizalladura, probablemente quede descartado como zona de desarrollo. Finalmente, cabe destacar que, aunque no haya huracanes, los sistemas tropicales siguen siendo peligrosos. Las tormentas tropicales Arthur y Edouard, a pesar de su corta duración, provocaron inundaciones repentinas y operaciones de rescate en la costa del Golfo, evidenciando que en un mundo más cálido, las precipitaciones pueden causar impactos significativos sin necesidad de alcanzar la intensidad de un huracán.

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