El escenario político de Ecuador se encamina hacia un nuevo proceso electoral para la elección de alcaldes, prefectos y diversas autoridades seccionales, tras la decisión del presidente Noboa de adelantar estos comicios. Esta medida ha generado un intenso debate sobre las intenciones detrás del adelanto, sugiriendo que el mandatario busca posicionar su movimiento en la mayor cantidad posible de alcaldías y prefecturas, aprovechando un contexto de vulnerabilidad en el sistema de partidos.
De acuerdo con las reflexiones planteadas sobre este proceso, la estrategia del Ejecutivo coincidiría con un momento crítico para la oposición, específicamente ante la suspensión de las actividades de la Revolución Ciudadana y una debilidad generalizada de las organizaciones políticas tradicionales. Los comicios, que estarán nuevamente bajo la responsabilidad del Consejo Electoral, se desarrollan en un marco donde el Código de la Democracia ha jugado un papel determinante. Se señala que dicho código fue diseñado para financiar grupos electorales, lo cual habría contribuido al debilitamiento de los partidos programáticos y tradicionales, proceso que se habría visto agravado por el egoísmo de ciertos dirigentes políticos.
Esta situación no es un fenómeno aislado, sino que se describe como una tendencia extendida en América Latina, caracterizada por la desaparición progresiva de los partidos políticos y la proliferación de caudillos. Este entorno ha provocado que ciudadanos con capacidades y honestidad opten por alejarse de la actividad política, dejando un vacío de liderazgos basados en principios. Existe una crítica profunda hacia la actual forma de hacer política, donde predominan los 'slogans' vacíos, como es el caso de movimientos denominados "Avanza" o "Democracia Sí", en lugar de propuestas basadas en corrientes ideológicas claras, ya sean conservadoras, liberales, ecologistas o libertarias.
Asimismo, se plantea que los personalismos, ya sea bajo el correísmo o el noboísmo, no representan proyectos reales de país, sino visiones centradas en figuras individuales. Esta carencia de proyectos programáticos ha llevado a que, en la búsqueda apresurada de candidatos, abunden figuras improvisadas o cuestionadas. En este sentido, se menciona con preocupación la posibilidad de que personajes como Yunda o Pabel en Quito, el ‘Chato’ Castillo en Loja o Cynthia en Guayaquil intenten regresar a sus cargos.
Ante este panorama, surge la propuesta de impedir la reelección de aquellos que ya ejercieron funciones en estas administraciones, sugiriendo que es imperativo buscar nuevos cuadros técnicos y profesionales. Se plantea la necesidad de integrar a empresarios, intelectuales y profesores en la gestión pública para elevar el nivel de la representación política. Esta demanda se ve respaldada por el sentimiento ciudadano, ejemplificado en el testimonio de un taxista que manifiesta estar cansado de votar simplemente por "el menos malo", enfatizando la urgencia de buscar al candidato mejor calificado.
El caso de Quito es señalado como un ejemplo preocupante de la gestión actual. Se critica la implementación de obras discutibles, como las ciclovías, mientras persisten problemas estructurales graves en el tránsito, las calles y las aceras de la ciudad. Se argumenta que el Municipio, dada su enorme extensión y la cantidad de empleados que maneja, requiere un replanteamiento total de su estructura administrativa para acercar la gestión a los vecinos y resolver las necesidades reales de la población.
Esta problemática se extiende a las zonas periféricas de la capital. Cumbayá y Tumbaco están perdiendo su atractivo debido a una urbanización desordenada, marcada por la construcción de torres y conjuntos habitacionales que ponen en riesgo el entorno y la seguridad. A esto se suma la controversia sobre la intención de convertir el antiguo aeropuerto en un complejo deportivo, cuestionando si existen otros proyectos más urgentes y necesarios para la ciudadanía.
En conclusión, se advierte que el país no puede seguir resolviendo sus crisis con improvisaciones o "parches". La situación actual demanda una reforma profunda del Estado para evitar que la mentalidad del caudillismo y la ineficiencia administrativa continúen gobernando el destino de Ecuador.






