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El adiós al 'Cholo' Prieto: el hombre que fue el alma invisible del Barcelona SC durante 37 años

Nunca firmó un contrato con Barcelona, pero vivió 37 años junto al club. El Cholo Prieto fue lavacarros, cuidador y, sobre todo, amigo de los jugadores

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El adiós al 'Cholo' Prieto: el hombre que fue el alma invisible del Barcelona SC durante 37 años

El fútbol suele centrar su atención en quienes anotan los goles o en quienes dirigen la estrategia desde el banquillo, pero en el Barcelona Sporting Club, el vacío dejado este martes 5 de septiembre es el de un hombre que nunca firmó un contrato profesional, pero que vivió casi cuatro décadas vinculado al corazón del equipo. Roberto César Prieto, conocido universalmente como "el Cholo", falleció a los 73 años, dejando un legado de humildad, servicio y amistad que trascendió las barreras sociales y jerárquicas del deporte.

La noticia de su partida se propagó inicialmente de manera informal. En los pasillos del Ídolo, la frase que resonó no mencionaba su nombre legal, sino el apodo por el cual todos lo identificaban: “Murió el Cholo, sí, el Cholo se murió”. Fue solo entonces cuando jugadores actuales, exjugadores y directivos procesaron la pérdida del hombre que, durante cerca de 37 años, se encargó de cuidar y lavar los vehículos en la concentración del club. Para muchos, Roberto César Prieto era una figura omnipresente, un personaje familiar que acompañaba la rutina diaria de la plantilla.

La historia de Prieto con el Barcelona comenzó en la década de los 90, bajo circunstancias fortuitas. Antes de llegar al Monumental, se ganaba la vida trabajando con tanqueros de agua, una labor ardua por la cual percibía un sucre. Su destino cambió cuando Carlos Muñoz Martínez y Carlos Luis Morales lo conocieron y notaron que guardaba un parecido físico con David ‘El Cholo’ Bravo. Movidos por el humor que los caracterizaba, lo llevaron un día a los entrenamientos del equipo, y desde aquel momento, Roberto nunca más se alejó de la institución.

Sus inicios en el club fueron modestos. Su primera "oficina" se ubicó en la parte exterior del túnel del Estadio Monumental. En aquella época, la seguridad era menos rigurosa que en la actualidad, lo que permitió que Prieto no solo lavara los autos, sino que también se convirtiera en el cuidador de los vehículos. Uno de sus primeros clientes fue el manabita Marcelo Hurtado. En aquellos tiempos, pocos jugadores poseían automóvil, pero Hurtado destacaba por su generosidad, entregándole 20 sucres mientras otros le daban cinco. Fue este apoyo inicial el que consolidó su permanencia en el club.

Con el paso de los años, la labor del Cholo se volvió fundamental en la logística informal del equipo. Un momento clave ocurrió en 1994, cuando los ingresos por sus servicios aumentaron gracias a la generosidad de Carlos Alfaro Moreno y su BMW negro. Mientras los jugadores se concentraban en el entrenamiento, Prieto se encargaba de dejar los vehículos impecables, atendiendo a veces hasta cinco autos por jornada. A pesar de que el dinero era necesario, el propio Prieto manifestó en vida que el cariño de los jugadores era mucho más importante. Recibía pagos que variaban desde la "quina" hasta cantidades entre 10 y 20 "latas".

La relación del Cholo con la plantilla superó lo laboral para convertirse en un vínculo fraternal. Existen relatos de gestos significativos que marcaron su vida: Michael Arroyo, en una ocasión, le entregó 100 dólares para que pudiera ir a comer con su familia, un gesto que Prieto recordó como "hacer un gol olímpico". Otros jugadores también aportaron al bienestar de su hogar; Gabriel Marques le regaló ropa, Emmanuel Martínez le obsequió calzado deportivo, Mario Pineida lo trataba con la confianza de un "compadre" y Matías Oyola gestionó un premio económico para él.

Uno de los vínculos más profundos fue con Damián Díaz. El jugador no solo lo invitó como invitado de honor a la boda de Jonathan ‘El Loco’ Álvez en Guayaquil, donde el Cholo destacó por su elegancia, sino que también realizó un gesto personal inolvidable. Díaz le pagó un tatuaje para borrar el nombre de una expareja de Prieto, sustituyéndolo por un distintivo del Barcelona SC. El Cholo, quien afirmaba no creer en el amor, decía creer plenamente en el corazón de los jugadores amarillos.

En sus últimos años, Prieto alcanzó una fama inesperada. Aunque no poseía redes sociales, se convirtió en una figura viral gracias a los videos que los jugadores subían a sus cuentas. Byron Castillo, uno de sus amigos más cercanos, fue clave en este proceso. En 2024, el Cholo se sorprendió al ver que jóvenes se acercaban a pedirle fotos y autógrafos, quienes le explicaron que lo conocían por los videos donde los futbolistas lo cargaban para bañarlo o lo hacían bailar.

En su última entrevista concedida en mayo de 2025, junto a Carlos Muñoz Vergara, el Cholo recordó con gratitud al padre de este, Carlos Muñoz, asegurando que gracias a él su vida había cambiado radicalmente. Tras su fallecimiento, el dolor se ha manifestado en redes sociales a través de homenajes de Byron Castillo y exinternacionales como Ariel Nahuelpán y Carlos Alfaro Moreno. Hoy, el parqueadero de la concentración del Barcelona luce triste, extrañando al hombre que, con un balde, una franela y una sonrisa, construyó una historia de amor incondicional con el club.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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