¿Sabías que casi la mitad de los pacientes con dermatitis atópica en Argentina han tenido que postergar su atención médica por motivos económicos? Un relevamiento de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis, AEPSO, revela una realidad alarmante: el 48,5% de las personas suspendió consultas y el 44,8% enfrentó problemas para acceder a sus medicamentos.
La dermatitis atópica no es solo un problema cutáneo. Es una enfermedad inflamatoria crónica de origen multifactorial, donde intervienen factores genéticos, ambientales e inmunológicos. Su síntoma principal, la picazón persistente, afecta profundamente la calidad de vida en los ámbitos familiar, laboral y social.
En Argentina, esta patología afecta al menos al 10% de niños y adolescentes, y persiste en la adultez en tres de cada diez casos. El impacto emocional es severo: quienes padecen prurito persistente tienen tres veces más posibilidades de desarrollar depresión y el doble de riesgo de sufrir ansiedad. Además, el 63,4% de los encuestados reportó cambios negativos en la calidad de su sueño.
Expertos subrayan que el abordaje conjunto entre alergistas y dermatólogos es clave para un tratamiento personalizado. Si bien no existe una cura, actualmente disponemos de opciones como los medicamentos biológicos —inhibidores de las interleuquinas 4 y 13— y los inhibidores de JAK, que permiten mitigar los síntomas y evitar recaídas.
Para combatir la falta de información, el próximo 16 de septiembre se llevará a cabo "Atopika", el sexto Congreso Argentino para Pacientes con Dermatitis Atópica. Este encuentro virtual busca brindar herramientas a los pacientes para controlar mejor su enfermedad y mejorar su bienestar diario.
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