En el marco de las conmemoraciones del Mes del Corazón, ha surgido una alerta sanitaria fundamental sobre los riesgos asociados al consumo irresponsable de medicamentos de venta libre y la práctica generalizada de la automedicación. Héctor Ireland, académico de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello, ha advertido que una serie de fármacos utilizados habitualmente para tratar dolencias menores pueden provocar un aumento significativo de la presión arterial, representando un peligro latente para un sector considerable de la población.
El escenario es común en muchos hogares: ante la aparición de un dolor de cabeza, un resfrío común o una molestia muscular, la tendencia predominante es recurrir rápidamente a medicamentos que se encuentran disponibles en el botiquín doméstico o que son adquiridos en farmacias sin la previa consulta con un profesional de la salud. Sin embargo, esta práctica ignora que los medicamentos contienen sustancias activas diseñadas para generar cambios específicos en el organismo. Si bien estas sustancias cumplen la función para la cual fueron creadas, también pueden desencadenar reacciones adversas que no siempre son evidentes de inmediato.
Esta situación adquiere una relevancia crítica en personas que ya padecen hipertensión arterial u otros factores de riesgo cardiovascular. Para estos pacientes, ciertos principios activos pueden contribuir a elevar la presión arterial, favorecer la descompensación de patologías que ya estaban diagnosticadas y, en circunstancias más graves, incrementar la probabilidad de sufrir complicaciones cardiovasculares severas.
Uno de los grupos farmacológicos que requiere mayor vigilancia son los antiinflamatorios, ampliamente utilizados para aliviar el dolor y reducir la inflamación. Ireland señala con preocupación que estos medicamentos son consumidos masivamente por la población, y en muchos casos, se adquieren sin la debida orientación de un químico farmacéutico. Un punto particularmente alarmante es la obtención de estos fármacos a través de canales ilegales, tales como ferias libres o plataformas de internet, donde no existe control sanitario ni asesoría profesional.
Además de los antiinflamatorios, el académico advierte que los antigripales y los descongestionantes también demandan una precaución especial. Debido a los componentes específicos de estos productos, pueden representar un problema serio para personas susceptibles. A esta lista se suman los medicamentos con actividad adrenérgica, frecuentemente recetados para patologías respiratorias, así como los corticoides, algunos derivados hormonales y ciertos tipos de antidepresivos. El riesgo en estos casos varía según las características individuales y los antecedentes clínicos de cada paciente.
Es fundamental aclarar que la advertencia no implica que estos medicamentos sean peligrosos por sí mismos o que deban ser suspendidos de forma indiscriminada. El riesgo real es relativo y depende de múltiples variables, incluyendo la dosis administrada, la duración del tratamiento, el principio activo específico, la existencia de enfermedades preexistentes, el uso simultáneo de otros fármacos y las particularidades biológicas de cada individuo.
Por esta razón, el especialista enfatiza la necesidad de que cualquier persona con hipertensión o enfermedades crónicas informe detalladamente sus antecedentes médicos antes de iniciar cualquier tratamiento nuevo. Asimismo, recalca la importancia de no modificar por cuenta propia las dosis o los esquemas de medicamentos que ya han sido indicados por su médico tratante.
El núcleo del problema reside en la falta de conocimiento sobre las interacciones medicamentosas. Ireland introduce el concepto de "Uso Racional de Medicamentos", el cual propone que cada tratamiento sea utilizado de manera adecuada, respondiendo estrictamente a las necesidades del paciente y siempre bajo la orientación de un profesional competente.
Para lograr este uso racional, el académico recomienda que, al momento de consultar por un fármaco, el paciente no se limite a mencionar sus enfermedades diagnosticadas. Es imperativo informar sobre alergias conocidas, otros medicamentos que se estén consumiendo, el uso de plantas medicinales, la ingesta de suplementos alimenticios e incluso ciertos tipos de alimentos, ya que todos estos elementos pueden interactuar con el principio activo del medicamento y alterar su efecto o potenciar sus riesgos.
Finalmente, en el contexto del Mes del Corazón, Ireland hace un llamado enfático a evitar la automedicación. El cuidado de la salud cardiovascular no solo depende de la dieta y el ejercicio, sino también de prestar atención consciente a todo aquello que consumimos para tratar molestias cotidianas. La recomendación final es clara: adquirir medicamentos únicamente a través de vías autorizadas y solicitar siempre la orientación del químico farmacéutico en la farmacia, especialmente cuando existan dudas sobre el uso, las posibles interacciones o los efectos adversos de un producto.




