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Desmatamento en la Amazonía impulsa la propagación de leishmaniasis y Chagas

Estudos no Acre associam áreas degradadas à maior presença de mosquitos-palha e de barbeiros infectados

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Desmatamento en la Amazonía impulsa la propagación de leishmaniasis y Chagas

Recientes investigaciones científicas llevadas a cabo en el estado de Acre, Brasil, han revelado que el desmatamento produce efectos diferenciados y significativos en la dinámica de transmisión de enfermedades endémicas en la región amazónica. Los estudios, liderados por el biólogo Gabriel Laporta, perteneciente al Centro Universitario Faculdade de Medicina do ABC (FMABC), evidencian una relación directa entre la degradación de la cobertura forestal y el aumento de riesgos sanitarios asociados a la leishmaniasis y la enfermedad de Chagas.

Los resultados de estas investigaciones, publicados en las prestigiosas revistas Parasites & Vectors y PLOS One, indican que las áreas que fueron devastadas hace más tiempo concentran una mayor abundancia de mosquitos-palha, los cuales son los transmisores del protozoario del género Leishmania. De manera sorprendente, el equipo de investigación descubrió que la abundancia de estos insectos no está ligada estrictamente a la cobertura forestal actual, sino al tiempo transcurrido desde que ocurrió el desmatamento y la posterior ocupación humana. Según Laporta, los vectores logran establecerse y permanecer durante años en ambientes modificados, aumentando su cantidad gradualmente a medida que los asentamientos se estabilizan.

En cuanto a la enfermedad de Chagas, los hallazgos muestran que las paisajes con menor cobertura forestal incrementan la probabilidad de que los barbeiros (triatomíneos) estén infectados por el parásito Trypanosoma cruzi, especialmente en las proximidades de las viviendas. El estudio determinó que no es necesario que el insecto colonice el interior de las casas para representar un riesgo. Los barbeiros infectados suelen refugiarse en palmeras de la especie Attalea situadas cerca de las residencias. A medida que el desmatamento avanza, la distancia entre estas palmeras y las viviendas se reduce, facilitando que los insectos vuelen hacia las casas y entren en contacto con los seres humanos, trasladando así el ciclo silvestre del vector al entorno doméstico.

Estos trabajos se complementan con una tercera investigación divulgada en 2025 por el mismo grupo, la cual detectó un riesgo elevado de malaria en áreas parcialmente degradadas que conservan un 50% de su cobertura forestal. Esta tríada de estudios subraya la urgencia de incorporar indicadores ambientales en las estrategias de salud pública, ya que la malaría, la leishmaniasis y la enfermedad de Chagas forman parte de las Doenças Tropicais Negligenciadas (DTN). Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las DTN afectan a aproximadamente 1.400 millones de personas en todo el mundo, aunque reciben considerablemente menos atención y financiamiento que otras condiciones médicas.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo interdisciplinario —compuesto por expertos en estadística, biología molecular, veterinaria y entomología— realizó levantamientos de campo entre 2022 y 2024 en 20 puntos de un asentamiento rural en Cruzeiro do Sul, Acre. Esta localidad, situada en la margen izquierda del río Juruá, ha estado bajo una presión constante de desmatamento, sirviendo como modelo para inferir situaciones similares en otras regiones de la Amazonía. En el caso de la leishmaniasis cutánea, los científicos identificaron a Nyssomyia antunesi como la especie dominante de mosquito-palha en la zona.

La leishmaniasis puede manifestarse de forma cutánea, provocando heridas en la piel que pueden evolucionar hacia lesiones en las mucosas de la nariz y la boca, o de forma visceral, afectando órganos internos y pudiendo causar la muerte. Por su parte, la enfermedad de Chagas se transmite mediante la ingestión de alimentos contaminados o a través de las heces del barbeiro infectado que entran en contacto con heridas o mucosas. Sus síntomas incluyen fiebre prolongada, dolor de cabeza, debilidad intensa e hinchazón, pudiendo derivar en graves problemas cardíacos y digestivos si no se trata con medicamentos como el benznidazol.

Ante este escenario, Gabriel Laporta ha iniciado una nueva etapa de estudio enfocada en la intervención ambiental. El objetivo es restaurar las áreas degradadas utilizando especies nativas amazónicas para medir cómo impacta la recuperación del bosque en las variables de salud. Este proyecto de largo plazo incluye la digitalización de imágenes y simulaciones para predecir la evolución de los casos de malaria tras la restauración. Además, el trabajo se desarrolla de forma colaborativa con la comunidad local, cuyos residentes serán los responsables del plantio, buscando transformar el conocimiento científico en acciones concretas de salud preventiva.

El proyecto contó con el financiamiento de la Fapesp y el Programa Iniciativa Amazônia+10, reafirmando la importancia de la investigación científica y el desarrollo tecnológico para la preservación de la floresta y la protección de las poblaciones humanas que dependen de ella.

Esta nota fue producida por la redacción de Noticias.lat: verificamos la información en fuentes públicas y la reescribimos con nuestro criterio editorial. No republicamos textos de terceros.

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