La capital cubana, La Habana, vivió una jornada de alta tensión el pasado viernes, marcada por manifestaciones ciudadanas y actos de desesperación derivados de la profunda crisis energética y económica que atraviesa la isla. Los incidentes, registrados en los municipios de Boyeros y La Lisa, ponen de manifiesto el creciente malestar de la población ante la falta de servicios básicos y la incapacidad de adquirir productos alimentarios esenciales.
En el municipio de Boyeros, la situación alcanzó un punto crítico durante la noche del viernes. Vecinos de la zona salieron a las calles para protestar contra los prolongados apagones eléctricos que afectan la zona, los cuales superan ya las 20 horas diarias. Según la información difundida en la red social Facebook por el periodista exiliado José Raúl Gallego, la manifestación se caracterizó por la formación de un nutrido grupo de residentes que procedieron a bloquear la circulación de vehículos en la zona.
Las imágenes compartidas por Gallego muestran a decenas de ciudadanos coreando la consigna "queremos luz" mientras hacían sonar cazuelas, un método de protesta simbólica recurrente en la isla. La concentración de personas en la vía pública fue en aumento, obligando a los conductores de vehículos a desviarse para evitar el bloqueo.
La respuesta del Gobierno cubano no se hizo esperar. De acuerdo con las fuentes consultadas por el periodista, el régimen desplegó un operativo policial que incluyó el envío de diez patrullas al lugar de los hechos para sofocar la concentración. Testimonios recogidos en el sitio indican que la intervención policial fue violenta, asegurando que los agentes utilizaron golpes para dispersar a los manifestantes. Como resultado de este operativo, al menos dos personas fueron arrestadas, aunque hasta el momento sus identidades permanecen desconocidas.
Mientras las protestas estallaban en Boyeros, el régimen ha mantenido su postura oficial respecto a la crisis eléctrica. Las autoridades atribuyen los prolongados cortes de energía a una aguda escasez de combustible, responsabilidad que el Gobierno cubano deposita directamente sobre el Gobierno de Estados Unidos.
Paralelamente, el mismo viernes y durante el día, se registró otro incidente que evidencia el estado de miseria en el que se encuentra la población. En el municipio de La Lisa, específicamente en las inmediaciones del cementerio local, un camión que transportaba aceite comestible fue objeto de un saqueo masivo. Un video viralizado en Facebook y compartido por el periodista Mario Pentón, radicado en Miami, muestra el momento en que decenas de personas se abalanzan sobre el vehículo para apoderarse de las botellas del producto.
Este acto de desesperación tiene un trasfondo económico alarmante. El precio minorista del aceite comestible se sitúa en los 2.500 pesos, una cifra que representa más de dos tercios del salario mínimo mensual en Cuba, el cual es de 3.210 pesos tras el incremento salarial oficializado a mediados de julio. Esta disparidad convierte a un producto básico en un artículo de lujo para la mayoría de los ciudadanos.
La situación se agrava debido a una inflación que las autoridades no han logrado contener. En agosto, el régimen impuso un tope de precios a los alimentos básicos, una medida que curiosamente se implementó menos de un mes después de haber anunciado la eliminación de dicha política. Entre los productos afectados por el retorno de los precios topados se encuentra el aceite, cuyo precio máximo ahora se establece en 2.250 pesos para la venta mayorista y 2.500 pesos para la minorista, excluyendo el aceite de oliva.
Incluso con la aplicación de estos límites estatales, el acceso al aceite sigue siendo prohibitivo. Para un cubano que percibe el salario mínimo, adquirir un solo litro de este producto implica destinar la mayor parte de sus ingresos mensuales. Por otro lado, según datos de la estatal Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), el salario medio en Cuba se ubica en los 7.041 pesos mensuales. Incluso para quienes ganan este promedio, la compra de un litro de aceite consume más de un tercio de su sueldo mensual, reflejando la precariedad económica generalizada en la isla.





