La vida de Andrés Suárez, un hombre de 40 años dedicado a la medicina veterinaria y la protección animal, dio un giro drástico y devastador en cuestión de segundos. El pasado 6 de diciembre de 2025, mientras regresaba a su hogar ubicado en el sector de Los Álamos (conocido como La Cuchara) en la ciudad de Ambato, Suárez vivió un momento de temor al divisar a personas que consideró sospechosas. En un intento por llegar rápidamente a la seguridad de su casa, el hombre corrió hacia la entrada, pero al subir las gradas tropezó y sufrió una caída que cambiaría su destino y el de toda su familia.
Desde aquel fatídico día, Andrés Suárez ha permanecido en estado vegetativo, una condición que lo ha dejado totalmente dependiente de terceros para cualquier actividad básica. Su madre, Armenia Guevara, describe la situación como el inicio de un calvario que no solo afecta la salud de su hijo, sino que ha sumido al núcleo familiar en una profunda crisis económica, llevándolos prácticamente a la quiebra.
El camino médico posterior al accidente estuvo marcado por dificultades. Según el relato de Armenia Guevara, Andrés fue trasladado inicialmente al Hospital del Seguro Social, institución donde se encontraba afiliado. La madre denuncia que, a pesar de la gravedad del cuadro, su hijo no recibió la atención prioritaria que requería y tuvo que enfrentar una prolongada y angustiante espera. Posteriormente, fue derivado al Hospital Regional Docente Ambato, centro donde fue sometido a dos intervenciones quirúrgicas en el cerebro con el objetivo de tratar las lesiones derivadas del golpe.
Actualmente, la condición de Andrés es crítica y exige una vigilancia constante. Para garantizar su supervivencia y buscar una posible mejoría, requiere atención especializada las 24 horas del día. Su tratamiento incluye alimentación enteral mediante sonda, terapias respiratorias, asistencia puntual de oxígeno y controles médicos rigurosos. Asimismo, el equipo de apoyo, integrado por profesionales como Lucía Esterilla, señala que el paciente no puede realizar ninguna actividad de forma autónoma, lo que hace imperativa la supervisión permanente.
Para intentar recuperar la deglución y mejorar su estado físico, Andrés necesita sesiones de terapia física y neurorehabilitación, procesos que deben ser supervisados estrictamente por neurólogos e internistas. El costo de este despliegue médico y de cuidados es sumamente elevado; la familia calcula que se requieren aproximadamente 4.000 dólares mensuales para cubrir los insumos, medicamentos y terapias necesarias.
Antes de la tragedia, Andrés Suárez era un hombre con una vida activa y llena de metas. Además de su labor como médico veterinario, se desempeñaba como funcionario municipal y continuaba su formación académica. De hecho, tenía programado rendir el examen oral de su maestría el 15 de diciembre de 2025, apenas nueve días después del accidente. Para financiar estos estudios, Suárez había adquirido una deuda cercana a los 5.000 dólares a través de la tarjeta de crédito de su madre, una obligación financiera que ahora Armenia debe seguir pagando mensualmente mientras lucha por la salud de su hijo.
Más allá de su profesión, Andrés era reconocido por su entrega desinteresada a la fauna urbana. Se dedicaba al rescate de perros en situación de calle, gestionaba adopciones responsables y participaba activamente en jornadas de esterilización y vacunación. Una de las historias más emblemáticas de su labor es la de Dulce María, una perra a la que rescató hace tres años cuando sus antiguos dueños planeaban aplicarle la eutanasia debido a una grave lesión en la cadera. Andrés la adoptó y le brindó toda la asistencia médica necesaria. Hoy, en un giro conmovedor, es Dulce María quien permanece constantemente al lado de la cama de Andrés.
La presión económica ha obligado a la familia a tomar medidas desesperadas. La única hermana de Andrés se vio forzada a vender su negocio para aportar fondos, mientras que Armenia Guevara ha tenido que liquidar enseres del hogar y organizar rifas para solventar los gastos. A pesar del apoyo recibido por parte de allegados y familiares, los recursos se han agotado casi por completo a ocho meses del accidente.
Armenia Guevara, impulsada por el amor materno y la esperanza de un milagro, continúa buscando ayuda. “Es un sufrimiento acumulado en el alma”, expresa la madre, quien confía en que Dios, como el "médico de médicos", permita que su hijo recupere su autonomía. Ante la urgencia de reunir los 4.000 dólares mensuales, la familia hace un llamado solidario a la comunidad y a las instituciones. Las personas interesadas en colaborar pueden comunicarse al número celular 098 455 4111.




