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Alarma por el aumento de infecciones sexuales: el impacto de los mitos en la salud pública

La escalada de contagios preocupa a los especialistas. Pese al acceso a la información, arraigados prejuicios e ideas distorsionadas sobre el riesgo real atentan contra la adopción constante de profilácticos y retrasan la llegada al diagnóstico oportuno

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Alarma por el aumento de infecciones sexuales: el impacto de los mitos en la salud pública

Este viernes 4 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Salud Sexual, una jornada que en 2026 vuelve a poner el foco sobre el preocupante avance de las infecciones de transmisión sexual (ITS). El escenario actual se caracteriza por un aumento de los casos y una circulación sostenida de diversas infecciones, agravadas por la persistencia de mitos y creencias que, según advierten los especialistas, interfieren directamente en el uso del preservativo y en la adopción de conductas de cuidado, retrasando la prevención, el diagnóstico temprano y la consulta médica tanto en Argentina como en el resto del mundo.

La magnitud del problema es global. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día más de un millón de personas contraen una ITS. A nivel anual, aproximadamente 376 millones de personas adquieren infecciones como la sífilis, la gonorrea, la clamidia o la tricomoniasis. Además, el organismo internacional informó que la circulación de otros agentes es igualmente alta, con más de 290 millones de mujeres conviviendo con el Virus del Papiloma Humano (VPH) y más de 500 millones de personas afectadas por la infección genital por el virus del herpes simple.

En Argentina, uno de los indicadores más alarmantes de esta tendencia es el incremento de los casos de sífilis. Los datos oficiales muestran una curva ascendente: en 2022 se notificaron 26.647 casos, cifra que subió a 32.293 en 2023 y alcanzó los 36.917 en 2024, estableciendo una tasa global de 93 casos cada 100.000 habitantes. Esta tendencia se intensificó en 2025, año en el que se registraron 55.183 casos acumulados, lo que representa un aumento del 71% respecto al valor mediano del período comprendido entre 2020 y 2024, según el Boletín Epidemiológico Nacional.

La sífilis es una infección causada por la bacteria Treponema pallidum. Isabel Cassetti, directora médica de Helios Salud, precisó que la transmisión ocurre principalmente a través del contacto sexual sin protección con una persona infectada, aunque también puede transmitirse durante el embarazo, provocando sífilis congénita en el bebé. A pesar de ser una infección prevenible, diagnosticable y curable, el riesgo radica en que muchas personas pueden cursar la enfermedad sin advertirlo debido a que los síntomas iniciales son leves o inexistentes.

La evolución de la sífilis se divide en etapas. La fase primaria, que dura aproximadamente 21 días, se manifiesta generalmente con la aparición de un chancro: una llaga redonda, indolora y dura en los genitales, el ano u otras zonas. Esta lesión puede desaparecer sola en un lapso de tres a 10 días, pero su desaparición no significa que la infección haya terminado; por el contrario, el chancro puede seguir transmitiendo la enfermedad si no se utiliza preservativo.

Si no se recibe tratamiento, la infección progresa a la etapa secundaria, donde suele aparecer un sarpullido sin picor, habitualmente en las plantas de los pies y las palmas de las manos, además de lesiones blancas o grises en zonas húmedas y calientes como el ano o los labios vaginales. Posteriormente, la enfermedad puede entrar en una etapa latente sin síntomas. Finalmente, tras años sin tratamiento, puede surgir la fase terciaria, que se vincula con afecciones cardiovasculares y cerebrales, fiebre, inflamación de ganglios y lesiones en la piel y mucosas.

Para combatir este cuadro, los organismos internacionales recomiendan realizar pruebas diagnósticas tras relaciones sexuales sin protección, si la pareja fue diagnosticada, durante el embarazo o como control periódico. El diagnóstico se logra mediante evaluación médica, estudios de laboratorio y pruebas rápidas. En cuanto al tratamiento, la penicilina sigue siendo la opción recomendada por las guías internacionales, variando el esquema según el estadio de la enfermedad.

Desde el Programa de Salud Sexual y Sexología Clínica del Hospital de Clínicas de la UBA, se advierte que el problema central no es la falta de información, sino la baja aceptación del método preventivo. La ginecóloga y sexóloga Silvina Valente señaló que el conocimiento sobre la función del preservativo no siempre se traduce en una conducta de cuidado sostenida. Un ejemplo de esto es el caso de un joven de 18 años que, al confiar en que su pareja estaba sana por ser joven, decidió no usar protección y terminó diagnosticado con gonorrea.

La psicóloga y sexóloga Analía Urretavizcaya explicó que existen barreras culturales y mitos que dificultan el uso del preservativo, asociándolo simbólicamente con la desconfianza o la infidelidad en vínculos estables. Asimismo, mencionó la creencia de que disminuye el placer o que dificulta la erección, atribuyendo este último punto al látex cuando, en realidad, suele responder a factores como la inexperiencia o la ansiedad. Finalmente, Urretavizcaya recordó que las mucosas de la vagina, pene, ano y boca son muy permeables y pueden presentar fisuras imperceptibles que facilitan la entrada de microorganismos, permitiendo el contagio incluso en una sola exposición.

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