¿Sabías que cerca del diez por ciento de la población mundial padece dispepsia funcional? Este trastorno de la interacción intestino-cerebro afecta principalmente a las mujeres y genera un impacto severo en la calidad de vida debido a su naturaleza recurrente y crónica.
Una revisión clínica de 2026, basada en la guía S1 de la Sociedad Alemana de Neurogastroenterología y Motilidad y liderada por el doctor M. Storr, ha sintetizado los consensos para estructurar el diagnóstico y tratamiento de esta condición.
El diagnóstico se basa en los síntomas clasificados según los criterios de Roma IV. Es relevante destacar que más del setenta por ciento de los pacientes investigados por dispepsia son clasificados como funcionales, ya que el rendimiento de la endoscopia para hallar causas orgánicas es muy bajo. Además, se ha documentado que las infecciones gastrointestinales previas elevan en dos veces y media el riesgo de desarrollar este trastorno.
Respecto al abordaje terapéutico, la guía enfatiza un manejo multimodal y personalizado. Ensayos clínicos demuestran que la simeticona es significativamente superior al placebo en el alivio de síntomas, mientras que los antiácidos y alginatos son alternativas complementarias viables por su excelente tolerabilidad. Por el contrario, se desaconseja el uso de procinéticos a largo plazo debido al riesgo de efectos neurológicos y prolongación del intervalo QT.
Para los casos refractarios, la guía señala como elección los antidepresivos tricíclicos y resalta que la psicoterapia ofrece una mejoría significativa en los síntomas globales.
En conclusión, el tratamiento se orienta al control sintomático y la optimización de la calidad de vida, avalando la supresión ácida y la reducción de la tensión superficial de los gases intestinales como aproximaciones eficaces y seguras.
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