La quimioterapia es una herramienta fundamental y beneficiosa en la lucha contra diversos tipos de cáncer, permitiendo salvar la vida de miles de personas. Sin embargo, este tratamiento conlleva efectos secundarios significativos, entre los cuales destaca el daño a los nervios. Esta condición, conocida como neuropatía periférica, se manifiesta a través de síntomas como dolor, entumecimiento, pérdida de la sensibilidad o una sensibilidad exacerbada al frío, afectando profundamente la calidad de vida de los pacientes.
Ante este escenario, investigadores del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas, en Estados Unidos, han realizado un descubrimiento prometedor en modelos preclínicos. El estudio revela que la administración de psilocibina antes de iniciar la quimioterapia puede proteger las terminaciones nerviosas y prevenir la aparición de estas lesiones, incluso cuando el tratamiento oncológico se administra en ciclos repetidos.
La investigación, que ha sido publicada en la prestigiosa revista 'Science', fue codirigida por el profesor de Cirugía de Cabeza y Cuello, Moran Amit, y el profesor de Medicina del Dolor, Patrick Dougherty. El trabajo identifica una función neuroprotectora de los receptores de serotonina que no se conocía hasta ahora, posicionando a la psilocibina como una posible intervención innovadora para evitar la neuropatía periférica inducida por la quimioterapia.
Según explica el profesor Moran Amit, existe una necesidad urgente de encontrar tratamientos que logren prevenir el daño nervioso sin que ello interfiera con la eficacia de la quimioterapia. El valor fundamental de estos hallazgos reside en que la psilocibina actúa protegiendo los nervios antes de que se produzca la lesión, en lugar de limitarse a tratar los síntomas una vez que el daño se ha vuelto persistente.
La neuropatía periférica ocurre porque la quimioterapia, además de atacar las células cancerosas, puede dañar células normales, incluidos los nervios. Esto no solo provoca dolor y pérdida de sensibilidad, sino que en algunos casos puede alterar el equilibrio de los pacientes o, en situaciones más graves, comprometer su capacidad para continuar con los tratamientos que les salvan la vida. Un aspecto crítico de esta patología es que, una vez que la lesión nerviosa se ha establecido, suele ser irreversible y los tratamientos actuales ofrecen beneficios muy limitados.
La psilocibina es un compuesto psicodélico natural que ya está siendo objeto de estudio para el tratamiento de diversos trastornos neurológicos y neuropsiquiátricos. Los investigadores sugieren que este compuesto permite que el cerebro se reorganice temporalmente y forme nuevas ramificaciones neuronales, lo que podría ser la clave para prevenir el daño nervioso.
En el desarrollo del estudio, los científicos utilizaron diversos modelos preclínicos para evaluar el efecto de la psilocibina. Los resultados indicaron que el compuesto actúa directamente sobre el sistema nervioso periférico a través de los receptores de serotonina 5-HT2A. Sorprendentemente, solo dos dosis de psilocibina administradas previamente a la quimioterapia fueron suficientes para prevenir la hipersensibilidad al frío, proteger las terminaciones nerviosas sensoriales y preservar la sensibilidad táctil. Todo esto ocurrió sin alterar la actividad antitumoral de la quimioterapia.
Esta protección se mantuvo constante incluso cuando los modelos fueron sometidos a ciclos repetidos de fármacos como el cisplatino, el paclitaxel y el docetaxel. Además, los investigadores comprobaron que el bloqueo de la vía 5-HT2A eliminaba estos efectos protectores, mientras que el uso de un compuesto no alucinógeno que activara los mismos receptores producía una protección similar a la de la psilocibina.
Otro hallazgo relevante se centra en el papel de las mitocondrias, que son las estructuras encargadas de producir energía dentro de las células. El estudio observó que el cisplatino agotaba las mitocondrias y reducía su movimiento dentro de las fibras nerviosas. Por el contrario, la psilocibina activó una vía de señalización específica que preservó el transporte mitocondrial, asegurando que las terminaciones nerviosas mantuvieran niveles de energía adecuados.
El profesor Patrick Dougherty destaca que la psilocibina no se limita a reducir las señales de dolor, sino que protege físicamente los nervios mediante el suministro de energía. Este efecto neuroprotector podría ser determinante para que los pacientes mantengan su movilidad, sensibilidad y calidad de vida tanto durante como después del tratamiento.
A pesar de estos resultados positivos, los investigadores subrayan que el tratamiento aún no está disponible para pacientes con cáncer, ya que los datos provienen de modelos preclínicos. Es necesario comprobar si estos efectos se reproducen en seres humanos y determinar la dosis, seguridad y eficacia exacta. El siguiente paso será el ensayo clínico de fase 2, denominado NeuroGuard (NCT07227909), que evaluará la psilocibina en pacientes con diversos tipos de cáncer para confirmar si se reducen significativamente los casos de neuropatía periférica. Paralelamente, el profesor Amit lidera otros ensayos sobre el uso de psicoterapia asistida con psilocibina para tratar la depresión y la ansiedad.





