El sector agrícola de Paraguay se encuentra en una etapa de transición crítica. Tras haber consolidado un modelo basado en la construcción de escala y el posicionamiento como un actor relevante en la región, el desafío actual ya no radica en la expansión de la superficie cultivada, sino en la capacidad de capturar un mayor valor por cada hectárea trabajada. Según un análisis exhaustivo realizado por la firma MFC Consulting, el agro nacional opera actualmente con hasta un 30% de su potencial productivo desaprovechado.
Este hallazgo es el eje central del informe titulado «La reingeniería del campo: De producir más a ganar más». En este documento, Mauro Flores, director de MFC Consulting, propone un cambio de paradigma: gestionar el campo bajo la lógica de una «fábrica a cielo abierto». Bajo esta premisa, se advierte que contar con una capacidad instalada no garantiza automáticamente un resultado óptimo, y que, en la operativa vigente, una parte considerable de la productividad se pierde en el camino.
Flores señala que existe una brecha notable entre los rendimientos de los mercados internacionales y los resultados obtenidos en Paraguay. Para el consultor, esta diferencia no es insalvable, sino que responde principalmente a tres factores determinantes: la estandarización de los procesos, la adopción tecnológica estratégica y la formación técnica del capital humano. En este sentido, el director de MFC Consulting sostiene que el país tiene una oportunidad concreta de replicar las buenas prácticas internacionales, implementándolas mediante la capacitación de profesionales en el terreno para que los rendimientos globales comiencen a verse reflejados en la producción local.
Uno de los puntos más críticos analizados en el informe es la gestión del riesgo climático frente a las variables controlables. Los datos presentados revelan una disparidad abismal en el rendimiento de la soja dependiendo de las condiciones meteorológicas: mientras que en escenarios favorables se pueden alcanzar los 3.082 kilos por hectárea, en periodos de sequía estricta la producción puede desplomarse hasta los 1.321 kilos por hectárea.
Ante esta realidad, la estrategia propuesta por Flores es desplazar el foco de atención. Dado que el clima es un factor incontrolable, el productor debe concentrar sus esfuerzos al 100% en las variables que sí puede gestionar. Esto incluye la optimización en el uso de los insumos, la eficiencia en el consumo de combustible y la capacitación constante del personal. El objetivo es garantizar que la finca sea efectiva a nivel de costos, independientemente de las fluctuaciones meteorológicas.
En cuanto a la modernización, el informe destaca que la digitalización y la maquinaria de precisión son herramientas fundamentales, pero advierte contra la inversión impulsiva. Flores enfatiza que cualquier innovación debe someterse a un análisis riguroso de costo-beneficio y retorno financiero. Como ejemplo, menciona que una inversión de 70.000 dólares en un dron debe ser evaluada mediante flujos financieros que cuantifiquen si el impacto será positivo para el negocio.
Asimismo, la consultora advierte sobre un error común en las fincas: la implementación de pruebas piloto tecnológicas que fracasan debido a la falta de personal capacitado. La profesionalización de los operadores es un proceso que requiere tiempo y es indispensable para que las herramientas tecnológicas cumplan su propósito.
El análisis también arroja datos sobre la concentración de la producción y los costos. En la Región Oriental, el 86,7% de la producción de soja se concentra en solo cinco departamentos: Alto Paraná, Itapúa, Canindeyú, Caaguazú y San Pedro. En términos financieros, el 90% del costo directo agrícola se concentra en tres rubros específicos: labores, agroquímicos y fertilizantes.
La tesis de MFC Consulting sugiere que el camino hacia la rentabilidad no requiere cambios drásticos, sino pequeñas eficiencias combinadas. El modelo financiero del reporte demuestra que si un productor logra incrementar su rendimiento en un 5% y, simultáneamente, optimiza sus costos operativos en un 5%, el impacto final es un incremento del 27% en el margen por hectárea.
Para materializar estos resultados, Flores concluye que es necesario un reordenamiento integral de la estructura de las empresas agrícolas. Esta reingeniería de procesos implica «ordenar la casa» para definir claramente las responsabilidades en tres niveles operativos: el nivel estratégico, compuesto por los dueños; el nivel táctico, integrado por los gerentes de zona; y el nivel operativo, conformado por quienes ejecutan la siembra y la cosecha diariamente.






