Kathleen Whitlock, académica del Magíster en Neurociencias de la Universidad de Valparaíso (UV) e investigadora del Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencia de Valparaíso (CINV), ha consolidado una trayectoria profesional donde la curiosidad actúa como el motor principal. Recientemente, su capacidad de exploración ha trascendido los laboratorios de neurociencia para alcanzar el ámbito artístico, obteniendo la calificación más alta en un programa de ilustración botánica impartido por el prestigioso Royal Botanic Garden Edinburgh.
Para Whitlock, esta dualidad entre la disciplina científica y la expresión artística no representa una contradicción, sino una complementariedad necesaria. Según la investigadora, el arte y la ciencia son dos caras de la misma moneda, unidas por el hilo conductor de la curiosidad. En sus propias palabras, afirma que no sería posible avanzar en ninguna de las dos áreas si faltara este elemento. Asimismo, reflexiona sobre la tendencia social de asociar la curiosidad únicamente con la infancia, señalando que los adultos a menudo pierden esta capacidad, la cual es fundamental mantener durante todo el desarrollo humano.
En el ámbito de la investigación científica, el foco de Whitlock se ha centrado en el estudio exhaustivo del sistema olfatorio. El origen de este interés surgió de una fascinación inicial por el comportamiento de los salmones y su capacidad para regresar a sus ríos de origen guiándose exclusivamente por el olor. Esta curiosidad evolucionó hacia una línea de estudio mucho más compleja, permitiéndole descubrir que la nariz posee un sistema inmune que funciona como la primera línea de defensa del sistema nervioso.
La investigadora describe la nariz con una analogía clara y directa: la define como la "Ruta 5" para entrar al cerebro. Según explica, el sistema olfatorio es el único lugar del cuerpo humano donde existen neuronas que mantienen una comunicación directa con el mundo exterior, poseyendo al mismo tiempo su primera conexión dentro del sistema nervioso central. Esta característica anatómica y funcional es la base de sus actuales líneas de investigación.
Actualmente, el laboratorio liderado por Whitlock se dedica a analizar la conexión existente entre la pérdida temprana del sentido del olfato y la aparición de enfermedades neurodegenerativas, específicamente el Alzheimer y el Parkinson. En este campo, la investigadora propone una perspectiva alternativa a la teoría tradicional, la cual se centra predominantemente en la proteína beta-amiloide. En su lugar, Whitlock pone el énfasis en la inflamación y en el funcionamiento del sistema glinfático, que es el mecanismo encargado del drenaje de residuos del cerebro.
Whitlock sostiene que gran parte de la comunidad científica se ha concentrado en observar el cerebro o la mitad del cerebro en relación con este drenaje, dejando de lado el papel de la nariz. Por esta razón, su trabajo promueve la necesidad de investigar el movimiento de fluidos que cruza la nariz, sugiriendo que este proceso podría ser el eslabón que conecte la falta de olfato con la patología del Alzheimer.
Más allá de la investigación académica, Kathleen Whitlock ha demostrado un compromiso profundo con la divulgación científica y el impacto social. Desde hace dos décadas, lidera "Ciencia al Tiro", un programa de divulgación que tuvo sus raíces en las escuelas públicas de Playa Ancha. Este proyecto se fundamenta en la convicción de que el entorno físico y estético influye directamente en la capacidad de aprendizaje.
Para materializar esta visión, y gracias a financiamiento privado, se levantó un centro que integra la ciencia con la estética. El espacio no solo cumple una función educativa, sino que está decorado con murales del artista Eduardo Mena y diversos elementos que resaltan la identidad chilena. La filosofía de Whitlock es que el aprendizaje se potencia cuando la persona se encuentra en un medio ambiente más bello y calmo.
En este centro, jóvenes provenientes de sectores vulnerables tienen la oportunidad de aprender sobre botánica y neuronas, pero también son incentivados a desarrollar habilidades artísticas, como el dibujo y la ejecución de instrumentos musicales. La propia investigadora practica el violonchelo y la cerámica, actividades que considera esenciales para ejercitar diversas áreas del cerebro, reforzando nuevamente su tesis de que la ciencia y el arte deben caminar de la mano para un desarrollo humano integral.






