El volcán El Reventador, situado en la zona subandina de Ecuador, registró este domingo 30 de agosto de 2026 un lahar secundario calificado como de tamaño pequeño a moderado. De acuerdo con la información proporcionada por el Instituto Geofísico de la Escuela Politécnica Nacional (IG-EPN), el fenómeno se originó aproximadamente a las 13:20 en la quebrada Reventador, ubicada específicamente en el flanco norte del coloso.
Ante este evento, el organismo técnico ha emitido una recomendación clara y directa para la población: mantenerse alejados de los cauces de los ríos y las quebradas que descienden desde la estructura volcánica. La medida busca prevenir accidentes, ya que estos flujos pueden transportar material pesado de manera rápida y sorpresiva por las pendientes naturales del terreno.
Un punto fundamental destacado por el IG-EPN para dimensionar la magnitud del evento es que este flujo no responde a un incremento en la actividad interna del volcán. El fenómeno se clasifica como un lahar secundario, lo que significa que el detonante no fue una nueva explosión o un cambio en el comportamiento eruptivo del Reventador, sino las intensas precipitaciones registradas en la zona. Las fuertes lluvias actúan removiendo sedimentos y materiales volcánicos que ya se encontraban acumulados en las zonas altas, arrastrándolos pendiente abajo a través de los sistemas de drenaje natural.
Técnicamente, un lahar se define como un flujo compuesto por agua y materiales volcánicos, capaz de movilizar grandes cantidades de lodo, rocas y diversos sedimentos a través de quebradas y ríos. En el caso específico de este domingo, la removilización de los depósitos existentes fue la causa directa del flujo, descartando que se trate de una señal de una erupción mayor o un cambio en la dinámica interna del volcán.
Este tipo de incidentes no representa un hecho aislado para el coloso. El IG-EPN ya había reportado un evento similar el pasado 16 de agosto de 2026, cuando se registró otro lahar secundario de tamaño pequeño a moderado, aunque en esa ocasión el flujo ocurrió en la quebrada Marker, situada en el flanco sur. Al igual que en el evento actual, aquel flujo fue provocado por precipitaciones en las zonas altas que removieron sedimentos acumulados, llevando a las autoridades a emitir recomendaciones similares de alejamiento de los cauces.
El contexto meteorológico de agosto ha sido determinante. Según reportes publicados por el diario EL COMERCIO el 17 de agosto de 2026, el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) había emitido advertencias sobre un incremento de las lluvias y tormentas en diversas zonas del país. Particularmente, se proyectó que la región amazónica sería una de las áreas con las mayores precipitaciones dentro de dicha alerta meteorológica, lo que coincide con la ubicación del volcán El Reventador.
Para los habitantes, transportistas y trabajadores que circulan por los sectores cercanos, el riesgo se concentra específicamente en los cauces y las zonas por donde puede desplazarse el material. Aunque el evento de este domingo fue catalogado como pequeño a moderado, la capacidad de estos flujos para movilizar material volcánico pendiente abajo hace que la precaución sea indispensable para las comunidades y las actividades productivas ubicadas cerca de los drenajes naturales.
El volcán El Reventador, que alcanza una altura aproximada de 3 560 metros, se localiza unos 90 kilómetros al este de Quito, en el punto donde la cordillera oriental de los Andes se aproxima a la cuenca amazónica. Este volcán es uno de los más activos de Ecuador y ha permanecido en un proceso eruptivo continuo desde el año 2002. Su actividad habitual es compleja e incluye explosiones, emisiones de ceniza y gases, flujos de lava y la generación de lahares.
Respecto al estado actual del volcán, el reporte diario del IG-EPN de este domingo indica que la actividad superficial del Reventador se mantiene en un nivel alto, sin presentar cambios significativos. Por su parte, la actividad interna permanece en un nivel moderado, también sin variaciones. Esta información técnica respalda la conclusión de que el lahar fue desencadenado por factores climáticos y no por un aumento de la actividad interna del coloso.
La vigilancia del volcán es permanente y se realiza mediante un despliegue de instrumentos que permiten monitorear la sismicidad, la deformación del terreno y la posible formación de lahares. Además, el IG-EPN utiliza cámaras digitales y térmicas para el seguimiento visual. Ante la posibilidad de nuevas precipitaciones intensas, las autoridades reiteran la importancia de evitar los cauces que descienden del volcán y seguir estrictamente las actualizaciones oficiales.






