En un despliegue tecnológico destinado a transformar la comprensión humana sobre el universo, la NASA ha lanzado el telescopio espacial Nancy Grace Roman. El observatorio, descrito por la comunidad científica como una “máquina de descubrimientos”, despegó este domingo a las 7:26 a.m., hora de Miami, desde el Centro Espacial Kennedy en Florida, a bordo de un cohete Falcon Heavy de SpaceX. El dispositivo alcanzó su órbita aproximadamente diez minutos después del lanzamiento.
Durante los próximos cinco años, este observatorio, cuyo tamaño es comparable al de un autobús, se dedicará a buscar respuestas sobre algunos de los misterios más persistentes de la astrofísica. Entre sus objetivos principales se encuentran la energía oscura, responsable de la inexplicable expansión acelerada del universo, y la materia oscura, que aunque permanece invisible, proporciona la estructura fundamental del cosmos. Además, la misión permitirá a los astrónomos detectar galaxias y exoplanetas que hasta ahora habían sido invisibles, incluyendo mundos que orbitan estrellas fuera de nuestro sistema solar y planetas errantes que no orbitan ninguna estrella.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, señaló durante la presentación del telescopio el pasado 21 de abril que el Roman proporcionará a la Tierra un “nuevo atlas del universo”. Esta herramienta posee una capacidad de estudio más de 1.000 veces más rápida que la del telescopio espacial Hubble. Según la Dra. Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA, el Roman no sustituye a las misiones anteriores, sino que se complementa con el Hubble y el telescopio James Webb para ofrecer una imagen más completa del cosmos.
El viaje del observatorio hacia su posición orbital definitiva tomará unos tres meses. Se ubicará en el punto de Lagrange 2 (L2), a unos 1,6 millones de kilómetros de la Tierra, la misma órbita que ocupa el James Webb. En este punto, la nave se mantiene en equilibrio gracias a la atracción gravitatoria del Sol y la Tierra. Mientras se desplaza, el telescopio pasará por un proceso de puesta en servicio que incluye la prueba de sus instrumentos y el despliegue de la antena necesaria para transmitir la ingente cantidad de datos captados. Se estima que el Roman transmitirá un terabyte de datos diariamente, una cifra que el científico Jeremy Perkins compara con el envío de un millón de canciones desde una distancia astronómica.
El desarrollo de este proyecto ha tomado cerca de una década y fue establecido como prioridad científica hace 16 años, con un costo estimado de 4.300 millones de dólares. Dominic Benford, científico del programa, destacó que el propósito de esta herramienta radicalmente diferente es permitir que la humanidad plantee preguntas al universo que aún no han sido concebidas.
El nombre del observatorio rinde homenaje a la Dra. Nancy Grace Roman, primera jefa de astronomía de la NASA en los años 60 y pionera en la observación astronómica espacial, reconocida como la “madre del telescopio espacial Hubble”. El Dr. Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de la NASA, subrayó que cada nuevo telescopio espacial incorpora capacidades que expanden el legado de la Dra. Roman.
Se espera que las primeras imágenes lleguen en enero. El telescopio cuenta con un instrumento de campo amplio que ofrece un campo de visión más de 100 veces mayor que el del Hubble. Domagal-Goldman comparó esta capacidad con la posibilidad de ver un bosque completo y, simultáneamente, observar con nitidez detalles como hojas y aves; en el contexto cósmico, estos detalles son supernovas, galaxias, planetas y estrellas. Por su parte, la Dra. Julie McEnery, científica principal del proyecto, describió la misión como el mayor censo de planetas de la Vía Láctea jamás realizado, con el potencial de encontrar decenas de miles de mundos desconocidos.
Además de su capacidad de mapeo, el Roman incluye un coronógrafo experimental, un sistema activo que puede corregir vibraciones y fluctuaciones térmicas en tiempo real mediante espejos que cambian de forma. Este instrumento es entre 100 y 1.000 veces superior a los sistemas pasivos del Hubble y el James Webb, permitiendo bloquear la luz de las estrellas para detectar planetas del tamaño de Júpiter o Saturno, e incluso captar la luz reflejada en sus nubes.
Este avance tecnológico es fundamental para el futuro de la exploración espacial. Si el coronógrafo funciona según lo previsto, allanará el camino para el concepto del Observatorio de Mundos Habitables, diseñado para fotografiar planetas similares a la Tierra y buscar señales químicas de vida en sus atmósferas. Todos los datos obtenidos por el Roman serán públicos una vez procesados, permitiendo que científicos de todo el mundo exploren la formación estelar y las galaxias distantes.




