Venezuela es hoy un territorio en suspenso. ¿Cuándo comenzó realmente esta transición? Algunos señalan el 28 de julio de 2024, otros retroceden a las primarias de 2023, o incluso hasta los conflictos institucionales de 2015 y 2018. La realidad es que los eventos se han encadenado de tal forma que es difícil definir dónde terminan y dónde empiezan las cosas.
Vivimos en un escenario contradictorio. Se habla de un orden impuesto por un tutor, pero el grueso de la población sigue sumido en la pobreza, sin luz ni agua, y con inversiones petroleras que no terminan de llegar. Mientras existen burbujas de opulencia en ciudades como Caracas, hay unos 300 presos políticos en cárceles donde imperan la tortura y la falta de atención médica. Además, los millonarios ingresos petroleros recientes no se reflejan en la economía general; la escasez persiste y el bolívar libre se mantiene un 20% por debajo del oficial.
Actualmente, opera una especie de gobierno híbrido compartido entre el interinato de Delcy Rodríguez y enviados internacionales. Aunque se han abierto espacios para la oposición, los límites son borrosos; un ejemplo es la restricción de María Corina Machado en Maiquetía frente a su capacidad de encabezar concentraciones en la capital. A esto se suma una fractura interna: chavistas “originarios” que critican el contubernio actual con Estados Unidos.
En medio de este limbo, las preguntas fundamentales siguen sin respuesta: ¿Quién elegirá a los jueces del TSJ y los rectores del CNE? ¿Cuándo habrá un cronograma electoral? Esta indefinición podría prolongarse por varios años, dejando al país en una espera donde el ciudadano solo puede mantenerse informado. ¿Fue el chavismo una verdadera revolución o simplemente una obsesión por el poder disfrazada de socialismo?
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