¿Puede el hijo de Pelé ser tan grande como Pelé? Con esa analogía, Flávio Bolsonaro lanzó su campaña presidencial en Río de Janeiro, buscando heredar el movimiento político construido por su padre, Jair Bolsonaro.
A diferencia de Jair, Flávio es percibido como un perfil más moderado y conciliador en el diálogo político. Sin embargo, mantuvo una línea dura en seguridad pública, alineándose estrechamente con Donald Trump para solicitar que grupos criminales brasileños fueran designados como organizaciones terroristas, una medida rechazada por el gobierno de Lula.
La contienda llegó a una segunda vuelta ajustada este 25 de octubre. El resultado fue definitivo: Luiz Inácio Lula da Silva ganó con el 51,79% de los votos, frente al 48,21% de Flávio Bolsonaro.
Pero el final de la elección fue el inicio de una crisis judicial. Tras rechazar los resultados, el senador incumplió la orden de entregar su pasaporte a la Policía Federal. Según fuentes citadas por CNN, Flávio abandonó Brasil rumbo a Estados Unidos, donde reside su hermano Eduardo.
Esta salida ocurre mientras Flávio es investigado por el Tribunal Supremo por presuntos actos de corrupción y lavado de dinero vinculados al financiamiento de la película “Dark horse”, que relata la historia de su padre. Aunque el senador niega haber cometido delitos, su situación se complica en un entorno de fuerte confrontación con el ministro Alexandre de Moraes.
La campaña también estuvo marcada por tensiones familiares, incluyendo una disputa pública con su madrastra, Michelle Bolsonaro, que posteriormente fue conciliada para unificar el apoyo de sectores conservadores y evangélicos.
Hoy, mientras Lula enfatiza la soberanía brasileña y los vínculos con China, el bolsonarismo permanece ligado al movimiento MAGA, dejando a un país profundamente polarizado y un liderazgo familiar en el exilio.
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