El retorno de Damián Díaz a las filas de Barcelona SC ha generado un intenso debate que trasciende lo estrictamente deportivo. Si bien la calidad futbolística, la trayectoria y el peso específico del jugador en el fútbol ecuatoriano son aspectos que no están en discusión, su regreso ha vuelto a colocar bajo la lupa las decisiones administrativas de la directiva encabezada por Miguel Montalvo. El "Kitu", reconocido como uno de los futbolistas más influyentes en la historia del club gracias a sus títulos y actuaciones, se encuentra nuevamente en una situación donde su imagen podría verse afectada por la gestión institucional.
El análisis de este fichaje revela que Barcelona SC no ha contratado simplemente a un volante de gran técnica y múltiple campeón, sino que, en términos financieros, ha incorporado a un acreedor. Según el último ejercicio económico del club, cerrado en diciembre de 2025, la institución mantenía una deuda con Damián Díaz de 2,3 millones de dólares, con plazos de pago extendidos hasta el año 2035. A esta obligación financiera se le debe sumar el salario derivado del nuevo contrato, el cual se extenderá hasta finales de 2027. En consecuencia, Díaz tendrá 49 años cuando termine de cobrar los rubros que el club le adeuda, sumando este caso a una serie de decisiones cuestionables que han afectado a la institución desde el desbande ocurrido en 1998.
La contradicción en el discurso dirigencial ha sido evidente. Pocas horas antes de confirmarse el regreso del jugador, Galo Roggiero, uno de los vicepresidentes del club, había mencionado la intención de implantar un sistema de scouting para la búsqueda de jugadores. Este anuncio resultó incongruente para diversos sectores, ya que el regreso de un jugador de 40 años no parece alinearse con los criterios técnicos de un sistema de prospección moderna. La interrogante sobre el objetivo real de esta jugada sugiere que, más que una necesidad deportiva, se trata de una maniobra política.
En el contexto actual, la directiva de Miguel Montalvo enfrenta una crisis de representatividad y un año deportivo que se considera prácticamente perdido. Ante la falta de respaldo, la gestión parece haber optado por apoyarse en los aspectos anímicos y sentimentales de la hinchada. La contratación de Díaz, incluso implicando la ampliación de la deuda, se percibe como un recurso para intentar mejorar la imagen de una administración golpeada por errores previos, como el ocurrido en la Copa Ecuador frente a Liga de Portoviejo.
Otro punto crítico ha sido la forma en que se manejó la presentación oficial del jugador. El club invitó a socios e hinchas a pagar sumas comprendidas entre los 30 y 115 dólares para asistir al evento. Esta medida ha sido interpretada como un acto de desesperación financiera que resulta penoso para quienes conocen la historia de la institución. Estas acciones han mermado la credibilidad de la directiva de Montalvo, evidenciando que la protección de ciertos sectores periodísticos ya no es suficiente para ocultar la realidad deportiva: el club no pelea por títulos y se encuentra lejos de alcanzar la fase de grupos de la Copa Libertadores 2027.
Paralelamente, la dirigencia impulsa el discurso de convertir al club en una sociedad anónima. Sin embargo, surgen dudas sobre si Montalvo y su equipo son los indicados para liderar este proceso irreversible. Existe una percepción de que este directorio guarda similitudes con la gestión de Antonio Álvarez, considerado uno de los peores presidentes de la era moderna, quien en su momento sacó a Díaz del club de manera inadecuada. El regreso del jugador ahora, bajo la narrativa de un "acto final", es visto por algunos como una demagogia para distanciar la gestión actual de la anterior.
Finalmente, la precariedad con la que se sostiene el directorio actual pone en riesgo las proyecciones a mediano y largo plazo necesarias para una transición a sociedad anónima. Se ha sugerido que, para recuperar la transparencia y respetar la voluntad de los socios, el presidente y los tres vicepresidentes deberían considerar la renuncia, permitiendo que el proceso se realice por canales naturales y legítimos. Existe la preocupación de que ciertos discursos busquen que el club termine en manos de grupos o personas determinadas, lo cual sería una situación grave e irresponsable para el futuro de Barcelona SC.






