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Llamado a pactos de Estado en Ecuador para enfrentar amenazas nacionales e internacionales

En el mundo, están en riesgo principios y valores que por décadas consideramos conquistas.

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Llamado a pactos de Estado en Ecuador para enfrentar amenazas nacionales e internacionales

La actual coyuntura, tanto en el ámbito nacional como internacional, ha generado una demanda urgente para que los ecuatorianos logren dejar de lado sus diferencias ideológicas. El objetivo fundamental es trazar un camino común que permita transformar los temas de confrontación política en políticas de Estado sólidas y permanentes. Este planteamiento se fundamenta en la premisa de que la estabilidad y la supervivencia de la nación deben prevalecer sobre las disputas partidistas.

Desde la perspectiva de la ciencia política, existen evidencias de que las sociedades divididas pueden superar sus fragmentaciones. Se menciona el trabajo de Arend Lijphart (1977), quien estudió cómo la cooperación entre élites que se encuentran enfrentadas puede ser un factor determinante para preservar la democracia en contextos de sociedades fragmentadas. Bajo esta lógica, el camino hacia la estabilidad reside en la capacidad de fuerzas políticas antagónicas para alcanzar acuerdos cuando el bienestar general está en riesgo.

En este sentido, se propone que los acuerdos nacionales no deben entenderse necesariamente como un consenso de ideas o visiones del mundo, sino más bien como un consenso de los límites para enfrentar grandes adversidades. Esto implica un reconocimiento mutuo de que, si bien las discrepancias son válidas y necesarias en un sistema democrático, es esencial suspender temporalmente la lucha política. La prioridad debe ser enfrentar unidos los peligros que acechan al pueblo y que ponen en riesgo la soberanía y la supervivencia del país.

Los problemas estructurales y coyunturales que atraviesa Ecuador exigen que los liderazgos actuales, a pesar de ser antagónicos, demuestren una condición de estadistas. El análisis advierte que el éxito o el fracaso de la nación está en juego y que no hay espacio para divagaciones. Actualmente, el país se encuentra atrapado en sus propias contradicciones, lo que impide enfrentar los peligros reales. Por ello, se hace imperativo establecer acuerdos mínimos que trasciendan los periodos de los gobiernos democráticos y fijen objetivos nacionales permanentes para las próximas décadas, proyectando soluciones que permitan trabajar con el poder nacional en un horizonte de 15 o 20 años.

Para sustentar esta necesidad de entendimiento entre adversarios, se citan ejemplos internacionales como los Pactos de la Moncloa en España y la Concertación en Chile. Ambas experiencias demuestran que los grandes acuerdos no se construyen entre amigos, sino entre adversarios que comprendieron que, sin una base de entendimiento, el resultado sería una pérdida colectiva. Cabe destacar que ambos procesos surgieron en contextos de transición tras dictaduras que dejaron huellas profundas en sus respectivas sociedades.

En la actualidad, Ecuador se enfrenta a amenazas tanto internas como internacionales. Si bien los problemas internos son conocidos, existe la posibilidad de alcanzar acuerdos mínimos que garanticen la supervivencia como nación. Esto es particularmente crítico en un mundo donde existe la amenaza de ser avasallados y volvernos dependientes de las potencias dominantes.

A nivel global, se observa que principios y valores considerados conquistas de la humanidad durante décadas están en riesgo. Entre ellos se encuentran los derechos humanos, la democracia, el Estado de derecho y un orden internacional basado en normas. Se advierte sobre la proliferación de discursos de odio y expresiones que anteriormente provocaban rechazo, pero que hoy se pronuncian abiertamente, debilitando los valores sobre los cuales se construyeron las sociedades modernas.

En un entorno global donde las potencias hegemónicas relegan el derecho internacional y utilizan la fuerza militar y económica para expandir sus esferas de influencia, se sostiene que una nación digna debe mantener sus principios para conservar su esencia.

Ante este escenario, se hace un llamado a la "hora de la verdad", solicitando acuerdos integrales entre todos los actores nacionales. Este llamado incluye al Ejecutivo, Legislativo, Función Judicial, Fuerzas Armadas, Policía, Iglesia, universidades, sector productivo, organizaciones de la sociedad civil y a todos los ciudadanos de buena voluntad. La propuesta es clara: deponer las luchas estériles para abordar el destino de la nación.

Finalmente, existe una base de esperanza fundamentada en episodios de unidad previos. Se mencionan la unidad demostrada durante el conflicto del Cenepa, la pasión compartida al defender a la selección nacional de fútbol (la Tri) y el compromiso reflejado en el lema “Sí se puede”, elementos que permiten vislumbrar un futuro como una nación digna y soberana.

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