A los 88 años, Ridley Scott demuestra una vitalidad que algunos podrían calificar de insolente. Mientras que muchos de sus contemporáneos en la industria cinematográfica se dedican a la curaduría de retrospectivas o a la recepción de premios honoríficos —aunque él también recibirá un Oscar honorario en noviembre—, el director de obras emblemáticas como “Alien”, “Blade Runner” y “Gladiador” continúa produciendo a un ritmo frenético. Con el estreno de su nueva película, “La Guerra de los Últimos”, que llega este jueves a los cines argentinos, Scott marca su regreso al género de la ciencia ficción y ratifica que su capacidad creativa y operativa sigue intacta.
La película es una adaptación de la novela homónima publicada en 2012 por Peter Heller. La trama se sitúa en unos Estados Unidos postapocalípticos, donde un virus letal ha diezmado a gran parte de la población mundial. A pesar de que la historia transcurre en territorio estadounidense, el rodaje se llevó a cabo en los Dolomitas. El protagonista es Hig, interpretado por Jacob Elordi, un piloto civil que ha perdido a su esposa durante la pandemia y que sobrevive en un hangar abandonado. En este entorno hostil, Hig convive con su perro, Jasper, y con Bangley, un exmarine huraño y fuertemente armado, interpretado por Josh Brolin. Juntos intentan sobrevivir mientras evitan el peligro de los saqueadores errantes, conocidos como los Reapers.
El motor de la historia se pone en marcha cuando una transmisión de radio sugiere la existencia de otros sobrevivientes. Ante esta posibilidad, Hig decide emprender un viaje hacia lo desconocido en su deteriorada avioneta. Durante su travesía, se encuentra con Cima, una médica interpretada por Margaret Qualley, y su padre Pops, un antiguo Navy SEAL interpretado por Guy Pearce. El elenco se completa con las actuaciones de Benedict Wong y Allison Janney, además del perro Jasper, quien ya ha captado la atención del público durante la avant premiere mundial en Londres.
Para Jacob Elordi, quien trabajó por primera vez bajo la dirección de Scott, la experiencia resultó sorprendente. El actor australiano de raíces vascas afirmó que el director superó todas sus expectativas y confesó que nunca había presenciado una dinámica de trabajo similar. Elordi bromeó incluso sobre el talento de los perros en el set, comparando su imprevisibilidad con la de sus compañeros humanos, Brolin y Pearce. Por su parte, Josh Brolin destacó la química inmediata que desarrolló con Elordi, describiéndola como una "extraña pareja" que logró apoyarse mutuamente, algo que, según el propio Scott, se refleja claramente en la pantalla.
Sobre la génesis del proyecto, Ridley Scott admitió que la pandemia de Covid-19 fue uno de los detonantes para filmar esta obra, impulsado por la intención de analizar el humor, la empatía y el comportamiento humano en contextos de incertidumbre. El director, quien se describe a sí mismo como un "sabueso" de las noticias, utilizó la película para extender una reflexión sobre el presente, advirtiendo que la humanidad permanece con los "ojos vendados" ante el cambio climático y señalando que el caos ya es una realidad absoluta en diversas regiones del mundo.
Técnicamente, la película mantiene la firma visual de Scott, con una duración menor a las dos horas, abundantes planos aéreos espectaculares y una acción trepidante. Sin embargo, la obra también reserva espacio para explorar el amor en sus diversas formas: romántica, familiar y amistosa. El proceso de rodaje, no obstante, fue descrito por Brolin como caótico, especialmente cuando se sumaron Pearce y Qualley y el director cambió la dinámica de trabajo. Brolin recordó que, inicialmente, temió que el resultado fuera desastroso debido a esa falta de estructura, aunque terminó reconociendo que fue la parte más gratificante de la experiencia.
El aspecto más llamativo sigue siendo el método de trabajo de Scott. Lejos de ralentizarse con la edad, el director ha perfeccionado su eficiencia. Actualmente, utiliza entre ocho y once cámaras simultáneamente, lo que le permite reducir drásticamente los tiempos de filmación. Su película más reciente fue completada en 34 días, frente a los 60 habituales, mientras que “Gladiador” la terminó en 48 días, cuando normalmente habría requerido 100.
Esta velocidad se complementa con una crítica abierta hacia la industria actual. Scott ha expresado su insatisfacción por la repetición de esquemas narrativos, criticando la proliferación de historias sobre agentes del FBI, superhéroes o crímenes en el bosque. Bajo la premisa de que existen otras historias que contar, lanzó la provocadora frase: “No soy un cineasta, soy un influencer”, utilizando un término moderno para describir su rol visionario.
Finalmente, Scott reveló que su deseo de no repetirse nace de una ética profesional que implica aceptar la vulnerabilidad en cada proyecto. Sus planes futuros incluyen un musical, un western, una película sobre el elefante africano y una versión de “La isla del tesoro” con Hugh Jackman. En cuanto a las críticas, el director decidió dejar de leerlas tras una reseña demoledora de “Blade Runner”, concluyendo que los elogios pueden alimentar un ego peligroso y que lo único importante es seguir haciendo su trabajo.





