La ciudad de Shanghái, conocida como la "París de Oriente", se ha consolidado como el epicentro de una transformación estética donde la tradición china y la modernidad global convergen. Durante la recta final de la Semana de la Moda de Shanghái, un evento que congregó más de 80 desfiles y presentaciones, quedó en evidencia que la identidad estilística de la metrópoli trasciende las pasarelas para manifestarse en la vida cotidiana de sus habitantes.
X Zhu-Nowell, directora ejecutiva y curadora jefa del Rockbund Art Museum, describe a Shanghái como una ciudad históricamente abierta a diversos estilos, inspirada tanto por su paisaje urbano como por influencias internacionales. Para Zhu-Nowell, la obra de la escritora Eileen Chang es fundamental para entender esta evolución, especialmente a través de las descripciones del cheongsam o qipao. Estas prendas no son solo ropa, sino una lente sociológica que permite comprender a los personajes a través de los tejidos, el ajuste y la interacción con el entorno, como la humedad de la ciudad.
La curadora señala que Shanghái es probablemente la ciudad de China donde la gente más se esmera al vestir, destacando la audacia y el carácter personal de los jóvenes, en contraste con el estilo más relajado de Beijing o la preferencia por las chanclas en Guangzhou. Este espíritu se refleja vívidamente en el barrio de Rockbund, una zona rica en arquitectura art déco cercana al paseo fluvial del Bund. En este sector, donde el museo dirigido por Zhu-Nowell ocupa un edificio de los años 30 renovado por David Chipperfield, conviven boutiques independientes y marcas como Songmont, de bolsos arquitectónicos, y Beast, una firma de perfumes.
El espacio urbano se ha transformado en un escenario fotogénico constante. Es común observar sesiones fotográficas que mezclan diversas épocas y estilos: desde novias con botas hasta la rodilla y modelos para Taobao, hasta mujeres que evocan el glamour del viejo Shanghái con qipaos florales y peinados de ondas al agua. Esta actitud es compartida por generaciones mayores, como Didi, de 69 años, quien define su estilo como "sui yi" (sin complicaciones), aunque mantiene un esmero por lucir pulcra y arreglada, afirmando que Shanghái siempre va un paso por delante en materia de moda.
Desde una perspectiva industrial, Landon Du, director de proyectos del Comité Organizador de la Semana de la Moda, resalta que la moda en China es joven en términos de marcas, diseñadores y público, especialmente comparada con capitales como Milán o París. Esta juventud se traduce en una creciente confianza cultural. Samuel Guì Yang y Erit Litzén representan este movimiento a través del "nuevo estilo chino", fusionando códigos orientales y occidentales. Guì Yang, quien recientemente inauguró su tienda en Julu Road, se nutre de fuentes diversas que van desde librerías antiguas hasta la película de los años 90 "Green Snake" y la pintura de la dinastía Song del Sur.
La libertad de expresión es otro pilar fundamental. Abigail Man, una influencer que regresó a Shanghái tras vivir en Nueva York, destaca que en la ciudad la gente está más dispuesta a arriesgar con su imagen. Esta percepción es reforzada por visitantes como Ma Xue Li, quien describe el estilo de Shanghái como valiente y libre de normas o expectativas sociales rígidas.
El evento de moda también mostró una tendencia hacia la narrativa y el concepto. El dúo Osschaert prescindió de la pasarela tradicional para crear una presentación teatral sobre la memoria y la pérdida, utilizando prendas blancas y etéreas. Richard Chan, del departamento de moda de Disney en Shanghái, observa que este cambio refleja cómo la creatividad se está manifestando no solo en la ropa, sino también en la gastronomía y el turismo, integrando elementos auténticamente chinos bajo una óptica moderna.
Entre los desfiles más destacados estuvieron las propuestas románticas de Mark Gong, el estilo "nerdy chic" y retro de Shushu/Tong, y la dinámica presentación de Adidas, que incluyó actuaciones de la cantante Veegee y una escenografía con pista de tenis. Finalmente, Tasha Liu, cofundadora de la incubadora Labelhood, subraya que los diseñadores emergentes están volviendo la mirada hacia su propia cultura, buscando ser fieles a sí mismos y a sus raíces en un entorno hipermoderno impulsado por la tecnología y la inteligencia artificial.






