En el corazón de Ciudad del Este, la capital del departamento de Alto Paraná, se desarrolla un reconocimiento especial orientado a resaltar la trayectoria y el aporte de las familias de origen árabe. Este gesto se enmarca en un esfuerzo consciente por la preservación de la memoria histórica y cultural de la ciudad, buscando poner en valor la presencia de quienes, procedentes de Medio Oriente, decidieron establecer sus raíces en suelo paraguayo y marcar un capítulo significativo en la vida social y comercial de la zona.
La ciudad, conocida por ser un punto neurálgico de encuentro multicultural, es el escenario donde convergen diversas nacionalidades. En este entorno pululan ciudadanos de diversas procedencias, incluyendo a libaneses, argentinos, peruanos, chinos, colombianos, brasileños e hindúes. Esta diversidad ha generado historias de afecto y vínculos profundos, resumidos en el concepto de "Habibi" —término que en español se traduce como amoríos o afectos—, evidenciando que la convivencia entre los paraguayos y los extranjeros ha trascendido lo meramente comercial para convertirse en una integración humana.
Dentro de este mosaico cultural, la comunidad árabe destaca por haber aportado valores fundamentales que han sido pilares para su crecimiento y el de la región: el trabajo arduo, la fe inquebrantable y una perseverancia constante. Estos atributos permitieron que familias enteras, que cruzaron mares y fronteras, lograran integrarse plenamente al dinamismo económico de la Triple Frontera. Durante las décadas de mayor auge del comercio fronterizo, los nombres de diversas familias y pioneros árabes se vincularon estrechamente con la actividad económica, dejando una huella imborrable en la identidad de Ciudad del Este.
Un ejemplo emblemático de este proceso de integración es el de la familia Hijazi. Su historia representa la trayectoria de muchos inmigrantes que llegaron a la capital del Alto Paraná con la convicción de que en este lugar se encontraba la oportunidad de trabajo y un futuro prometedor para sus descendientes. El objetivo primordial de estas familias era asegurar el pan de cada día para sus hijos, así como garantizar el acceso a la educación, la alegría y los placeres básicos de una vida digna. A través del esfuerzo sostenido, este anhelo se concretó, permitiendo que numerosas familias salieran adelante y se consolidaran como referentes en su comunidad.
Si bien el relato reconoce que, como en cualquier grupo humano, existen algunos malos ejemplos, se enfatiza que la gran mayoría de los integrantes de esta comunidad han sido personas ejemplares, describiéndolos como los "good" o buenos, quienes han contribuido positivamente al tejido social de la ciudad. Este reconocimiento busca, precisamente, rescatar esos testimonios de superación y éxito basados en el mérito personal y la dedicación familiar.
El homenaje rinde tributo no solo al éxito económico, sino también al aporte invaluable a la diversidad cultural y a la memoria patrimonial del Alto Paraná. La presencia árabe no se limita a la apertura de negocios, sino que se extiende a la siembra de cultura y esperanza en una región que se construyó sobre la base de la multiplicidad de orígenes.
Para sintetizar la importancia de este legado, se rescata un testimonio de época que define la esencia de la ciudad: “La historia de Ciudad del Este se construyó sobre la diversidad. En ese mosaico, la comunidad árabe representa la fuerza de quienes cruzaron mares y fronteras para sembrar comercio, cultura y esperanza en el Alto Paraná”. Esta frase resume la visión de una ciudad que se reconoce a sí misma como un espacio de acogida y crecimiento mutuo, donde la comunidad árabe ha sido una pieza fundamental para alcanzar el desarrollo actual.
En conclusión, este reconocimiento a las familias árabes y, específicamente, a familias como los Hijazi, sirve como un recordatorio de que la identidad de Ciudad del Este es el resultado de la suma de esfuerzos multiculturales. La perseverancia de quienes llegaron desde lejos para buscar un futuro mejor ha dejado un legado de trabajo y fe que continúa vigente en la memoria colectiva de la capital departamental.






